miércoles, 19 de julio de 2017

Barbudo



Querido Diario,

Hace un año que nos perdimos la pista, le diría a usted. Y también al protagonista de esta historia. 
Sentado lo esperaba hace doce meses, sin conocerlo de nada. Le hablo de mi primera cita del Grindr. 

¿Qué es el Grindr?, preguntará. Ay, señor viejo y heterosexual, si usted fuese joven y homosexual, no sólo lo sabría de buena tinta, sino que es probable que, en algún momento de sus gayers días, hubiese tenido esa aplicación en el móvil. 
Un torvo antifaz es el icono de la app favorita para encuentros entre hombres. Usted accede, crea un perfil - puede incluir foto y detalles fisicosexuales suyos o no hacerlo en absoluto -, y en una especie de damero maldito, le aparecen los usuarios conectados en ese instante, bajo regla de proximidad. 
En grandes núcleos de población, es probable que, cenando en un restaurante o caminando por un callejón, cace a más de un caballero interesado allí mismo. 
La conversación, el tono de la misma y el destino final - desde un kiki rápido hasta una gran historia de amor -, ya se verá. Entenderá que el kiki rápido es cien veces más habitual y posible, porque es la esencia del invento. Es una app para follar, entienda.


Como usted sabe, yo me resistía. A ese invento y a cualquier manera de conocer a un chico que significase tecnología de por medio. Prefería el encuentro espontáneo, bajo circunstancias, cara a cara, antes que ese "eyes wide shut" del ligoteo online, donde hay que venderse cual promotor de uno mismo y andar con los nervios de si me gustará o le gustaré a alguien que no se ha visto en persona.
Le digo la verdad: me instalé la aplicación en ocasiones. En ebrias ocasiones. No contestaba ninguno de los "holas" que llegaban en tropel. Sólo echaba un vistazo.Al día siguiente, borrarla equivalía a despertar. 
El vistazo era suficiente. Encontraba poco de interés entre los caballeros del damero. Algunos eran tremebundos, desde sus requisitos sexuales hasta sus poses. 
El Grindr es un lugar donde la banalidad y la fantasia se se hacen sinónimos, más que nunca. Todos, desde los neorrománticos a los coprófagos, buscan cosas que no existen y dan a los otros hombres el beneficio de la duda si son capaces de convertirse en sus improbables fantasías. El amo, el súper macho, el corazón indomable. Hay cierto espíritu de novelita rosa en el Grindr.


En mis vistazos ebrios siempre despertó mi atención un chico por distinto de los demás. 
Lucía una barba espesa y larga, cual patriarca bíblico, y una mirada profunda y negra, detenida, una curiosa mezcla de ingenuidad y sabiduría. Parecía a punto de tener una revelación divina. 
También era el único moderno, original, extraño. La barba era una cosa espectacular, se lo juro, y su actitud, masculina, tranquila, con un poco de vello pectoral asomando, me gustaba tanto que no me atrevía a decirle nada. Yo no le voy a gustar a ese, pensaba.
Durante una noche de instalación sugerida por el ron, el barbudo me habló en el Grindr y yo: oh, no puede ser. 
Congeniamos en el chat y supe que no habría posibilidad de borrar la aplicación a la mañana siguiente.

Ebrio o no ebrio, el trasfondo era el deseo, por supuesto. Como recuerda, difícil resultaba ligar por estos pagos y me di un viaje a Madrid para sofocar una sequía sexual horripilante. Por entonces, hacer escapadas puntuales a la capital era la solución, pero vaya estipendio para follar, señor mío.
También hace un año, empecé a estudiar oposiciones, con la ayuda de una Academia, y lo del turismo sexual era menos opción por tiempo y dinero. 
Entre aquellos apuntes de legislación, mis días rutinarios de estudio se querían colorear con una polla de vez en cuando. Norma jurídica, cipote anhelante.
Entenderá ahora que, aunque estuviese borracho, la decisión de instalar esa y otras apps de encuentros gays era pensamiento de sobriedad.


Durante las conversaciones que mantuve con el caballero barbudo, mi yo enamoradizo pegó fuerte y ambos caímos en la cuenta de que éramos tan parecidos que podian llamarnos gemelos. Opositores, la misma edad, la similar vida incierta. 
Él enviaba y enviaba fotos de sí mismo, con todas las poses, con todas las longitudes de barba. Serio, con la mirada fija. Sabía venderse. Hago una pose, luego existo.
Nuestro acercamiento whatsappero marchaba y llegaron los inuendos sentimentales. Queriamos algo más, si. Lo tendríamos, confiaba.


