jueves, 22 de octubre de 2015

Otra



Querido Diario,

Hice lo prometido y revisé "La Boda de Mi Mejor Amigo". Han pasado muchos años desde la primera vez que la vi y, sin embargo, la tenía en la mente como si fuese una película contemporánea. Sí, en cierta medida, lo es, pero ahí irrumpen unos móviles enormes con antena y Julia Roberts con más de un cigarrillo marcando escena. 1997, casi veinte años, ahí es nada.
La película se conserva bien, sigue siendo buena y la disfruté. Hay cosas envejecidas y discutibles, y todo está bajo esa sensación retro - las canciones antiguas, el look ecléctico, el recobrado gusto por la riqueza - que parecía oportuna y sugerente en la época de prosperidad en la que se rodó y estrenó. 
Tenía mejor recuerdo de Rupert Everett y su personaje, y ninguna de las dos cosas me han calentado ni medio pie. Dermot Mulroney es demasiado soso para que se peleen por él. 
Pero ellas, sí. Definitivamente, digo sí a Cameron Díaz y Julia Roberts en "La Boda de Mi Mejor Amigo". Ahora mismo no recuerdo una película donde brillen tanto. Y, sin duda, es uno de los pocos vehículos de Julia que se pueden considerar algo más que un vehículo de Julia.
Lo que interesa y sigue emocionando de "La Boda de Mi Mejor Amigo" es el cambio del punto de vista. La heroína debe entender, al mismo tiempo que nosotros, que, en realidad, es la villana de la historia y, por tanto, está condenada a perder. 
Esto le da un toque amargo a la película, insólito en productos tan sonrosados como éste, y además hace que la protagonista se consagre como un personaje universal.
Porque, querido Diario, todos somos como Julia. O, al menos, yo lo soy. Eso de tropezarse tantas veces con la verdad de que el hombre que nos mola está ocupado y no parece proclive a cambiar ese estado. 
Como mucho, se puede aspirar a recibir la tan temida etiqueta: ¡La Otra!


Sí, así se ha llamado a las amantes, a las destrozahogares, a las concubinas, a las segundo plato, a las que se ocultan en la calle de atrás para no ser vistas por la familia del adúltero. Son las perras, repudiadas, incomprendidas. A veces, se merecen la fama. La mayoría perjuran que todavía no saben cómo se metieron en ese berenjenal.
Porque ya lo decía Bonnie Tyler, el mundo está lleno de hombres casados. Y hay situaciones en las que los menos pintados se ven envueltos, de la noche a la mañana. 
Mientras el cine y la moral ajusticiaban la infidelidad, los seres humanos descubrieron que la monogamia es un veneno que se toma a pequeños sorbos. 
Querido Diario, hoy hacemos un ranking de las "otras mujeres" que nos ha dado el cine, variopintas ellas, desde la víbora hasta la psicópata, pasando por la triste enamorada que deberá renunciar al final. Sí, la otra, la de la calle de atrás, ese personaje que aparece menos de lo que creemos y, además, lo ha hecho con la condescendencia machista de la que las pantallas se dicen expertas. 


5. CRYSTAL ALLEN (Joan Crawford en "Mujeres")


La personaja: Muchas décadas antes de la web Ashley Madison, "Mujeres" nos enseñó que una perfumería era el lugar perfecto para que un señor marido ligase con la dependienta, aprovechando la compra de un regalo para su santa esposa. En el caso de Crystal Allen, las garras son tales que propicia divorcio y se convierte en segunda señora.
Emblema de la mirada social a la otra como una sierpe arribista y destrozahogares, Joan Crawford bordó ese personaje como si la conociera bien. 

La coronada: Norma Shearer como Mary Haines, la pobre y nobilísima esposa, que llora, llora, sufre, sufre y se embarca en el tren hacia Reno con la sensación de no haber luchado lo suficiente.

Cuernoconsecuencias: Crystal Allen descubría que la vida marital no era para ella y era sorprendida en tamaña indiscreción. Puerta y, otra vez, a la perfumería.

Lección aprendida: No permita que su marido le compre el perfume. No se divorcie de él antes de presentar batalla.


4. AMBER (Kate Upton en "The Other Woman")


La personaja: Víctima número tres de un infiel patológico, Amber irrumpe en la playa ante los ojos de sus rivales. "Una cosa es saber jugar a tenis y otra que te pongan a competir con McEnroe", aseguran a tamaña visión.
Sí, la tía buena, con dos melones como dos metralletas, y juventud, pura juventud. Definida por la misma película como un cliché, ¿cómo se compite con una Otra con las hechuras de Kate Upton?

La coronada: Leslie Mann como Kate King, la buena esposa incorporada con cierta energía cómica.

Cuernoconsecuencias: La neumática Amber, enterada de que el hombre con el que está liada está casado y muy consciente de que sus curvas no son para malgastarlas con sociópatas, se une a la venganza preparada por las engañadas. 

Lección aprendida: Esta comedieta recuerda que la culpa de que un caballero ponga los cuernos es del caballero; tan sencillo de decir y tan difícil de entender en la práctica. Que las mujeres se aseguren siempre una independencia económica y que cunda la solidaridad entre las hembras son las cosas defendidas por "The Other Woman", poca cosa como película, pero interesante para abrir debate. 


