sábado, 31 de octubre de 2015

Carbohidratos


Querido Diario,

Dios - que se llama Douglas Sirk - se apiade de mi alma. 
Sucedió anoche: me salté la dieta y cené carbohidratos. 
Le explico, mi Lord. Si usted quiere adelgazar o ponerse en forma, olvídese del pan después de las cinco de la tarde. Es el secreto, dicen, y le aseguro que es efectivo. Quítese de hidratos de carbono en la cena y camine una hora diaria. Bajará de peso como un reloj.
Pero, ay, las añoranzas. La noche es cuando más apetece un bocadillo, una pizza, un buen plato de pasta. No soy al único que le pasa, dice mi monitora. "A todos nos ocurre lo mismo", dice con la nostalgia de la que no se come un bocata desde la Primera Comunión.
Ayer, porque era viernes y había sido tan buen chico durante toda la semana, cené carbohidratos - en realidad, nada demasiado relevante - y me sentaron fatal.
Toda la noche con dolor de tripa, digiriendo la tostada de pan integral y las cream crackers. ¿La auténtica alarma? No se trata de que cenara hidratos, sino de que ya no puedo cenarlos.
¿En qué clase de persona me he convertido, querido Diario?

viernes, 30 de octubre de 2015

Escalofrío


Querido Diario,

Si se encuentra usted en un país europeo, caminando por alguna localidad universitaria, recorrida por bares provistos de alcohol y sabida de televisión a cascoporrillo, descuide: habrá Halloween, habrá Erasmus.
Cultura multimediática rima con celebración segura de Halloween y augusta Universidad, con la presencia de los estudiantes de la beca intereuropea, que llegan esta semana en tropel a sus destinos. La Laguna, uno de ellos.
Ambas cosas son un motivo para el paganismo y el pendoneo, dos sensaciones que nunca mueren. La fiesta fúnebre norteamericana devenida en Carnavales globales y el intercambio cultural reciclado en súper experiencia de paso, ¿quién los teme?.
Si sale esta noche con cuerpo de carpe diem, querido Diario, guiñe el ojo y muerda el labio. Lo demás vendrá rodado.


Preveo que servidor se quedará arrullado con alguna película de terror o encomendándose a Mark West, pene en mano. 
Es el problema de tanto ejercicio: me pongo guapo, pero llego destruido al viernes. Como leyó ayer, tampoco me he perdido muchas fiestas de guardar en el pasado, así que esa cartilla vital la tengo llena. 
Ahora, nuevas sensaciones, como la de quedarse en casa. ¿Por qué no?
O, quién sabe, lo mismo me pongo la peluca de Morticia y me voy a bailar en nombre de Rotterdam.
De momento, acomódese en el sillón de orejas, porque saco la artillería pesada y le hago un resumen de mi semana: las fiestas, las películas, las series, los tíos buenos. 
Ya conoce el procedimiento, sólo déjese llevar, una vez más.


- Cierta gente, que es muy suya, cambia Halloween por alguna festividad local parecida que aseguran procede desde tiempos inmemoriales, aunque nadie la recuerde y se dude de su misma existencia. La resistencia al americanismo puede ser muy oportuna en tantos casos, pero quién puede odiar Halloween, fiesta tan cachonda que se precia en reír de lo más serio del mundo. ¡A celebrarla!

- "Cita en San Luis" tiene la mejor secuencia de Halloween de la Historia del Cine, pero es una película navideña, ante todo. 
Lo apropiado es temblar y qué mejor que el díptico telequinésico de Brian de Palma. Póngase esta noche las ultraestilísticas poesías de la pubertad y la destrucción asistida: Carrie y La Furia. Elija una o atrévase a la doble sesión. 
Yo las amo, porque son más que películas de terror y, aún así, hielan el espinazo como la más efectiva de ellas.


- ¿Le da mucho yuyu el Día de los Muertos y todo lo que implica? Olvídese de terrores y subyúguese con un clásico olvidado: Deep Valley
Protagonizada por Ida Lupino y Dane Clark, dos actores tan atractivos como subestimados, he aquí una película preciosa y muy emotiva, llena de esa melancolía noir de la posguerra norteamericana. Cuenta el romance entre una chica tartamuda que vive en un valle aislado y un presidiario a la fuga. Qué me gustan las películas de enamorarse, querido Diario.


- He descubierto "Deep Valley" por recomendación de mi amigo Ryan que, inesperadamente, se ha convertido en el protagonista del post más visitado en semanas. Baes before chests, fue la conclusión extraída tras observar el registro de visitas. Inesperado, pero terriblemente merecido. El de Wichita se hace querer.

