viernes, 25 de diciembre de 2015

Navidee


Querido Diario,

Apuesto mi vida a que usted padeció una tarde de Nochebuena en Harrod's, a la caza desesperada de un mágico regalo para Lady Diario, su paciente y embarazada esposa, antes de atrapar el primer helicóptero y aterrizar en algún lugar escondido de las afueras londinenses para pasar una Nochebuena de ricachón, allá donde están la gente del buen dinerar y el sereno disfrutar.


Le confieso que mi familia ignora a Papá Noel, este año por primera vez, y lo compensamos con una cena memorable, que comenzó con una discusión sobre la actualidad política que me hizo querer esconder bajo la mesa, pero progresó a las risas, el alcohol y la buena compañía de primos, tíos y demás. No me puedo quejar, Lord Diario: mi familia es un regalo.
En plena cena, recibí un mensaje de Dee. Se encaminaba al bar gay de Santa Cruz a trabajar como camarero. Se le notaba nervioso, tanto en lo que escribió como en lo que grabó en un mensaje de audio. Me deseó una Feliz Navidad y confesó que yo le parecía un tipo genial y estaba encantado de conocerme. Me ruboricé como quizá él lo había hecho al decir eso: no es fácil para cualquier hombre decir eso, ni siquiera para mí, que soy muy de poner el corazón sobre la mesa.
Quise que me crecieran alas para poder ir y volver hasta Santa Cruz - el transporte público en Nochebuena es el horror -, pero me hice de rogar y el sueño fue más fuerte que Dee. Me quedé sopinstant a las dos y media, viendo "Recuerdo de una Noche".
Dee me ha contado hoy que se divirtió mucho y espera que lo vuelvan a llamar. Mañana nos volveremos a ver en el gimnasio y la vida, sólo el Cielo lo sabe, seguirá.

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