jueves, 10 de diciembre de 2015

Felación


Querido Diario,


Hablemos de sexo. Hablemos de sexo oral. Oremos de sexo.
Hay cosas que son para chupar, dijo el sabio. Es donde está la delicia de la vida: saborear y nunca devorar, chupetear pero jamás tragar. 
Y, aún así, el sexo oral es el rastro simbólico de los caníbales que una vez fuimos. Porque, cuando la chupamos, se pregona el eufemismo de que también la estamos comiendo.
El ser humano, como todos los mamíferos, se las pasa succionando desde la cuna y su primer trauma es cuando le quitan el pezón materno de los labios. Luego se chupa al dedo, hasta que entiende que, si quiere crecer y ser respetado, debe parar de salivar cualquier parte de su cuerpo.
Andamos por la vida y no olvidamos. Anhelamos las tetas de los otros, sus dedos. todos sus apéndices, por simple añoranza, por ancestral hambre. 
El sexo, ese patio de juego de los mayores, entiende de chupar, pero algo más que el propio pulgar.


El sexo oral ha sido tabú, como cualquier práctica sexual que escape a la procreación. Meterse una polla o un coño en la boca era tal grosería como hablar de sexo. 
Durante mucho tiempo, fue considerada una práctica humillante, tanto para los hombres como para las mujeres. Bajar, descender, empequeñecerse ante el otro.


Aún así, la felación vivía de facto en los dormitorios tanto como ebullía en esas mentes deseosas por sentir el roce de los labios del otro en los genitales. El placer, oh, el placer; sólo en casas de moral relajada y previo pago de su importe, la mamada estaba asegurada al caer la noche.
Cambió el mundo, se habló de sexo, pero todavía los hombres sueñan con felaciones, las verbalizan, las sacralizan.
Cunde la leyenda de que a las mujeres no les gusta el sabor de sus pollas, que no son demasiado diestras en la práctica felatriz, que prefieren hacer otras cosas en el sexo.
Agarrado al micrófono, cual Doctora Ochoa, acudo a las mujeres en plató:

- ¿Os gusta chupar pollas, chicas? - pregunto.

La mayoría dicen que sí. Algunas se confiesan adictas. Otras consideran que chupan un poquito y luego pajita. Todas, que, si hay que elegir, que se bajen ellos a por el oro.

- ¿Te llevo las bolsas de la compra, guapa?

- Prefiero que me comas el coño, la verdad.

Tenía esas informaciones sobre la mesa y aún dudaba. Comparando profesionales de la fellatrix como son los actores y actrices porno, veía la abismal diferencia. 
Los chicos del porno gay la chupan con más intensidad, destreza y calidad que las señoritas de porno hetero. 
¿Acaso era cierto ese relato de que, hasta que no te la chupe un tío, no sabrás lo que es bueno?
Querido Diario, esta investigación me tenía verdaderamente con la boca en O.


Dudaba yo de venderme a cualquier conclusión. Supongo que los hombres tendremos la ventaja del conocimiento de la anatomia pollística y más fuerza física para aguantar ese dale que dale.
Pero, querido Diario, usted que chupa y desea ser chupado, le diré que todo está en la práctica. Cuanto más chupe, mejor lo hará. señor mío.
Y si le gusta lo que saborea, si pertenece a alguien que desee, adore y respete, se lo prometo: entrará hasta la raíz.

- ¿Y tú qué, Josito? - preguntó el viento, que pasaba por allí.

