miércoles, 30 de diciembre de 2015

2015


Querido Diario,

El año fue un espejo y se llamó Villa Tranquilidad. Así lo decidí y lo puse en palabras: "Ya sé lo que quiero en esta vida, aquello que perseguiré siempre. Se llama tranquilidad".
2015 quería la paz y la obtuvo, pero las noticias me contradecían. 
Sonaban los tiros sobre las ciudades encantadas, se asaltaban revistas de humor en nombre de dioses perdidos y, entre opinión y opinión, a nosotros nos pusieron una mordaza sobre nuestras bocas. Así lo decía la ley: todos callados. 
Entonces, le di una pausa a Villa Tranquilidad, me enfadé a golpe de estados de Facebook y mis compatriotas y yo hablamos con el voto en dos ocasiones. 
Todavía espero una respuesta a la sumaria decisión, aún la esperamos. Así fue 2015, pendientes del resultado, apostando por un margen de equivocación.


Como París, nuestra paz sobrevivió tras el desastre. No había mayor plan que reírse de todo y continuar con la labranza.
"Estamos a millas de la comodidad, hemos atravesado el océano y el mar, pero si estamos juntos, no hay otro lugar donde prefiero estar", cantaba una de las canciones que sonaban en el gimnasio.
2015 fue un año de resultados en Villa Tranquilidad.
Mi cuerpo se ejercitaba por las mañanas y cambiaba por las tardes. Me miraba al espejo por la noche, sin camiseta, esperando una respuesta. A veces, la obtenía. Me contemplaba el pecho, el estómago, los brazos. Se fortalecían, se insinuaban. Los buscaba con la mirada, los esperaba.
Ya no podía vivir sin volver al gimnasio. Los fines de semana sólo quería que llegase el lunes. Era el lugar donde prefería estar.


Yo, que andaba por la vida en silencio desde hace muchos años, que evitaba la gente que no se parecía a mí, que prefería sonreír y hablar poco, entendí que podía bailar al ritmo de alguna canción olvidada en el tiempo. 
Y así, Dee. Así, Ryan. Así, tantos otros.
2015 fue el año de la amistad. Los amigos llegaron desde todas partes del mundo, diferentes entre sí. Y, oh, milagro, hombres hetero. ¿Se dará cuenta que soy gay o quizá no le importe?, pensaba cuando Dee hacía tantos esfuerzos por hablar conmigo, por sacarme una complicidad. 
Le costó, pero lo consiguió. Hasta se introdujo en mis sueños, quizá un poco en mi corazón, siempre en la amistad y la confianza.
Ryan, ¿qué decirle de Ryan, Lord Diario? Fue también sorprendente, inesperado, entre películas que revisitábamos para votarlas en un campeonato sin fin y, de repente, risas, sonrisas, ganas de saber del otro, con kilómetros de por medio.


Pero le mentiría si me quedara sólo con Ryan y Dee. Se lo he dicho: 2015 fue el año de la amistad. De los que lo eran y de los que lo serán. 
En 2015 me pintaron un cuadro y me lo enviaron a casa, encuadernado, con el agradecimiento de la emoción. Elías Armas, el pintor, se había conmovido con uno de mis escritos. Allí estaba el retrato, sobre una foto de hace años.
Y este corazón se abrió en Villa Tranquilidad, porque tras años de hastío, se dijo rejuvenecido. Me miré al espejo y los años retrocedieron al ritmo de las agujas del reloj, sobre el cuadro de Elías. Un Dorian Gray a la inversa, diríase.
Fue cuestión de cardio, será razón de actitud.


2015 fue el año en que empecé a ganar dinero. Como traductor y community manager. Poco dinero, pero suficiente, valioso. La luz al final del túnel, sólo dos pasos improvisados antes del baile definitivo, el mejor antídoto a aquella venenosa nada.


De todo lo que he conseguido, Lord Diario, entendía que podría haber logrado el doble, el triple, con un poco de más acción, con un poco menos de pereza. 
Pero entonces me di cuenta y lo escribí en sus líneas: siempre he sido un soberano tímido. Es la piedra con la que me tropezaba y no me daba cuenta. ¿Qué me pasaba? Que me daba vergüenza, que prefería esconderme detrás del sillón. 
La revelación llegó tarde, pero se sintió como una declaración. Estoy orgulloso de ser tímido, pero haré lo posible para disimularlo cuando valga la pena. 
2016 me pone colorado, sí.


Escribí, escribí. Empecé el año escribiendo, lejos de estas líneas, preguntándome dónde estaban los maricones en este pueblo o qué fue de reírse de Dios. 
Y, de repente, el bloqueo, la desgana. Estaba a punto de confirmar la dramática historia de mi inacción creativa cuando, una noche de desvelo, irrumpieron las mágicas palabras: "El Diario Íntimo de Josito Montez". 
Manos al teclado, gifs de felaciones y usted, visitado y revisitado. 2015 lo creó a usted, celébrelo, felicítese. 
Quiero pasar a su lado mucho tiempo, pero he aprendido que jamás hay que bajar la guardia en estas cosas del escribir. Un día me despisto y al día siguiente, no encuentro nada que decir. Es una tarea agotadora, pero a ella estoy condenada. 


2015 fue el año en el que leí "Martin Eden", en el que no terminé "La Regenta", en el que volví a Anne Rice y la encontré entretenida y sensual, tal y como la recordaba desde mi adolescencia.
Fue el año de las películas - ¿cuál no lo ha sido? -, de Julianne Moore con el Oscar y del Desafío Cinéfilo como remate perfecto.
Fue el año de "Todo está perdonado". Fue el año de volver a la paz tras el horror. Con los ojos anegados de sangre y lágrimas, querremos ver Villa Tranquilidad por última vez. 


Fue el año de Nick Jonas, de Pietro Boselli, de todos los chicos del porno gay - oh, Mark West -, pero apenas dos ó tres caballeretes en la realidad. 
Ay, qué poca acción ha tenido este cuerpo durante 2015. Y con lo coche deportivo que me está quedando, qué desperdicio. 


Le seré honesto: preferí otras cosas en 2015 y ninguna se conjugaba con polvos rápidos y coqueterías exprés. Ahí estuvieron las miradas de complicidad, los abrazos, los agradecimientos. Me he sentido muy querido en este 2015, Lord. 
Además de Villa Tranquilidad, mi misión inesperada ha sido tocar a la gente que vale la pena. Que sepan que he pasado por sus vidas, que el mundo merece ser habitado, que es una victoria ser bueno, que, a veces, ganan los mejores.


En 2015 busqué con la mirada y lo sigo haciendo. El amor está ahí fuera, lo sé, Lord Diario, estoy seguro. El día menos pensado, lo encuentro. Quizá lo haya hecho ya. 
Tal vez, de esto se trate. He llegado. He atravesado el océano y el mar. Ahora sólo me queda seguir bailando.


Baile conmigo un año más, Lord Diario, y le daré todas las palabras, mejores, más precisas, más sentidas. Cada vez que llego hasta aquí, siento que sé un poquito menos de todo, que empiezo de nuevo. Que este 2016 nos traiga ese comienzo, una y otra vez. 
Y que mi tranquilo, amado 2015 quede en esta foto, donde me coloqué un sombrero y me vi mejor que nunca, temeroso de que mi felicidad se terminase.


Ojalá el tiempo se detenga, ojalá viva para siempre. Salud, República y penes en la boca, digo al brindar.
Feliz Año Nuevo, Lord Diario.

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