El día de la cita. Salí de la Academia a eso de las seis de la tarde y me senté en un banco a esperarlo. 
Pleno julio. Habría una mosca cerca. Este se retrasa, no concreta cuánto va a tardar y no es la primera vez que me deja "Visto" en el Whatsapp. 
"Estoy llegando", escribió y apareció media hora más tarde.
Agradecí que no estuviera tan bueno en persona, porque estaba sufriendo de amor y deseo por él antes de conocerlo. 
Es un tío normal, pensé. La barba no era tan larga y es extremadamente delgado, como mal alimentado, poco sano. El efecto de las fotos se debia a tomarlas muy de cerca, para que todo en él pareciera más de lo que era. Hago una pose, luego existo.
Tomamos un café y aquello fue discretamente ameno, soterradamente decepcionante. 
Me aseguró que yo estaba más bueno en persona. También que debiamos quedar para estudiar. "Yo no me organizo con la oposición.  Me han recomendado esa Academia tuya, pero no he ido ni a preguntar. Por pereza".
Era de mirada huidiza, más bien debilucho de ánimo. Contaba que había sido un universitario empollón y lo rememoraba como una fase que superó agradecidamente. Ahora era una bomba sexual del Grindr, qué más se puede pedir en esta vida.
Me pareció habitual que no captara mis ironías, porque pocos lo hacen, pero fastidioso que su cháchara viviese de soporíferos lugares comunes. Cosas como "la gran ciudad está llena de ofertas de ocio, nada comparable con lo que hay aquí". 
Lo que prometía aquella mirada firme y bella ahora sólo rehuía la mía, quizá por timidez, tal vez por ladinez.  
Como no acostumbro a conocer caballeros que tengan interés y sí habitúo a lidiar con cafres, relativicé la decepción. Dista de ser lo que esperaba, pensé, pero a Dios, gracias. Yo, el gran inseguro, siempre he preferido tener el poder. Es decir, ser el más guapo.
Le di un beso en la barba al despedirnos, mientras decidíamos volver a vernos. 
Regresé a casa feliz, porque conseguía lo insólito: quedar con un chico que había conocido online. Además, acontecimiento histórico: era la primera cita que tenía con un hombre al que no me había trajinado antes y también mi primera cita con un hombre que no culminaba a calzón volado. De sitcom norteamericana fue aquella tarde.
Al día siguiente, escribí al barbudo y le dije que si quería venirse a la biblioteca, con intención de vernos y darnos unos morreos en el baño.  Barba con barba, en silencio, mientras la gente estudiaba fuera, con el pestillo echado, respirando uno sobre el otro, abriendo los ojos un segundo en medio del trabajo de lenguas. Así lo imaginaba.
El caballerete me dejó en "Visto" y, a las dos horas, contestó que no le daba tiempo. Callé. Emplacé tácitamente a su voluntad la iniciativa para vernos. Nada, silencio. Horas, días.
Decepción inevitable, inmediato "bah, que le den". Seguí buscando, como decían los chicles. La desinstalación ya no era opción. 


Semanas después, yo era una bomba sexual del Grindr. Posaba, luego existía. Comprendía el entresijo del invento. 
Y, entre todos los agregados, los posibles, los conocidos y los próximos, el caballero barbudo reapareció, con un simple hola, cuando no lo esperaba. 
Entendía entonces que él, pese a su sentimental cobertura, buscaba sexo desde el principio y durante todo el recorrido,
A esas alturas, me daba un poco igual y me apuntaba a la jarana. Sí, el Grindr se vuelve un vicio enseguida.
Le insisti al barbudo para quedar esa tarde y echar un polvo. Parecía convencido, pero, de nuevo, la misma jugada. Dejar en "Visto" y, a las dos horas, mira, no puedo.
Supuse que era nuestra falta de casa propia lo que lo disuadía siempre. En cualquier caso, sé que yo  era uno más en su damero maldito. Él echaba los holas, las citas, los corazones y las fotos sin camisa. Quien le viniera mejor, ahí se amarraba. 
Tiempo después y atando cabos, comprendí que aquella tarde en que nos vimos, la misma en la que llegó tarde y sin explicación, venía de follar con otro.
Era un aspecto que me disgustaba de la res grindresca: la poca excepcionalidad de los encuentros. Era un casting continuo, una entrevista de trabajo que, si pasabas con éxito, garantizaba únicamente una velada sexual. No había ni un mínimo sentido de la maravilla en encontrarse o, en todo caso, se simulaba. En cualquier conversación, se ejercía la máxima del ligoteo: dorar la píldora para llevar al catre.
Él mentía, aunque de manera esquiva y contradictoria. 

