jueves, 31 de diciembre de 2015

Scott


Querido Diario,

Vivo entre marañas de imágenes y recuerdos, salpicados a temprana edad desde la televisión. ¿Cómo no podía amar a Clint Eastwood, el bello, impérterrito Clint de finales de los sesenta que Televisión Española tenía el gusto de presentarme? Aquel que empuñaba las pistolas para Sergio Leone y, sobre todo, para Don Siegel.
Como actor y director, cuenta la leyenda que creció con las décadas, pero yo le daba al Pause cuando se descamisaba en las reposiciones de tempranos clásicos como "La Jungla Humana" o "El Seductor". Para mí, Clint siempre fue el más macho. 
Aún cuando lo veía viejo en la platea de los Oscars y el tipo miraba de reojo, yo decía:

- Todavía está buenísimo. Si me dijeran que me tengo que follar a un abuelo, sé cuál sería mi respuesta.

Mientras yo le daba al Pause, en algún lugar de Carmel, crecía Scott Reeves, el hijo de Jocelyn, una azafata que había tenido un largo romance con Clint Eastwood, a espaldas de su pareja por entonces, Sondra Locke. 
Nadie supo de Scott hasta que su padre lo presentó como suyo en 2002 y le otorgó el apellido que jamás figuró en su partida de nacimiento. A Scott se le puede ver en "Invictus" y también en "Gran Torino", donde su padre, que interpreta a un señor muy cabrón e intolerante, le dice: "¡vete de aquí, maricón!".
Hace dos años, Scott Eastwood protagonizaba un reportaje en el Town & Country donde encendía un puro, miraba de reojo y ahí se paró Internet.
Yo, como Joan Bennett en "Secreto tras la Puerta", entré en la habitación y dije: "¿Esto es una copia?"


Hace pocas horas, Scott Eastwood posteó en redes sociales una foto de su adolescencia, donde se le ve en el borde de una piscina junto a su hermana. Dice que entonces era un gamberro y agradece a su padre que lo llevara por la buena vereda, cantándole las cuarenta y quizá diciéndole que le alegrara el día con menos niñatez y más sensación de futuro.
Hay fotos donde Scott es Clint, el Clint más joven, aquel que salía en televisión en los primeros años sesenta. 
Scott, que vive a la sombra de su padre con respeto, admiración y ganas de emulación, se presta a la copia, al homenaje, a la revisitación.
El mundo adora el remake.







Se puntualiza. Scott es una versión más juvenil, más rubia, más linda de Clint Eastwood. "He's dreamy as fuck", asegura mi amigo Ryan.
Hay quien dice que es mucho más guapo que su padre, otros, que ni de lejos. "Clint es más hombre, más presencia". 
En cualquier caso, Scott es una belleza, de las mayores y más espectaculares que han salido en los últimos años. Es la perfecta definición de un starlet de Hollywood y, como tal, no para de fotografiarse, de instagramearse y de conquistar al mundo. Lo que hay que hacer.
Se confiesa como trabajador nato, asegura que no es el mejor actor del mundo y su padre, como ese tótem inalcanzable, aparece en sus conversaciones y entrevistas sin problemas, aceptado, entendido.







He repetido miles de veces durante 2015 que este era el año de Scott Eastwood. Ha intervenido en varias películas, se le cazó en un vídeo musical y no quedaron más rogativas cuando lo vimos en el spot de Davidoff, anunciando la misma colonia que usa servidor de toda la vida.
Scott, que es un tipo de acción, hace deporte, viaja a través del mundo, tiene muchos amigos, bebe, cena, vive como un Dios. Y otorga la impresión de ser un gran chico.





Lord Diario, hace mucho que terminaron aquellos heroicos tiempos del Pause, gracias a los dioses. Ahora, para ver a un tío descamisado, sólo hace falta darle al Google o venir a este blog. 
Ay de Scott Eastwood al natural, con los mismos pezones pequeños que su padre, igual de macizo, totalmente delicioso.






Si todavía se pregunta por qué se escribe y adorna de Scott Eastwood hoy en este blog, entenderá que necesita un bofetón en esa faz de atontado. 
¡Scott ha ganado la elección del Maromo del Año, tal y como rezaban mis designios durante todo el 2015!
Ha estado hasta en la sopa y yo encantado, oiga.


Scott ha vencido con margen de diferencia final sobre sus competidores, pero esta ha sido la elección del Maromo del Año más vertiginosa y reñida de todas las celebradas. Tres de los candidatos han disputado ese primer puesto en múltiples ocasiones.
Con la medalla de plata, se luce Michael Fassbender, el peso pesado que cumple la máxima: si no gana, se lleva el segundo puesto a dentelladas.
Y el tercer premio va para Justin Theroux, a sólo un voto menos que Fassy, y, sin duda, el ganador moral de esta elección.
Que si empata, que si ahora está por encima de Michael, que si ahora no; para Theroux, esta ha sido una azarosa aventura, digna de un episodio de "The Leftovers".


A todos y todas los que han participado en esta elección del Maromo del Año, gracias, gracias y mil gracias por asegurar que esta tradición mía siga siendo tan divertida como el primer día y más emocionante que nunca.
El ganador sólo puede ser uno, bien lo sabemos. Y, por ello, ¡Feliz Año Eastwood!

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada