lunes, 19 de octubre de 2015

Corazonada


Querido Diario,

De vuelta la civilización ando, después de unos días de meditación y pancismo arriba en el sur de la isla, y de vuelta también al WiFi, que ha regresado a mi horizonte y mi teclado. 
Ha sido un paréntesis urgente y a domicilio y, como todo paréntesis, breve, brevísimo. Pero lo echaba de menos, amado Lord Diario, y me preguntaba si, a mi vuelta, usted seguiría al otro lado, en algún lugar perdido del planeta, paciente por mis noticias. 
La pregunta: ¿He pensado en Dee? Sí y no. Lo he visto esta mañana, en el gimnasio, y ahora sé lo que ya sabía. No hay más que el principio de una bonita amistad. 
Pongamos un lazo, cerremos ese episodio y miremos hacia la voluntad de la sorpresa y la novedad. Al menos, yo lo haré.


Han sido días tranquilos, con horas tendidas al sol y noches estrictamente cinematográficas, pero he estado al tanto de los acontecimientos.
Así, hoy arremeto con esa metralleta de noticias, recomendaciones y sensaciones de las pantallas a la que me consta se ha aficionado.

- Recordé el cumpleaños de Angela Lansbury en mi perfil de Facebook y me deleité ante la enorme cantidad de likes recibidos, que expresan el descomunal amor que aún suscita la leyenda.
La gran Angela se marca unos noventa años de excelencia, cumplidos con las ganas de marcha intactas. 


Aunque recordada y querida por su paseo catódico a golpe de "Se Ha Escrito un Crimen", el rastreo de sus años en Hollywood y Broadway obligan a quitar el sombrero al más pintado. 
El mundo se apresura a honrarla en los últimos años; entre ellos, la hemos visto recibir el título de Dame, concedido por la monarquía inglesa, y el Oscar honorífico, premio merecido y negado desde hacía muchas décadas.
Cómo no quererla.


- Esperado también, aunque en distinta división, es el reportaje de Derek Theler para Attitude. 
El tío bueno de "Baby Daddy" se pone bajo los piropeadores focos de la revista gay británica y lo hace sin camiseta, como los dioses del Olimpo mandan. 
En la entrevista, confiesa algo que ya sabíamos: quiere interpretar a un súperheroe en el cine. Y, de hecho, afirma que fue el sueño que motivó sus aspiraciones artísticas. 
La planta para incorporarlo la tiene y muy sobrada. Que hable ahora la suerte. 


- Todd Sanfield, mi modelo de calzoncillos favorito y toda una inspiración en lo que respecta a cuerpo 10, anuncia que ha cambiado de dieta y rutina de ejercicios. 
"En el caso de que os lo estéis preguntando", asegura, mientras postea en Facebook lo que nos interesa: una foto de sus benditísimos progresos.


- Televisivamente versando, "The Leftovers" sigue siendo lo más intrigante de mis semanas seriéfilas, mientras admiro, más que aplaudo, el regreso de Fargo
Es la garantía de lo impecable, tal y como le conté, pero también tengo esa sensación de que todo - el tono, el argumento, la realización - está dispuesto para que sus actores sean nominados y galardonados en futuras ceremonias de premios. 
Parecido a lo que decía Pauline Kael al respecto de "Veredicto Final": el ritmo y la planificación se brindaban a que Paul Newman y James Mason ganasen el Oscar. 
Con "Fargo", la trama aparece también servida al momentazo interpretativo: a esa expresión de desafecto, desazón o desesperación que garantiza aplauso. No le extrañe cansarse de leer el nombre de la serie en las papeletas actorales de los próximos Globos de Oro.


- Se anuncia adaptación televisiva de La Boda de Mi Mejor Amigo y ha sido momento para recordar esa comedia de Julia Roberts, que yo amé en 1997. 
Qué gran homenaje a las canciones de Burt Bacharach, cuánto quería ser como Rupert Everett y qué genial me parecía ese cambio en el punto de vista: una película contada por la Otra, poe la que va a perder. 
No he vuelto a ver "La Boda de Mi Mejor Amigo" desde entonces y tengo pánico de revisitarla, porque el tiempo es declarado hijoputa con películas como esta. Pero lo haré, sí. De hecho, me la pondré esta noche y le contaré qué tal.


- Sí, hay numerosas ocasiones que una película disfrutada a tope en su fecha de estreno se me antoja estúpida o aburrida a su revisión y el más reciente ejemplo ha sido "Inception". 
Otras, en cambio, aguantan y hasta reflorecen. Malditos Bastardos, de Quentin Tarantino, sigue siendo esa maravilla que admiré en 2009 y la escena de las cartas en la taberna nazi, una cumbre de la carrera de su director-guionista. 
Sí, hay ganas insanas de "The Hateful Eight".


- Otras veces, cabe rectificar. Sentía una considerable indiferencia por La Bella y la Bestia, de Jean Cocteau y, revisto lo visto, debía estar bajo los efectos de alguna droga estupidizante la primera vez. 
Ahora, fue cuestión de rendirse a tamaño bellezón de la Historia del Cine, un poema enorme y profundamente emotivo, donde hasta el montaje contribuye al lirismo. 
Hacía tiempo que una película no capturaba mi atención y emoción de esa manera. Es lo que tiene el arte, querido Diario: te reconcilia hasta con el mismo arte. 


Seguimos escribiéndonos, Diario. Mañana, hablaremos del culo, aviso. Venga lúbricamente preparado.

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