- No sabe lo que quiere - diría alguna lista.

Quizá buscar algo serio con otro chico fue su originaria intención, de cuando era un empollón universitario, débil, afeminado, temeroso de los hombres. Ahora su barba era su conquista: esa velluda prepotencia de su nuevo y superficial yo. 
Orgullo el mío. Lo bloqueé cordialmente del Whatsapp y nunca volví a hablarle. 
A veces tropezaba con su perfil mientras navegaba por la aplicación y veia cómo sus fotos progresaban en nudismo y postureo. En el  "¿Qué buscas?", él escribía, fulminante: "Algo inmediato".
Quedó como mi primer (y casto) encuentro en el largo y cálido verano de 2016. 
Le contaré más anécdotas y no se preocupe, mi morboso Lord, en las demás, habrá conocimiento carnal verdadero.
Esta historia sucedió hace un año exacto, cuando empecé a estudiar oposiciones con la ayuda de una Academia. Aún sigo en la lucha, mi Lord. 


Dos semanas atrás, acudía a la secretaría a abonar mi matrícula con religiosidad.
Detecté una barba en el umbral de la Academia. Oh, viejos patriarcas, qué ven mis ojos. Si, ahí estaba el escuálido e huidizo caballero, mi primera cita en el Grindr, doce meses después. También era opositor, recuerde. Por fin se decidió a ir a preguntar.
Ahora somos compañeros de clase. ¿Cómo se le queda el monóculo? Josito Montez, ¡La Serie! 
Me he hecho el longuis, claro. 

- No, no lo conozco - diría y no mentiría, si aparece mañana asesinado en las escaleras por algún amante embaucado.

En clase atiende al profesor con la mirada fija, como si posara para en una de las fotos que se hace para Grindr. 
Él seguirá activo en la app; yo he vuelto al principio. La instalo cuando estoy borracho, la desinstalo al dia siguiente.
Ha llovido mucho - y muchos - desde que lo conocí y, deshecho cualquier vano encanto, le juro que no me gusta nada de nada. El pobre necesita un almuerzo y es más bien feo.
Pero será porque el mequetrefe me dejó en "Visto" tantas veces, confieso que me sorprendo en clase deseando una reacción suya que me sirva de respuesta definitiva. 
Ya se sabe: esa última línea para una historia que nunca empezó.

viernes, 14 de julio de 2017

Regreso


Querido Diario,

A excepción del obligado comicio maromial del último enero, usted y yo detuvimos esta relación intimísima hará un año y dos meses, el período más largo que he pasado sin bloguear desde que empecé esta marcha por la escritura internaútica hace una década. 
Otros de mis descansos duraron unos meses, unas semanas. En esta ocasión, la marcha fue sin aviso y ante las circunstancias. Bluff, me esfumé. 
Diría que lo echaba de menos y no mentiría, pero añadiría que fui capaz de vivir sin usted. 
¿Qué ha sucedido durante este año y medio? Ay, Lord Diario, pensaba resumírselo en este retorno, pero me he dicho: "aquí hay material suficiente para unos cuantos posts llenos de jugosos detalles y emocionantes conclusiones sobre las experiencias vividas y alguna que otra decepción sufrida".
Le diré otra verdad: necesitaba este regreso y usted lo entenderá a medida que se lo cuente.



Regresa el diario íntimo, con todas sus escandalosas confesiones, sus gruesos secretos, sus maromos de abultados músculos y sus fotografías y gifs no aptos para noños y cardíacos. Vuelven las pollas, sí, pero también los intereses de la actualidad, las más granadas series de televisión y todos los últimos gritos. 
Este es un blog para decir las cosas tal y como nos pide el perineo y para analizar la realidad, con una voluntad entre la sinceridad y aquello que deseamos en este instante.


