martes, 27 de octubre de 2015

Bae


Querido Diario,

Dos meses para el fin de 2015, pero me adelanto y le concedo el sobresaliente, la alegría, la voluntad de las mejores cosas. Sí, ha sido un gran año y lo es. Lejos de la espectacularidad del anterior, aunque cerca de un progreso emocionante.
¿2015 pasará a la Historia?.
Si dentro de mucho tiempo y cierta desmemoria, me preguntan si recuerdo el año 2015, es probable que no sepa que contestar en ese momento. Pero si alguien toca la fanfarria final de "El Crepúsculo de los Dioses", sonreiré, sin poder contenerme, y diré: 
- Claro que sí. 2015 fue el año en el que aprendí la palabra bae.
¿Qué significa bae? La primera vez que lo leí, tuve que recurrir al Urban Dictionary. 
Es una abreviación que usan los jóvenes norteamericanos desde la palabra "babe". Tu nena es bae, tu mejor amigo es bae, tu película preferida es bae. Bae también compone unas siglas. B. A. E. (Before Anything Else).
Sí, alguien me llamó bae en 2015. Alguien me sigue llamando bae con frecuencia. Hoy, querido Diario, te contaré quién es el remarkable guy detrás del bae. 
Sí, te contaré todo sobre Ryan. Al menos, lo que sé de él.


La cinefilia es una cosa muy mala, querido Diario, porque es una afición condenada a la soledad. Incluso aunque encuentres almas parecidas, se propicia tal grado de conflicto entre unas opiniones y otras que, al final, se termina por mandarse a tomar por culo de manera cordial. 
También he de decir que hay pocos cinéfilos de verdad y demasiados que simplemente han visto películas. Mirarlas no basta; hay que sentirlas como parte crucial de la existencia y devorarlas con ansia canina.
La pantalla se disfruta sola y mi cinefilia también ha sido solitaria. 
He encontrado amantes del cine, algunos todavía siguen siendo buenos amigos, pero nadie que supusiera un chispazo eléctrico, un hambre para mis ganas de comer. Que me retase, que me espolease a ver más películas. Que necesitase mi opinión. Y, en el proceso, que se convirtiese en el más inesperado de los amigos. 
Entonces, llegó Ryan.


Sucedió sin un plan. Me agregaron a un grupo de Facebook llamado The Cinema Super Friends, compuesto por miembros de varios países, aunque la mayoría estadounidenses. 
Allí se habla de películas de todos los tiempos, se discute, a veces con acaloramiento, y se hacen votaciones, listados y también el mayor proyecto conocido por cinéfilo: los CSF Awards. 
Estos premios recorren cada año de la Historia del Cine con una especie de Oscars revisados. Es decir, darle a películas como "Ciudadano Kane" o "Cantando Bajo la Lluvia" aquello que merecieron en su día y la Academia les negó. 
Es una locura total, porque el propósito es ver el mayor número de películas posibles para cada edición en busca del resultado más justo. 
Ryan, que es el anfitrión y organizador de estos premios, es el más bestia, porque puede verse 50 títulos de un solo año en tres semanas.


Al principio, servidor estaba un poco reticente a ver tantas películas del mismo año en tan poco tiempo, pero se ha desvelado como una manera única de contemplar la Historia del Cine: en orden, atestiguando cómo aparecen y desaparecen las estrellas, las modas, los géneros, las sensaciones, en relación a los acontecimientos históricos. 
Los resultados de nuestras votaciones suelen ser buenos y el experimento es un trabajo bello. Ahora vamos por 1947, quién sabe si llegaremos hasta el final.
Mi primera votación fue justo cuando me agregaron al grupo, Se honraba lo mejor de 1936  y le envié mi papeleta a Ryan, que actuó con el recelo del que no te conoce de nada. 
Durante cierto tiempo, fue parco en palabras conmigo - a veces, sólo ponía un corazoncito cuando le enviaba mis votos -, pero las cosas cambiaron pronto.


Desconozco cuándo le empecé a interesar como amigo, pero a mí me gustó el caballero cuando vi era fan de la serie "Archer" y, más significativamente, cuando publicó las fotos de su boda.
Era todo tan rojo y maravilloso, y se le veía tan enamorado de su esposa... Es uno de esos instantes donde un contacto internáutico se convierte en una persona a tus ojos. Entonces, diríase que lo conocí.
Ryan vive en Wichita, Kansas, justo el lugar que siempre nombro cuando me quiero referir a lo más profundo de América. Él me sacó de dudas: está exactamente en el centro de Estados Unidos.
Ryan ve muchas películas, presenta concursos de preguntas y respuestas en restaurantes locales, toca instrumentos y sabe español. Sí, sabe muchísimo español. Sabe más de tildes que muchos compatriotas que conozco y siempre intenta hablarlo, aunque sus traducciones literales a veces son descacharrantes.
¿Cuándo comenzó la amistad? "Por favor, amantito con el mismo gusto en cinema, dígame qué películas debo ver y help me con mi español". 
Yo le dije que amantito era little lover y mejor me llamaba cariño o amor, pero la broma hizo el resto. Ahora soy el amantito.