- Y el bae autóctono, Dee, también. Esta semana, me partía de la risa cuando salía una cuenta humorística llamado El Típico de Tenerife, que se puede seguir en Facebook y Twitter. Si quiere saber cómo es Dee y conocer el estilo tinerfeño de hablar y proceder, ha de leerla.
No obstante, me temo que la gracia sólo será pillada por mis paisanos o por los que hayan vivido alguna vez en estos pagos.


- Rece y no pare para que me renueven The Leftovers, que se está marcando una extraordinaria segunda temporada. Es la única serie a la que elijo el momento perfecto para verla y dedicarle toda mi atención. Una plétora de belleza ignorada.


- Anoche le di otra oportunidad a la última temporada de Mad Men, serie con la que siempre he tenido una relación de admiración/odio y, en sus recientes entregas, más desesperante fastidio que el cerrado aplauso que le dedicaba a sus primeros años. 
Será cuestión de reconciliarse antes de la despedida definitiva, porque al pecho peludo de Don Draper/Jon Hamm hay que darle la última reverencia. 
Ese Emmy largamente negado y finalmente conseguido decía algo: lo echaremos de menos.


- Otro hombretón maduro que me está volviendo loco es Jeffrey Dean Morgan, ahora presencia habitual en "The Good Wife". Siempre ha sido un hombre atractivo, un Javier Bardem mejoradísimo, como dicen todos. 
Ahora está en año de buena cosecha y, por las caras de guay que pone, lo sabe.


- ¿Qué prepara Todd Sanfield? ¿Qué proyecto se esconde tras su nueva rutina de ejercicios? Al modelo de calzoncillos y personalidad networker, lo veo delgado como nunca y no sé si me gustaba más antes, carnoso y menos estilizado. Que le prohíban el uso de camisetas, en cualquier caso.


- Mark West, Mark West, Mark West. Se lo conté hace una semana, se lo repito hoy. Atención, que la enseña.


Por favor, querido Diario, si bebe, no conduzca. Y recuerde que está casado y espera un hijo. No estropee su felicidad doméstica por un tráigame acá esos polvos con alguna jovenzuela europea con ganas de carnes lordescas.
El amor, siempre el amor. Como dice Avicii en su nuevo e irresistible single: "Waiting For Love", que ha llenado mis oídos durante toda esta semana.
Aquí le dejo el Amouresco vídeo de la canción, mientras le envío un abrazo que dice viernes.

jueves, 29 de octubre de 2015

Droga


Querido Diario,

Yo siempre he querido ser un alcohólico y un drogadicto pero, lamentablemente, nunca he tenido el dinero suficiente. Tremenda confesión de medianoche.
¿Qué obsesión tiene todo el mundo con las drogas?, preguntaba el otro día un comentarista a propósito del culto que suscitan películas como "Trainspotting" o "Réquiem por un Sueño". Qué gran pregunta. Las drogas son obsesión hasta para quien no las ha probado nunca. Son esas ganas de ponerse del revés, de ir a la guerra y perderla, de tirarse por el abismo sólo por el placer de verse capaz de hacerlo.
¿Que si yo he tomado drogas alguna vez? Claro que sí y repito. No he tenido el dinero suficiente o estaría hablándole desde la Clínica Betty Ford, esa donde acaban los grandes drogadictos de la Tierra: los famosos que se ponen muy nerviosos con tanto escrutinio y tanta cámara y tienen la pasta suficiente para que siga fluyendo la mercancía.
Un secreto a voces: hay más gente adicta a las drogas de lo que nadie se atreve a pensar. La mayoría pasan desapercibidos y la vivencia de sus adicciones está muy lejos de lo que cuentan las películas. No hablo de la cultura de las drogas; es un fenómeno mucho más profundo, menos noticiable y se cuenta desde pueblos minúsculos a grandes metrópolis.
Sociedades enteras no soportarían un análisis toxicológico. Alguien - creo que fui yo - rebautizó a este planeta como la sociedad de la farmacia. Entre legales e ilegales, he aprendido que el mundo está dopado, por necesidad, por tontería, por cobardía, por soberano aburrimiento.


Cuando se abren los ojos al grado de mayúscula drogadicción ajena es cuando se toman. De repente, te das cuenta: las tres cuartas partes del bar donde te encuentras está drogada o en proceso de drogarse. Y, conociendo la vida nocturna, el porcentaje de los que me rechazarían la invitación a una raya de cocaína sería ridículo.
Antes de glosar mis drogas, le diré una gran verdad: cada persona tiene su droga. Aunque usted sea sensato y no las pruebe nunca, que no le quepa ninguna duda. Hay una droga perfecta para su personalidad, para su vida, para su paz, para su furia. 
Por eso, son peligrosas. Están dedicadas a animarnos la vida y a destruirla al mismo tiempo.