"El Diario Íntimo de Josito Montez" regresa - y, como le comentaré más adelante, en compañía -, pero aviso y no soy traidor: la publicación diaria es cosa del pasado, porque, oh, por fin, tengo muchas otras cuestiones que atender. 
Escribiré con regularidad, afinaré bien y, cuando crea que algo merece ser publicado, aquí estaré. Espero cumplir con un post a la semana, como mínimo.
Durante estos días, quizá me prodigue más, porque hay mucha tela que cortar y estoy ansioso por bordársela.


Qué placer escribirle. Le diré que, durante este tiempo de ausencia, he vivido antes que escrito, pero le mentiría. Nunca he dejado de contar mi vida, de ilustrar maromos y de decir lo que pensaba pero, como usted no tiene Facebook, se lo ha perdido. 
No se preocupe. Tengo cuerda para satisfacer su curiosidad y le proporcionaré detalles jamás contados sobre mis experiencias. 
Espero que su amada Lady Diario se sujete el collar de perlas al grito de "¿Cómo puede escribir ESO?".


"El Diario Íntimo de Josito Montez" siempre ha sido un blog para soliviantar al personal y, como escritor, confieso que no es lo único que me gusta experimentar ni propiciar. 
Cambiar de registro repentinamente en un mismo espacio es una equivocación, así que he decidido consagrar una Santísima Trinidad en este retorno a la blogosfera.
Si no tenía tiempo para escribir un blog, voy y abro tres.


Permítame presentarle a sus compañeros de viaje a partir de ahora, Lord Diario. 
Escalera Hacia El Cine es un blog cien por cien cinéfilo, donde abordaré el séptimo arte con serias, aunque siempre personales, intenciones. 
La Radio Inmortal será lugar para narraciones e historias, entre la realidad y la ficción, con la energía de llegar más lejos como escritor.
Si quiere detalles, visítelos, porque ya están en activo.


Encontraré el momento para mimar esta tríada entre la vorágine de los días, sea ésta mi promesa. 
Pensaba hace semanas que renuncio a unas cosas para emplearme a fondo en otras, cuando sólo necesito una mejor y más efectiva organización de mis jornadas. Es decir, estar menos tiempo en el Facebook.
Sí, pude vivir sin usted y estas letras, pero ahora que termino este primer post de regreso, me pregunto cómo fue posible.
Nos frecuentamos, querido, querido, queridísimo Diario. 

sábado, 28 de enero de 2017

Tom


Querido Diario,

Hágase la coronación. En circunstancia especial, he vuelto a usted, mi Lord, para convocar y entregar el disputado título del Maromo del Año y la audiencia ha hablado.
Que empiecen los juegos, decía el ganador en una de sus más populares interpretaciones. Y le han dado como vencedor. No ha sido fácil e incluso el caballero suscitó todo un #teamHardy para asegurar una victoria elusiva durante los primeros días.
Volver a usted, mi Lord, aunque sea para no perder tan entrañable tradición, es un placer privado, casi secreto. Dispongo de tan escaso tiempo que ni siquiera debería estar aquí. Saboreo cada palabra que le escribo y, a la vez, recuerdo lo difícil y absorbente que era frasear uno de estos posts.
Tom Hardy fue también placer secreto hasta que todo el mundo lo cazó en "Origen". Recuerdo a mi amiga Regina decirme que no debía perderme al maromo y acertó. Como ella misma dijo hace pocos días: "Sólo hay un papi y su nombre es Hardy". 




Si me perdona Michael Fassbender, podríamos decir que Tom Hardy es el mejor y más interesante actor que ha ganado nunca el Maromo del Año. Es guapísimo, sexy, macarra y tierno, un tío que atrapa desde que entra en escena, quizá sólo desde sus solemnes intenciones y sus camaleónicos disfraces. 
Dijo que se hizo la lengua un lío cuando se refirió a escarceos homosexuales en su juventud, mas, en cualquier caso, sólo refrendó su imagen ambigua. Es muy viril y luego tiene esos labios femeninos de pura incongruencia. Es un elegante caballero londinense y un marullero de la misma ciudad. Es todo los villanos y los buenos tipos. En su agenda, se cuenta parecerse a Gary Oldman; cuando roza la gloria, a mí me recuerda al más joven Brando.
Y cuando lo veo abrazar a sus perros, me dan ganas de ladrar.