3. NORMA MILLER VALE (Barbara Stanwyck en "Siempre Hay un Mañana")


La personaja: Criatura emblemática de los melodramas más arriesgados, la Otra en las películas clásicas siempre tenía las de perder. En esta infravalorada obra de Douglas Sirk, no iba a ser menos y Norma Miller Vale entiende que debe dar un paso atrás cuando es confrontada por los hijos del caballero en cuestión.
El maestro Sirk, como siempre, mete el veneno por debajo y el magnetismo de la Stanwyck hace otro tanto. Estamos a favor de esta Otra.

La coronada: Joan Bennett como Marion Groves, una enfermiza, aburrida y quejicosa ama de casa. Se gana unos buenos cuernos desde que aparece.

Cuernoconsecuencias: En plenos años cincuenta, la familia importará más que el amor y la estabilidad, más que escapar de la rutina. El marido infiel quedará disculpado de la cana al aire sólo porque es un hombre. La vida sigue.

Lección aprendida: Los hijos celebran la elección de su padre, pero el plano de Sirk matiza el presunto final feliz, filmándolos tras los barrotes de las escaleras. Esos niños aplauden el mismo código moral que también los encarcelará cuando crezcan.  


2. MYRTLE WILSON (Isla Fisher en "El Gran Gatsby")


La personaja: Esta señorita, pieza clave de una obra maestra literaria, expresa una verdad de la infidelidad: muchos hombres buscan a la más vulgar posible como amante. Quizá para mandonearla mejor, para seducirla más fácilmente con billetes o para sentir en toda magnitud la adictiva sordidez de un affair interclasista. En el caso de Myrtle Wilson y su aventura con Tom Buchanan, las tres cosas se cumplen a rajatabla.

La coronada: Carey Mulligan, como Daisy Buchanan para esta adaptación de Baz Luhrmann, la frágil niña bien, que sospecha de la aventura de su ególatra marido, pero prefiere ignorarla o sufrirla en silencio.

Cuernoconsecuencias: El azar, el karma, la fatalidad. No habrá días para Myrtle Wilson, cuyo destino acelera el trágico, amarguísimo desenlace de la historia.

Lección aprendida: No se busque una amante entusiasta en una gasolinera de paso, especialmente en esos años veinte sin controles de velocidad. No subestime las ironías de la vida.


1. ALEX FORREST (Glenn Close en "Atracción Fatal")


La personaja: Convertir a un lío de una noche en la villana de un melodrama slasher es una de esas ocurrencias que sólo se le podía ocurrir al Hollywood de los ochenta.
Interpretada por Glenn Close, Alex Forrest era una loca total que, enterada de que el hombre del que está enamorada no quiere más de ella y volverá con su mujer, procede a amargarle la vida. Alex dará un nuevo sentido a dejar un conejo al fuego.

La coronada: Anne Archer como Beth Gallager, la esposa que, para entender tanto susto, debe oír la cruda verdad de labios de su marido. 

Cuernoconsecuencias: El Rosario de la Aurora. En un violentísimo clímax, el matrimonio pone su casa en orden, Rambo style. Y, aunque la película es de una beligerancia antifeminista empapada en paranoia, la gran Close hace posible que nos entristezcamos por ella y su destino.

Lección aprendida: Glenn Close ha contado que muchos hombres se le suelen acercar y asegurarle que fue ella quien salvó sus matrimonios, del miedo que les metió en el cuerpo. Porque, si no llamas más, ¡me presento en tu casa cuchillo en mano, cabrón!


PREMIO ESPECIAL DEL JURADO: JULIANNE POTTER (Julia Roberts en "La Boda de mi Mejor Amigo")


La personaja: Cuando se entera de que su mejor amigo con derecho de roce se va a casar con otra, Julianne Potter se percata de que siempre ha estado enamorada de él. Ahí se presenta en el enlace con intenciones de recuperar lo que siente suyo.

La coronada: Cameron Díaz como Kimberly Wallace, la adorable novia, demasiado buena para hacerle daño, demasiado ideal para presentarle batalla.

Cuernoconsecuencias: Julianne se da cuenta de que tiene las de perder y, tras declararse, besar al pollino y armarla fina, decide convertirse de inadvertida villana en potencial aliada.

Lección aprendida: Cualquiera puede verse en la situación de ser la Otra o el Otro, porque así es la vida. Y, aunque se tenga la constancia de que el bacalao está vendido, lo apropiado es declarar los sentimientos. Para sacárselo del pecho, porque sólo se vive una vez y porque no es país para arrepentirse con el tiempo. 
Y porque ¡quién sabe!  


La carne de gallina ante esa escena, querido Diario. 
¿Sabe lo que todavía le falta al cine? Menos justicierismo, menos agradar al bienpensar. A la sociedad le hace falta lo mismo y me parece demencial que todavía hay quien se lleve las manos a la cabeza con asuntos como la web Ashley Madison. Hipocresía a gogó.
Sí, todos podemos ser los Otros y podemos hacer que alguien sea nuestro Otro. Sin siquiera plantéarselo, sin necesidad de ser unos sociópatas ni de atravesar ninguna crisis de mediana edad. 
En esta tierra impía, existen dos verdades apoteósicas: las ganas de monogamia duran lo que dura dura y grandes historias de amor han nacido de buenos cuernos.

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