He visto chupar pollas en el porno toda mi vida. Al principio, la felación me parecía una cosa tremenda, una imagen espectacular de puro escándalo y pérdida general de papeles. Esas trancas enormes, esas caras deformadas de tanto abrir la boca para encajarlas.  
Pero también eran deseadas, salivadas desde la distancia. Cómo se sentirían en la boca, a qué sabrían. 
Cuando probé la primera, me decepcioné. No contaba con algo que el porno roba: el olor. Y aquello se me hacía sucio e incómodo. Tampoco sabía la técnica adecuada y le hacía daño al caballerete que, pese a todo, seguía excitado. También era su primera vez.
Con el tiempo y las ocasiones, el gusto se dijo adquirido y mejoró la destreza, aunque siempre el tino fue mejor si la polla era bonita, sabía deliciosa o su portador me caía bien. Si no, puede que lo hiciera fatal, de manera inconsciente. Detesto los que se ponen a dar órdenes mientras lo haces - mírame, con más fuerza, haz ruido - o los que buscan atragantar. 
La felación es obligada en el sexo, pero no se ha librado de esa pátina grasienta de machismo. Hay quien se cree que está dominando con un palo cuando es felado.
A salvo de indeseables, diré que me gusta meterme penes en la boca, saborearlos y ver la cara que ponen los tíos cuando lo hago. Lo he hecho en muchos lugares, hasta en plena calle, escondido en la oscuridad de los portales o agachado entre dos coches.
Y he conocido pollas tan maravillosas que prefería chuparlas a ser chupado.


Permítame, Lord Diario, que me centre en el sexo masculino, porque, del femenino, sé poco. Me temo que comerme un coño está en la lista de las cosas que no haré en toda mi vida.
Permítame entonces que le de unos consejos para que se lance, se atreva y saque un diez en esa gran asignatura de la vida que es comer pollas.  
Tome nota y abra bien la boca.

- Dientes, dientes. Cuidado con los dientes, ¡cuidado!. Hacen daño a aparato tan sensible como es el pene y más si lo rasgan de arriba abajo. 
La cuestión es hacer como cual pajita de refresco: chupar con los labios y succionar la polla con los carrillos para dentro, como si fuera una diva haciéndose la delgada de mofletes. Morgan Fairchild y adelante.


- Cuide la arcada. El reflejo nauseoso es aquello que sucede cuando nos meten un palo demasiado atrás en la boca y dan ganas de echar la cena. Con la polla, acontece cada dos por tres, por lo que insertarla todo lo que quisiéramos no es posible. 
Hay quien lo controla, hay quien no lo tiene y hay hasta los que encuentran sexy el ruido de atragantarse. Gente para todo.  


- Intensidad. Sea usted intenso, my friend. Si se une a la fiesta del sexo, que sea entregado, de verdad, con ganas de mejorar, con la necesidad de que el otro disfrute. Hágalo con ritmo, con fuerza, con delectación. Como si no hubiera mañana o como si pasado no tuviera rabo que chupar.


- Creatividad. Dije que la gente es poco romántica para las relaciones y hoy añado que también es seca en cuanto al sexo. El automatismo es lo que nos hace vulgares y aburridos. 
Fatal toda esa dinámica de chupar o ser chupado para sacarse la leche y adiós, muy buenas, qué asco lo que acabo de hacer. 
Invente un mundo nuevo cada vez que baja al pilón y, siempre dentro de la sensibilidad del aparato en cuestión, sorprenda al receptor con un giro inesperado en los acontecimientos.


- Cada polla es un mundo. La práctica me enseñó que hay pollas y pollas, del mismo modo que hay hombres y hombres. Cada cual tiene sus preferencias; unos lo prefieren más profundo, otros, centrados en el lengüeteo de la punta y hasta encontré uno que quería que usase los temidos dientes.
También atienda a la diferencia entre pichas circuncisas o no circuncisas. Aquellas requieren más saliva, éstas dan el juego del prepucio. 
Tampoco se obsesione con agradar al otro, especialmente si lo acaba de conocer: con que se la chupen, ya podría darse con un canto en los dientes.


- Salve al mundo. Uno de los mejores títulos del porno gay fue aquello de "Suck Dick, Save the World" (Chupa Pollas, Salva al Mundo). 
Hágalo, practíquelo, piérdale el miedo, adquiérale el placer, a cualquier hora, porque sí. Como acto de amor o como declaración de rebelión. El mundo será mejor si chupa usted un millón.


Y, si quien recibe el mamadote, pone cara de satisfecho y sonríe, póngase la medalla: es usted un mamón, pero de los mamones que entregan y nunca roban.


Ay, Diario, no paro de salivar y juro que ya ha cenado. Voy a meterme el dedo pulgar en la boca por aquello de la nostalgia. 

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