Desde la última vez que me lo encontré en líneas blogueras, Tom Hardy no ha hecho más que asentarse, entre márgenes independientes y películas comerciales a las que otogar su sello de poder escénico. 
En "Mad Max: Fury Road" estaba brutal - aunque Charlize Theron le robó el show - y nos habló de que ir lleno de mierda es the new black. 
También apareció lleno de mierda en "El Renacido", inflado western para el que entregó un inquietante villano, duelo de puñaladas con DiCaprio y nominación al Oscar como colofón. 




Entre las transformaciones de tan metódico actor, se cuentan sus cambios físicos, desde el megabuff aspecto de "Warrior" hasta esculturas pectorales más naturales. En cualquier caso, debe ser uno de los pocos actores que no tiene problemas en tener o no tener siempre las tetas en su sitio. Y hay que recordar su edad: esos 39 años increíblemente bien llevados.
Ahora que protagoniza y produce la serie malota "Taboo", él debía saber que tenía que filtrar alguna prueba de exhibicionismo para atraer atención; de hecho, muchos del #teamHardy arguyeron las fotos integrales como prueba decisiva de esta victoria.
Gracias que usted, Lord Diario, siempre fue adulto y, hoy, por primera vez, le vemos la polla al Maromo del Año el día de su coronación. 
"Tiene unos labios para comérselos bien comidos", decía un amigo mío, que probablemente cambie la palabra "labios" por otra tras ver estas imágenes.




Al caballero intenso llamado Tom Hardy colocamos la corona de laurel del bello entre los bellos y deseamos un futuro esplendoroso. 




Aunque el inicio de la votación fue reñida, Tom Hardy ha ganado por un amplio margen sobre sus competidores.
El empuje de Sam Heughan ha sido tremendo aunque esperado, debido al enorme fanbase de la serie "Outlander". Concedemos la medalla de plata al pelirrojo escocés. 
Y el bronce es enorme y musculoso, contado desde fotos de Instagram y vídeos de cómo hacerse una coleta. La gran sorpresa ha sido ese tercer puesto para el hérculeo Brock O'Hurn.
Tenía mis dudas sobre la participación en este certamen, debido a que ya no le frecuento, mi querido Diario, pero el número total de votos ha superado los del año pasado.  
Gracias a los lectores por participar y seguir asomándose por esta y otras ventanas de Josito Montez.
A usted, mi Lord, y a todos, ¡Feliz Año Hardy!

sábado, 14 de enero de 2017

Hombre


Querido Diario,

Pensaba si usted seguiría aquí, al otro lado, donde vive mi imaginación, esa que lo llevaba de país en país, de esposa en esposa, de miseria en felicidad. 
Mi ausencia se explica por la vida, que ha sido profusa el último 2016. Dicen que fue un año horrible, porque murió mucha gente célebre y venció más de un indeseable, pero, para mí, se vistió del mejor y más intenso año de mi vida. Se lo contaré cuando encuentre el tiempo, quizá dentro de unos meses. O, simplemente, visite mi Facebook, la extensión natural de este y otros blogs desde hace muchos años. 
El ajetreo me impidió cumplir en diciembre con la tradición de elegir al Maromo del Año antes de acabar los doce meses, pero nunca es tarde. 
Y este 2017, durante el cual se cumplirá una década de mi actividad bloguera, no podía arrancar como es debido sin la votación de nuestro macho forever.
Scott Eastwood hace los honores de maromo en funciones y será el padrino de esta nueva edición, en la que hay sangre nueva, algún regreso y sólo un candidato que repite desde el año pasado.




Los nominados de este año son:



PIETRO BOSELLI



¿Quién es el maromo? El profesor de Matemáticas más sexy del mundo, en palabras de todo el personal, vuelve a esta edición tras un año brillante, que lo confirma como imprescindible pin-up de las esferas internaúticas. No tardamos en ver ese mármol en los kioscos a golpe de Mens Health, mientras Armani se lo pedía, mundo mediante. Su última hazaña es alegrarnos la vista con su descamisada rutina de ejercicios en Youtube.


¿Por qué debería ganar? Porque es una cosa carissima y exquisita, encantadora mezcla de simpatía y musculatura, que calienta nuestros días. Su vídeo al minuto poniéndose y quitándose la camiseta se encuentra entre los mejores momentos de mi vida. Sin exagerar exagerando.



¿Handicap para la victoria? Disuadirá a los críticos del fisioculturismo, la depilación exacerbada y el postureo internaútico.



