domingo, 1 de noviembre de 2015

Morbo


Querido Diario,

Qué intensidad la del ser humano, qué guarrez en toda su estampa y existencia. Le contaré un secreto, sí, otro más.
Hace unos años, vi una película porno gay titulada "Father Figure 2". Técnicamente, la cinta es pobre, tirando a lamentable, pero se ha hecho todo un clásico y le explicaré por qué.
Cuenta la historia de dos padres, muy heterosexuales, que se van de vacaciones con sus jóvenes hijos a un hotel. Al llegar, se enteran de que es un hotel gay. Deciden quedarse y, poco a poco, se dejan seducir por el disipado ambiente. Cada uno experimenta con otros huéspedes, hasta que los dos hijos se lían y descubren los placeres del homosexualismo con alguien conocido.
En el gran final, los chicos asaltan la cama de sus padres. Éstos se despiertan y, tras una momentánea sorpresa, dedicen: ya que están que en el burro, arre burro. Es decir, lo propio de las películas porno.
¿La cosa? Hay incesto, sí. Los actores no están relacionados entre sí en la vida real, pero el morbo del asunto reside en invocar síndromes de tragedias griegas bajo la licencia ficticia.


Hasta que vi esa película, evitaba las tramas de incesto que, durante mucho tiempo y al menos en el porno gay más convencional, eran anecdóticas. Sí abundaban insinuaciones, la licencia del padrastro o tramas donde intervienen familiares, pero no llegan a tocarse. Eso sí, pueden mirarse o animarse, morbo asegurado.
En "Father Figure 2", se pone la directa y padres e hijos follan. De paso, se explota la figura del padre guapo, macho e inalcanzable y la del jovenzuelo ávido de emociones y aprendizaje.
- Mirad, chicos, así se chupa una polla - es uno de los diálogos de semejante celuloide.
He de confesarle que esa secuencia ha conocido más pajas de servidor de las que me atrevo a enumerar.
Y, a la vez, entré en una especie de conflicto: ¿por qué me estimulaba de esa manera una idea tan repugnante en la realidad como el sexo incestuoso? ¿Acaso era yo un pervertido más en un mundo lleno de pervertidos? ¿Quería yo acostarme con mi padre?


Oh, Dios, hazme bueno, pero no hoy. 
Espoleado por "Father Figure 2", busqué más títulos que abordasen el asunto de sexo entre padres e hijos o entre hermanos. Por supuesto, todo tratado, ficcionado e interpretado por actores que no estuvieran relacionados en la realidad. 
Sucedía justo cuando se estrenaba "Taboo", una de las cintas más vendidas de los últimos tiempos, donde dos hermanos gemelos lo hacen. Ahí no hay trampa ni cartón. Son dos hermanos de verdad y la cosa, querido Diario, es un caso clínico: acostarse con un hermano idéntico delante de todo el personal y grabado para la posteridad. El mundo está loco y Haneke lo sabe.
En cualquier caso, las cifras de venta de "Taboo" me dieron la esperanza de que no era el único enfermo de la Tierra y, además, algo que ya sospechaba: los hay peores, muchísimo peores. He de añadir que, desde "Taboo", el incesto se puso de moda en los argumentos de muchas películas porno gay.
Y yo le pregunto a los dioses de Kobol: ¿cómo se gesta nuestro deseo? Por acumulación y barbecho. Más y cambiante. 
Cuando era muy joven, sólo un vistazo a una foto como la de Todd Sanfield me bastaba para una masturbación con final feliz.
Después, he tenido que afinar la mente, crear fantasías. Y éstas, cada vez más sucias.


Al aderezo de mi fijación por lo intergeneracional, añádale otros escenarios. 
Siempre he fantaseado con lo siguiente: un rudo camionero me secuestra y me asume como su esclavo sexual, al que cuida y folla cuando le apetece. Me presta a sus rudos amigos, me pasea por todo tipo de bares de carretera. Follamos sobre mesas de billar, dentro de su camión, al aire libre, en colchones destrozados por el uso y la mierda. Se corre en mi cara, en mi boca, en mi culo. Él y sus asociados.
Esta fantasía es una guarrada nivel medio, pero me hace pensar en lo que significa. Si se diera en la vida real, sería un asunto criminal que recoge cosas que aborrezco y repudio: el machismo, la violación, la prostitución forzada, la esclavitud sexual y demás cosificación de los seres humanos en nombre de sacarse la leche de dos a tres.
Cómo es posible que toda esa plétora conforme una fantasía que, sólo con pensarla, me pone como una moto. O como un camión, ya ve usted.
El morbo, el morbo, dice la concurrencia. El morbo es lo que decide la atracción malsana por las cosas y las personas. Y esa atracción malsana lo es todo cuando se trata del sexo en su nivel más impulsivo.


Lo dije en otro blog: el morbo podría ser definido como la irresistible atracción que suscita todo lo que sea ilegal, inmoral, desagradable, irracional, feo, trágico, blasfemo, violento o escatológico.
El coqueteo con los tabúes cuenta las situaciones morbosas, desde sociedades de campanario y recogimiento hasta culturas de Internet y multipantalla. 
He de decir que hay morbos ajenos que me son indiferentes. Qué morrrbo, qué morrrbo, dicen tantos frente a cosas como follar en público o vestirse de cuero. Yo, cara de palo.


Estaba muy ocupado, preguntándome a propósito de mi fijación por el sexo intergeneracional o la fantasía de ser forzado.
La trangresión, contestaban. La mente es complicada, oscura, y se relaciona con conflictos, con represiones, con mierdas. La ficción - y, dentro de ella, entiendo también el porno - busca recrear aquello que nunca haremos, desde viajar a la Luna hasta encamarnos con nuestro padre. Es escapismo y punto.
Mi pobre padre, que es un sol, pero no exactamente mi tipo, puede quedarse tranquilo. 
En realidad, a quien deseaba es a Paul Johnson, el actor de "Father Figure 2", que representa ese tipo protector, pseudopaternal, experimentado que busco en los hombres. 
Es síndrome de Electra, sí, pero redirigido con conveniencia. Mi enfermedad es manejable.


El interior ebulle en descontrol, es capaz de juguetear con violaciones y cosas que concebimos inconcebibles y sorprende que se disparate con lo que deberíamos odiar. Lo oportuno es conocer ese interior, reírse y, de alguna manera, renunciar a él. 
Sabe el sabio que llevar a cabo las fantasías es decepcionante - cuando no criminal -, y lo que vive en la imaginación es una película escrita, dirigida y protagonizada por una sola persona. 
Si algún pasaje de dicha película se lleva a la práctica, que sea con consentimiento adulto y con el saber de antemano de que, quizá, lucía mejor, más brillante y más especial bajo la llave de nuestras sucias, sucias mentes. 

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