viernes, 20 de noviembre de 2015

Finde


Querido Diario,

Qué felicidad pisar el fin de esta semana agotadora, fagocitante, vivida con la cabeza en el suelo y las ojeras por las rodillas. 
Honraba las bondades del Facebook hace bien poco por este páramos y, durante estos últimos días, sólo he contemplado sus maldades en tantos contactos y publicaciones: sus cinismos, sus opinioncitas, sus juicios de valor, sus estúpidas comparativas, sus fotos de masacres y esa manía de pasar el luto a través de negarlo.
¿Sabe lo que le digo? Que paso del tema, que guardo silencio, Lord, porque criticar a los demás, psicoanalizar a las masas e imponerse sobre los desinformados es precisamente lo que me cansa de estos aguerridos a una cuenta de Facebook pegada.
¿Hay acaso una dictadura encubierta de policías ideológicos? ¿He cometido yo también ese pecado? Piénselo con el cóctel en la mano o, mejor, olvídelo.
Debería dedicarle un post a lo que he tenido tragar en redes sociales en esta semana, a raíz de la furiosa actualidad, pero prefiero apartarme de ellas, aunque sea un instante para tomar aire y volver, sólo por la necesidad de hacer pasar un buen rato a los demás y a mí mismo.
Porque el mundo lo que necesita es amor y alegría y, este fin de semana, además necesito a Gordon Grant, actor porno gay de los años setenta, que me acaba de descubrir la estupenda Joanna Jones, precisamente en Facebook. 


Deseo tener las fuerzas recobradas para extenderme mañana en este diario con algún asunto de alto interés, como los papagayos, el exterminio de la música house o el fascinante mundo de los ventiladores de ordenador.
Quizá hasta me salte el claustro y me ponga la pestaña para batírsela a algún mozalbete de buen ver en quién sabe qué antro de perdición.  


Hasta mañana, Lordcito.

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