RYAN GOSLING

¿Quién es el maromo? El actor cuya indolencia traída y venida representa a toda una generación, Ryan Gosling podría haber sido ruidosa flor de temporada, pero tan sólidos sus bíceps como sus pasos en la industria. Este 2017 será importante porque lo ve firme en la carrera de premios y corazones con el musical "La La Land".


¿Por qué debería ganar?  Su atractivo es tan peculiar como considerable. Cuesta apartar la mirada de él y todavía no se explica su embrujo. El poder de lo rubio y, sobre todo, el imperio del goslingismo. Y ese cuerpo, por favor.


¿Handicap para la victoria? Tiene tantos fans rabiosos como detractores de sus dotes interpretativas y dudosos de sus encantos físicos. "En realidad, es feo", he oído decir más de una vez. Hay quien lo encuentra insoportable.



TOM HARDY



¿Quién es el maromo? Me quedo con la definición que le dediqué hace años: Tom Hardy es la mezcla perfecta entre un gentleman y un hooligan. Súmelo a la lista de guaperas que han llegado para quedarse, inquieto caballero de pantallas que lo mismo se lanza a furias en la carretera que se entrega a los más impactantes cambios físicos para superiores retos interpretativos. 


¿Por qué debería ganar? Tiene esos labios carnosos, casi femeninos, que contrastan sumamente con toda esa apariencia sucia, tatuada y barbada, dentro de un contraste que sólo puede considerarse explosivo. Para variar, un actorazo podría ganar el Maromo del Año y redondeamos el 2017 nada más empezar. 


¿Handicap para la victoria? Sus tatuajes y su desaliño son magnéticos para unos y repelentes para otros. Como bello, es irregular: hay ocasiones que luce bellérrimo y otras, que dan ganas de darle un bocata de filo.



SAM HEUGHAN



¿Quién es el maromo? Para los seguidores de la serie histórico-romántico-fantástica "Outlander", Sam Heughan es, ante todo, Jamie Fraser, el corpulento pelirrojezno y valiente héroe de las Highlands, que enamora con su kilt y periódicos descamisamientos.



¿Por qué debería ganar? Ha sido el protagonista de las más insólitas secuencias televisivas, que lo confirman como uno de los más sufrientes personajes de la ficción contemporánea, pero también como el primer hombre que es objeto de deseo y seducción de una manera nunca vista. Esa noche de bodas, amigas. Que gane Sam no será extraño, aviso. Sus fans son batallón.


¿Handicap para la victoria? Si no se sigue la serie "Outlander", Sam será el mayor desconocido entre sus competidores




BROCK O'HURN



¿Quién es el maromo?  Una bestia de pelos y músculos sólo vista en unas fantasías que ni Harlequín, Brock O'Hurn es celebridad esculpida a razón de red social. Su vídeo haciéndose la coleta se tornó viral y ni un año más tarde el fuertote hacía su debut interpretativo en la serie "Too Close to Home". La publicidad lo reclama.


¿Por qué debería ganar? El Instastud por excelencia corta el aliento con ese megatorso, más grande que nuestras vidas. Todo en él es devastadoramente apetecible.


¿Handicap para la victoria? Es tan improbable y excesivo que me pregunto si sus atractivos se componen de pura adición. Sus mayores hazañas nacen del postureo selfie y el proteínico batido. 



CHRIS PRATT



¿Quién es el maromo? Aquel placer privado de "Parks & Recreation" se ha consagrado mundial con su protagonismo decidido en toda senda blockbuster. Chris Pratt, gran actor de comedia y ahora guapo de las pantallas, sigue estrenando súperpoducciones y continúa gestando carrera imparable.


¿Por qué debería ganar? Es uno de esos bellos por naturaleza que nos gustaba con unos cuantos kilos encima y el gimnasio y las dietas sólo confirmaron nuestras sospechas de que lo deseábamos con locura. Queremos un Maromo del Año carismático y divertido.


¿Handicap para la victoria? Como su co-protagonista en "Passengers", Jennifer Lawrence, habrá quien asegure aquello de "no es para tanto".


¿Qué le parece, Lord Diario? 
La única manera de votar se encuentra en el widget de la columna de la derecha del blog, dispuesto exclusivamente para la ocasión.
No se aceptan votos en comentarios o mensajes.
La elección del Maromo del Año durará hasta el 27 de enero.


Hasta entonces, vote sin miedo y confíe en mi retorno. Volver a casa, ese raro placer.