viernes, 13 de noviembre de 2015

Perra


Querido Diario,

Prometí extenderme acerca de un email recibido hace dos noches, pero lo he pensado bien y he decidido que nanay. 
El mail lo escribe un tío que conocí hace años. Protagonizamos algo breve, pero tormentoso, de lo que casi salgo derecho al manicomio. Como entonces le puse fin, que se quede en ese fin. Sé por qué me escribe ahora y sé por qué no tengo ninguna intención de responder. 
Créame: esa historia y ese inútil no merecen más palabras, mucho menos un post.
Y recordar cosas deprimentes de épocas deprimentes contraviene el espíritu alegre y entusiasta de este blog, que nació para postear fotos de tíos buenos y contar chismes de mi vida. La de ahora, no la que dejé atrás.


Sirve para hablar de Dee. El otro día, el adorable cachas me contaba de su novia. Es la clásica remilgada y fanática de la limpieza que, cuando va a un bar, mira el vaso y, si ve algo que no le gusta, pide que se lo cambien.
- A esa tía la veo un poco fina para ti - apunté y Dee puso cara de "no me digas eso".
Lo dije porque lo quiero para mí, pero también porque es la verdad. ¿Qué hace una maniática de la higiene con un caballero de aroma tan ceporro? Misterio mayúsculo.
La única certeza es que me di la vuelta, de camino hacia otro aparato del gimnasio, y dije para mis adentros:
- Tengo que acabar con esa perra.


¿Por qué llamamos perras a las perras? Al fin y al cabo, las canes de verdad son un amor. 
- Mi perra Olivia es mejor que muchas personas - me dijo un chico en un bar, enseñándome su móvil con la foto de su mascota, que reposaba sobre un lecho de hojas y miraba al objetivo con la lengüita fuera.
¿Por qué llamamos a las mujeres malas como los animales más fieles y bondadosos de la Naturaleza? 


Las perras, como los perros, hacen lo que le decimos. Son obedientes en exceso. Por tanto, llamar perra a una mujer es llamarla, ante todo, puta. 
Bitch en inglés significa tía zorra, pero también sirve para descalificar a las putas y a los maricas. A los que reciben por culo o a los que se lo están mereciendo.
Como la mayoría de los insultos, es una cuestión machista y, como pocos, es equivocado semánticamente, al menos en castellano.
Porque lo que define a una buena perra es su astucia. Sí, es más correcto llamarla zorra. Además, suena con más fuerza, con esa zzzz, que no sólo la llama zorra, sino también imita el sonido de una serpiente. Pero qué zzzzorra.
Oh, nos encanta imitar a los Estados Unidos y ahora, además de perra, también decimos bitch.
Allí es parte del slang y se usa como muletilla. Hay quien no se quita el bitch de la boca.


Las bitches están de moda desde hace unos años y la influencia de las series de Aaron Spelling se dice considerable en la era del cinismo, el mal pensar y el peor opinar. 
- Tengo que acabar con esa perra - dije de la novia de Dee.
No la conozco, pero tiene en su poder al macho que me gusta. Ergo, es mala, es una villana total, es Joan Collins as Alexis.
Somos perras, sois las perras.
Encontrarse alguien bondadoso es chocante. Sin ir más lejos, mi monitora. Es tan buena y tiene un carácter tan suave y confiado que la pobre no está de moda. 
La posmodernidad ha relativizado hasta la maldad y ha considerado que el ser humano no puede ser bueno. Todo bondadoso es un tío aburrido, toda bondadosa es una mosquita muerta. 
La maldad ha devenido en el principal motivo de erotismo y hasta una señal de triunfo social. Quien sabe decir el buen comentario venenoso tendrá muchos amigos, que serán azotados por cínicas calificaciones a la hora del cóctel.


Ay, qué perras, qué zorras son estas tías, decimos. Las adoramos en la pantalla y las detestamos cuando son nuestras jefas, cuando le echan el ojo a los novios que no son suyos, cuando retienen a hombres mejores que ellas o cuando nos ponen la zancadilla. 
Es cierto que la sociedad machista tiende a villanizar un comportamiento que se disculpa en los hombres. Hay perras que lo son porque son mujeres amargadas, aplastadas o malentendidas. O, sencillamente, porque ostentan una posición de poder y mando. Head bitch in charge!
En mi humilde opinión, la maldad, la gilipollez y la bordería me resultan igual de inaguantables venidas de cualquiera de los dos sexos. Y, al final, siempre tienes una opción: ser una perra o no serlo. 
Lord Diario, se impone la pregunta, ¿cómo reconocer a una perra?

- Mirada aviesa. Hay tías que entran por la puerta y está claro: la perra is in da house. Esos ojos destroyer de superioridad y suficiencia son la primera señal para echarse a temblar. La ceja arqueada, la segunda.


- Comentario hiriente. La fuerza de la perra está en su elocuencia. Hiere con las palabras y hay quien no se da cuenta del daño, porque algunas son unas pasivas agresivas de campeonato. 
Otras son más brutas y propician pelea desde que llegan y dicen "qué gordita te veo de cuello para abajo".


- Equívoca apariencia. Las villanas de la vida real pueden pasar desapercibidas, porque no van sobrevestidas como las malas de culebrón.
Entra la figura de la mosquita muerta; es decir, Olivia de Havilland, que era la cándida paloma oficial del cine clásico y hoy sólo basta mirarla para saber que era una lima nueva.


- Pasado. Un repaso a los antecedentes deja en evidencia a toda buena perra, que viene de lejos y la ha armado fina con anterioridad. Lo suyo es una historia de perrez.


- Agenda oculta. La maldad de verdad está lejos del estatismo, siempre se mueve, se transforma, cual energía de la Naturaleza. Por eso, toda perra tiene un plan. Y eres muy pringado si crees que te lo va a contar.


Le diré la verdad, querido Diario: yo siempre he querido ser una perra, pero ya no. Se me daba bien a medias y la maldad sólo conduce a tropezarse con más maldad. La propia y la ajena.
- No tengo que acabar con ninguna perra - me digo ahora.
Que jodan a las perras, que jodan a mi perrez.


Y que nadie se equivoque. Ser bueno is the new black.
El alma vuelve con fuerza y usted concordará conmigo: no hay mayor victoria en este mundo que llegar a viejo siendo buena persona. Es díficil, sí, pero es donde está el mérito y la mejor manera de vengarse de los demás sin hacerlo.
Sea como una película de Frank Borzage o como una canción de Mocedades, querido Diario. Enamórese de verdad, ame de verdad, sea gentil de verdad, sea hermoso de verdad.
Sea una perra, pero de las que reposan sobre lechos de hojas y son mejores que muchas personas.

1 comentario:

  1. Esto me hace recordar de la película Dolores Claiborne en 1995, con Cathy Bates y Jennifer Jason Leigh. Es una de esas historias en las que mujeres sobreviven, endurecen y en algún momento un personaje femenino secundario dice: " Sometimes, Dolores... sometimes, you have to be a high-riding bitch to survive. Sometimes, being a bitch is all a woman has to hang onto."
    Pues creo que de todas las denominadas perras que andan por ahí (y no me refiero a Lassie) prefiero a las que sobreviven para contar la historia.

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.