lunes, 28 de septiembre de 2015

Desclasificado


Querido Diario:

Qué vergüenza, qué horror. Me cago en el maldito candado que le puse a usted para detener los dedos curiosos, para que los demás olvidaran que hay un sitio donde se narran mis secretos y mis mentiras.
De repente, el candado se abre y a usted, señor diario, me lo secuestran. 
Amenazas, llamadas, tentativas de acuerdo. Quedó una opción: adelantarme, contarlo todo, a razón de blog.
Qué desesperación, qué hora amarga tendido en el lecho, hasta que me dejé de dramas y entendí la moraleja: la privacidad se terminó el buen día que nuestra generación le dijo a nuestras madres que no llamaran ahora por teléfono, que no ocuparan la línea, que estábamos en una cosa llamada Internet.
Ay, aquellos años noventa, con el Motorola Startac como una carraca y la inocencia en la mirada. Quién podría predecir que iniciábamos un camino. El sendero hacia contarlo todo. Y a razón de blog.
Ya lo dije en otro lugar, en otro blog. Esta es la era del disclosure, donde las cosas deben ser narradas para que vuelvan a ser misteriosas. 
Ironía, ¿verdad?


Querido, apreciado, respetado diario, a usted siempre lo imagino como un señor de edad, que enarca la ceja ante mis imprudencias, ante la mayoría de mis opiniones, ante la inmensa cantidad de mis inacciones. Es como el severo noble británico que se pone un monóculo y escruta, cuando la ceja es incapaz de dar más de sí.
Ahora todos leerán esas líneas de deseo e improcedencia. Mis líneas, las líneas de usted, don diario. 
Para que me juzguen, para que me señalen con el dedo, para que me lean con el deleite del que devora una hamburguesa churretosa consciente de que sus arterias agonizarán de lástima el día menos pintado.


¿Qué esperar de "El Diario Íntimo de Josito Montez"? Escandalosas revelaciones, jugosas mentiras. Un experimento entre la realidad y la ficción. Un relato en primera persona sobre (casi) cualquier cosa. Sinceridad hasta en la falacia. 
Y, por primera vez en mis años blogueros, pollas y más pollas. Sexo y mucho sexo. Porque es así cómo se escriben y escribieron las íntimas líneas de este y otros diarios. Esas líneas resonadas en lo que hicimos y lo que querríamos hacer otra vez. 
Por ello y por ellas, este es un blog sólo para adultos. Si hay algún menor de edad en la sala, debe marcharse y no volver. 
Y, si alguien está trabajando o en compañía sensible, habrá posts que preferirá no abrir. Puro esplendor fálico ellos. 


Mañana, enseño la punta. Al siguiente, la corrida.
La audiencia lo demandó, mi dormitorio lo entendió: sexo, sexo, sexo. 
Los diarios son guarros, llenos de la procacidad que se emplaza a la alcoba devoradora y la mente incansable, pero también son chismosos y, usted, querido señor diario, lo sabe. 
Cuando está mal contar una verdad, habrá que encontrar la forma de que el sabor de desvelarla haga relamer de placer. 
Además, hago honor al lugar donde vivo: una localidad que adora el chisme, à la Peyton Place. ¿Acaso hay alguna localidad que no lo haga?


Querido diario, don respetable de mis versos sin rima, los penes y los cotilleos cuentan e ilustran sus pasajes, mientras los críticos más reputados ya me tratan de paria de sus afectos. 
Norman Rosenbaum ha dicho esta mañana que "El Diario Íntimo de Josito Montez" es BASURA y se cuenta que se ha personado en la sala de máquinas de The New York Voice para asegurarse que imprimían la palabrita en letras mayúsculas. 
Mi querida Linda Riggs, la firma más prestigiosa de la revista de tendencias Gloss, parecía benévola, pero, en realidad, ha sido condescendiente hasta la herida. "Gran diversión, si tu concepto de diversión se reduce a cotilleos y pollas realmente grandes", ha firmado.
Todos los opinadores aseguran que leerle a usted, querido diario, ha sido una gran decepción, un triste epílogo a mi labrada reputación de años.


¿Sabe qué? No me importa. Sí, cotilleos y pollas realmente grandes. 
Y la vida, y la muerte. Y lo que pienso y lo que siento. Lo que leo, lo que repudio, lo que opino y lo que equivoco.
También las películas que veo, las series que descubro, cómo no. Todo eso y mucho más estará en este diario de medianoches y vigilias.
¡Tono desenfadado, libre de forma, caro de la sorpresa!, pide el público, y yo digo sí en la desesperación por cazar visitas y bajo urgencia por volverme viral de una puñetera vez.
Por siempre, aquí se desbordarán la pasión por escribir y el placer de montar blogs.
Prometo escribirle a diario, diario, y prometo incumplir esa promesa. Este es un blog en construcción. ¿La verdad? No sé dónde coño me he metido, pero adoro esa sensación.
Mañana empezamos con el relato de un asunto que me sucedió el otro día en el gimnasio, que me entra la risa nerviosa sólo de recordarlo y también de siquiera pensar que el protagonista entre y lo lea. 
Crucemos los dedos, no me quiero buscar la ruina desde el principio. Así estamos.


Bienvenidos a mis diarios. Bienvenido, diario. 

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