lunes, 28 de diciembre de 2015

Desafío


Querido Diario,

El Desafío Cinéfilo es el broche de oro que necesitaba este 2015. Se lo digo claro y se lo escribo en mayúsculas.
¿Que no sabe qué es el Desafío Cinéfilo? Señor mío, los rabitos de pasa son magníficos para la memoria. ¡Atíborrese, que lo veo patinando!
Como juré hace dos noches, estas Navidades me entrego a una retrospectiva de mis películas favoritas, que concordamos en un número de veinticinco. Por cierto, qué inesperada atención suscitó ese post de sábado. ¡Se ha convertido en el artículo más leído del mes!
He de matizar: de desafío, nada. Es todo un placer volver a las obras que adoro, incluso si las he visto mil veces. 


Yo confieso: consumo muchas películas y series, a razón diaria, pero soy de atención difícil, cuestión agravada con los años. Me cuesta mantener el hilo con la mayoría, porque se me va el santo al Cielo y luego al Infierno. Le doy al Pause, miro el teléfono y, si la cosa se hace cuesta arriba, mejor que la película no supere las dos horas o moriré de angustia.
Oh, eso jamás sucede con mis veinticinco. Se me pasan volando, aunque las pueda recitar de memoria. El secreto debe andar entre lo que me interesan y lo bellísimas que me resultan.
En serio, ¿puede alguien cansarse de "Johnny Guitar"?


¡Aún no he visto ni la mitad! 
"Camelot" y "Drácula de Bram Stoker" han sido revisadas este mismo año, así que quedan, por el momento, fuera de la retrospectiva. 
Cuente entre las que he disfrutado hasta ahora: "Cita en San Luis", "Sólo el Cielo lo Sabe", "El Tercer Secreto", "Johnny Guitar", "Brokeback Mountain" y "Al Servicio de las Damas".


"Brokeback Mountain", sí. Recordará el pánico que me producía revisitarla, por el miedo a los efectos del tiempo sobre película tan mitificada por servidor, pero sobre todo, por el reparo a revivir la devastadora impresión que me dejó hace diez años.
Pero ayer era el día vaquero y, tras Vienna y Emma, tocaba Ennis y Jack. Sin miedo, como dice el póster. A por ella, me dije, y metí el DVD.
Y, oh, Diario, las cosas han cambiado en diez años. Para mejor, ojo.


He visto mucho y, a veces, muy duro desde entonces y la película no me ha dejado en el puto suelo, cual hizo en 2006. Estoy grande como espectador. 
Lo entiendo un aspecto positivo, porque le he perdido el miedo a "Brokeback Mountain". Sé ahora que puedo verla muchas veces y disfrutarla, porque, sí, es una gran película. Lo era y lo sigue siendo. Un tanto esquemática en ocasiones, pero brava, hermosa.
Mientras la revisaba anoche, pensaba que su dirección es tan expresiva y llena de detalles que podría seguirse la trama con el sonido apagado. Y este es el mayor elogio que se puede hacer a cualquier pieza de cine: que funcione como si fuera mudo, que los diálogos sean sólo un accesorio y que lo principal esté en las miradas, los gestos, la fuerza de las imágenes.
Lo más delicioso de "Brokeback Mountain" sigue siendo lo que queda por debajo, sus mil incógnitas. Pocos melodramas tan sofisticados como éste han competido por un Oscar y, quizá por eso, lo perdió.
Mentira: lo perdió porque dos hombres follan.
Debieron contarle a la Academia el cuento de que Ennis del Mar tal vez no era gay, sólo un ser humano y, por tanto, imposible de resistirse a Jake Gyllenhaal. Habría que ser una persona ciega para no querer follarle el culo a ese caballero, observaba anoche.


Ahí llega otra diferencia. 
Cuando la vi en su día, yo me imaginaba como Jack Twist llorando por las esquinas en pos de los Ennis de la vida, esos que nunca aceptan lo que son o lo que desean. 
Me impactó Heath Ledger en 2006 y me prendé de su Ennis atormentado, pero, en esta ocasión, me voy con Jake en todos los sentidos. 
Supongo que, con todas las correrías que viví y superé en estos diez años, ahora, aunque sigo siendo Jack Twist, sólo quiero otro Jack Twist. Vibrante, posible, honesto.
Personaje maravilloso para un actor que nunca ha estado mejor. Qué ojazos puestos al mejor servicio dramático. Con lo decepcionante que ha sido la mayor parte de su carrera, es un placer recuperar semejante músculo de interpretación.


Una última consideración, mi Lord.
"Brokeback Mountain", que cuenta una tremenda y dolorosa historia de amor homosexual, no es exactamente una película sobre homosexualidad. Trata sobre qué significa ser un hombre y si vale la pena mantener la ficción que supone. 
Desvela que el hecho de que dos hombres busquen la tierna caricia del otro es tan gran tabú como cualquier follada anal a la que se presten.


Vienna lo arreglaba todo con diatriba sobre la tolerancia y cuatro tiros, se lo digo. 
Entre necesarios resúmenes del año y nuestra coronación del Maromo - ¿ha votado ya? -, prometo contarle más cosas sobre mi Desafío Cinéfilo.
Ahora me toca pasar la velada con cierto gato.


Ay, ¡Hotel Flamingo! No puedo esperar. Hasta mañana, Lord Diario.

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