Ryan tiene sólo 22 años. Digo sólo, porque pensé que tenía mi edad. Sería la madurez o esa boda lo que me confundió. 
Es altísimo, con la barba roja, más americano que el chicle y tan diferente a sus paisanos por ese grandísimo sentido del humor. Dice que su animal espiritual es el perro pug (o carlino): tranquilo, pequeño y, de repente, tan sobreexcitado. Así es Ryan, sí.
Me gustaría saber más de Ryan, porque soy un cazador de secretos, pero entiendo que hay cosas que no necesito conocer. La mayoría las intuyo, en todo caso. Sé cuando está triste y no lo quiere decir. Sé quizá los motivos.
Como un pug, se anima enseguida. Intento hacerle reír con frecuencia.


Hablamos todos los días por el chat del Facebook. La mayor parte del tiempo sobre cine. Nos reímos muchísimo. 
Y he encontrado un amigo como creía no volver a encontrar jamás. Alguien que te interesa volver a él, para hablar, para conocer su opinión. Sólo por el gusto de conectar.
También es la prueba de lo mucho que han cambiado los hombres heterosexuales. Llámalo aliado, o sencilla naturalidad. Algo salió de las sombras hace mucho tiempo y se ha convertido en costumbre. 
Dee y Ryan - tan diferentes - han sido la gran sorpresa de este año.


Ryan y yo tenemos encuentros y desencuentros, a propósito de nuestras opiniones.
Odiamos a Jennifer Jones y a Greer Garson y veneramos muchas grandes películas. Otras veces, lo quiero matar, porque es muy exigente y, como buen cinéfilo joven, es antinostálgico. Su vivencia del cine es distinta y no tarda en criticar cosas y sensaciones que otros vemos sagradas, porque las disfrutamos desde niños.
Lo quiero matar y me reafirmo en mi eclecticismo, pero sé que tiene sus cantidades de razón. Sé que debo atender a mucho de lo que dice. 
Como Mark Cousins, Ryan entiende que el cine que merece la pena es aquel que suda la gota gorda: nada menos que aquel que cuenta a las personas y desafía los límites. Sí, los verdaderos clásicos son las películas únicas.


Ryan es muy americano de aspecto, pero adora todo lo extranjero, lo que suene a nuevo y distinto.
Busca en Francia, en Japón y en la India, y sueña con viajes alrededor del mundo.
Es inquieto desde su tranquila residencia de Kansas, quizá esperando que llegue un tornado y la eche a volar hacia lugares de Technicolor y verdad.
Gracias a él, he descubierto obras maestras como "La Séptima Víctima" y, gracias a él, le di una valiosa segunda oportunidad a "La Bella y la Bestia", de Jean Cocteau.
Discutir es fructífero, pero estar de acuerdo calienta el corazón.
- ¡Sí, sí, la vi, y me encantó!
- TE AMO, TE AMO, TE AMO.


Bae, sí, soy bae para Ryan. Baecito, dice en su eterno juego con el español. 
Su corazón está ocupado, chicas y chicos. Cuando cumplió tres años de amistad con su esposa, posteó una foto en Facebook. "...and then everything changed", escribió. 
Allí estaban los dos, sonriendo, como la pareja dorada que veías en las películas y esperabas de la vida: el amor instántaneo, la felicidad asegurada. Valora todo eso, Ryan, atesóralo, no sabes lo difícil que es conseguirlo.
A pesar de que es un señor heterosexual y felizmente casado, sé muy bien que Ryan está enamoradísimo de mí y lo demuestra a diario. 
A su juicio, no soy tan guapo como Fassbender - el único hombre con el que se acostaría, en sus propias palabras -,  pero lo suyo por mí es una adoración casi platónica. 
La amistad como ese espejo favorecedor, ese estímulo para ser mejor. Yo quiero ser lo que Ryan piensa que soy.
Quizá para el día en que nos encontremos. En Tenerife, en Wichita o justo en el medio. Será un placer, my friend.
You're a great guy and I love you.


Hoy es un día para celebrar Internet, de nuevo, mi querido diario. Para honrar estos giros de la vida que me dejan aún con la boca abierta y para el raro placer de volver a sonreír, de abrir la ventana y de encontrar gente valiosa, cerca de casa y en los lugares más lejanos del planeta.
Hoy es un día para celebrar la amistad y para seguir cultivándola.
B.A.E. (Before Anything Else).


All right, Mr. Meyers, I'm ready for our friendship.

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