jueves, 19 de noviembre de 2015

Caras


Querido Diario,

Se llena de triunfos y fatigas esta semana. Ando por estos días con los ojos entrecerrados de puro sueño, aunque se dicen abiertos de emoción ante las visitas que seguimos cosechando en este blog, día a día.
La corrida trajo la marea, como era de esperar, pero también la timidez del día anterior. 
Ese "Tímido" fue un post ideado a última hora y, no sólo ha recibido elogios, sino también ha significado una especie de imprevisto outing para servidor. 
Cuando pensaba que lo había dicho todo sobre mí, me doy cuenta, una vez más, que quedaba por contar lo más importante.


Hoy, para destensar, relajar y estirar esos músculos, los verdaderos y los figurados, agarre un buen vaso de leche - o bébasela del brik si tiene el día rocanrolero - y contemple la galería de rostros que han venido a la mente durante toda la jornada. Merecían un post, pensé. Es más, merecían un post metralleta.


- Estoy revisando "Friends", como le conté. Y le confieso que hay días que es lo único que visiono. Acuso a su entidad adictiva, a su pildórica, indolora duración y a su imposición de la risa sobre la sesudería. Justo lo que necesitamos en ocasiones.
Y, de repente, en la segunda temporada, aparece el señor Tom Selleck, que eso es un hombre y lo demás, es nada.  
Pensaba yo: si tuviera un novio así, nadie me oiría una queja nunca más. Llevaría una sonrisa de pazguato impresa forever.


- De la misma gran época de Selleck - es decir, aquellos años ochenta-, me he acordado de otra fabulosa criatura catódica. Esta, congelada en la pequeña pantalla, ambarizada en una época, como si sólo hubiese existido entonces. 
Hablo de Connie Sellecca, la reina de nuestras sobremesas, ese bellísimo rostro que iluminaba mi infancia. 
No sólo la hicimos parte de la sala de estar con "El Gran Héroe Americano" y "Hotel", sino gracias a tantísimos telefilms. 
Sin ella, no había digestión. Y, desde que desapareció en combate, la tarde no es la misma. 


- Cuando le veo los bíceps a Russell Tovey, sólo quiero saber del futuro. 
El actor británico de las orejitas de soplillo, también muy querido por Catodia, se ha adueñado de todas las páginas de Facebook que honraban su persona y las ha unido para crear una oficial. Ya era hora. La foto de perfil, a la altura de las circunstancias. 
Por cierto, la TV-movie que clausurará "Looking" llegará más pronto de lo que se esperaba. Nadie se matará por ver el final de esa serie tan sosa, pero, si Russell enseña anatomía, aquí paz y después flexiones.


- La revista People ha pronunciado su anual, tan sumaria decisión sobre el hombre más sexy vivo: David Beckham, asegura. ¿Hemos vuelto a 2003 o qué, señor mío? 
Se me ocurren cien candidatos mejores a ese trono y no me negará que el ínclito pelirrojo que ocupa la portada del GQ francés se desayuna a Becks y a los otros noventa y nueve. 
Fassy, siempre.


- De belleza se sabía todo cuando Gene Tierney aparecía en las plateadas pantallas de los años cuarenta y cincuenta, mujer, actriz y estrella que nació tal día como hoy. 
Su papel emblemático se llamó "Laura", pero los cinéfilos de la sala también la amaron en "El Fantasma y la Señora Muir", "Que El Cielo la Juzgue", "El Filo de la Navaja" y tantas maravillas.
Su vida, llena de privilegios de cuna y éxitos artísticos, tornó en tragedia cuando sus días se vieron azotados por la enfermedad mental. Sobrevivió, a duras penas, sin ser la misma, emplazada a la inmortalidad que le dieron sus años en Hollywood.
Darryl F. Zanuck, su descubridor para el cine, la llamó "la mujer más bella de las películas". Ni usted ni yo le llevaremos la contraria a Mr. Zanuck.


- Como le conté hace unas cuantas lunas, participo en un proyecto donde, a modo de Oscars revisados, un grupo de cinéfilos nominamos, votamos y elegimos las mejores películas de cada año, tras revisiones intensivas. 
Esta semana hemos terminado con 1947, donde "Narciso Negro" ha barrido, de manera esperada e hipermerecida. 
Le diré que también me ha agradado ver entre las más mencionadas en apartados técnicos a La Calle del Delfín Verde.
Es un melodrama enorme y lujosísimo, favorito mío de toda la vida, que volví a ver hace un par de años y me gustó todavía más. 
La historia atrapa, pero la estrella de la película es su factura, que propicia una sensación al espectador entre la caricia de la seda y el tacto del terciopelo: ese montaje, esa música, ese diseño de producción. 
"La Calle del Delfín Verde" es uno de esos clásicos románticos que parece que te está haciendo el amor mientras lo ves.


- Hacer el amor, ay, ¿qué será eso que mueve montañas, atrae visitantes y suscita preguntas en chats del Facebook? 
¿Quién es el chico del último gif de ayer?, me preguntaban ante el rubio que soltaba una corrida in motion
¿Cómo no conocerlo? ¿Cómo no correrse con él? 
Se trata de Christian Wilde, uno de los tipos más prolíficos del porno gay de los últimos tiempos. Sólo ha hecho de pasivo en una ocasión; de resto, se ha pasado por el sable a todo el mundo. 


Entre esa carita de querubín, esa altura, esos tatuajes y esa polla enorme, hágase el hipercontraste. Durante cierto tiempo, fue uno de mis predilectos hasta que me cansé de verlo tanto. Já, le confieso que todavía se me alegra el corazón y lo que no es el corazón cuando Christian vuelve a la carga. 
Carga, que como vio ayer, siempre es abundante.


Querido Diario, que sus sueños sean bellos como todos ellos. Hasta mañana.

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