Ahora le contaré todo sobre mi experiencia con las drogas. O de lo que me acuerde. Como estaba colocado, será menos de lo que debería.
Fumé algunos porros, que me mareaban y me producían una sensación postrante que jamás me ha gustado. 
Una noche, me invitaron a MDMA y me habré tomado en total unas tres o cuatro anfetaminas. El sudor se sentía como aceite y parecía que podía tocar el techo con las manos, pero el resultado de la experiencia fue horrible. El descontrol era tan fuerte que se sentía desagradable. Compréndalo: esta cabeza tiene demasiadas cosas dentro para que la estén agitando cual cóctel. 
Y, al día siguiente, oh. En realidad, eran los días siguientes. No he tenido dinero, pero tampoco he tenido cuerpo, Lord Diario.


Aparte de las drogas legales - alcohol y tabaco -, a las que tuve gran afición y peligrosa adicción desde muy joven - hasta que me cansé de ellas y lo mayor que me estaban haciendo -, he probado cosas que nunca entendí exactamente lo que eran. 
Qué demonios es el speed, que estuve dos días sin dormir. También probé un poco de popper, que huele como laca de uñas y es una sustancia muy querida en el homosexualismo, porque la esnifas, se dilata la vida y follas como un animal. Yo debí probarlo mal o poco, porque no follé como un animal y sólo pensé que olía a laca de uñas.
Yo siempre he tenido una droga predilecta, querido Diario. Esa cuyo nombre no quiero pronunciar ahora por no invocarla, esa que me hace relamer sólo de pensar en ella.


A propósito de lo que decía de la sociedad drogada, debe entender que la gente que toma drogas lo entiende como algo natural, divertido, guay. Llega a comprender que su peligrosidad es parte de la fiesta, que los bochornos que propicia son épicas que contar para la posteridad y que, si se controla, aquí paz y después rayas.
Gente cercana y mayor me inició en el consumo de cocaína como si tal cosa. Yo era muy joven y estaba muy aburrido, así que doble motivo para decir que sí. Me gustó desde el primer día. La sensación de poder, la inagotable gana de hablar y hablar, la resistencia, el estímulo, la glamourización de la realidad. Y ese ácido y vigorizante resbalar de la sustancia desde la nariz hasta la garganta. Ese sabor.
Hay muchos que adoran el ritual de ir al baño y meterse un tirito, más o menos a escondidas. Es otro factor de la drogadicción: el encanto de portarse mal. Yo, en cambio, siempre lo detesté. Me gustaba la tranquilidad de ponerme el tiro, sin tener que poner el pie en la puerta, sin correr a deshilachar el pollito, sin la tarjeta, el billete, el cuidado que se cae, el cuidado que se sopla, el cuidado que, como nos pille el segurata, nos echa del bar. Además, como muchas cosas en esta vida, prefiero hacerlas solo. 
La cocaína es cara, carísima, y jamás me he podido permitir su consumo. Aún así, rasqué hasta lo que no tenía en los dos períodos de mi vida donde las aletas de mi nariz se glasearon, generosas, derechas a estimular a este Montez.
El primer período sucedió cuando tenía diecinueve años. Rondaba con gente mayor que yo, hacía muchas tonterías, me emborrachaba muchísimo y, además, se me notaba la mordida a leguas. Además, sucedía aquí en La Laguna, por lo que entraba en juego el peligro de que se enterase el pueblo entero.
Bochornos, caerse al suelo, conducirse con euforia con gente conocida y desconocida y, a la vez, ir por las noches como si me hubiesen colocado un patinete hecho con nubes de foam bajo los pies. Si quiero otorgar algo, sería la diversión. Pero perdía mucho el tiempo, el ridículo campaba a sus anchas, y, sí, conocía a mucha gente y hablaba hasta con los bastones, pero entablaba pocas amistades de verdad. Y, claro, de follar nada. Cuando se practica la coca, es común que las ganas de follar sean mínimas. 
El poco bolsillo y el cambio de ciudad fueron decisivos, para que me olvidara de la cocaína durante años. Fue un episodio que quedó atrás y los cárteles de Sudamérica vivieron sin mi contribución por entonces.


De repente, diez años después, estaba en un bar de Chueca, fumando en la puerta, muerto de tedio, preocupado por la crisis, sin visos de que me ligaría a algún chico aquella noche, y un marroquí de nombre Said se me acercó.
- ¿Quieres coca? Tengo algo muy bueno.
Me dijo burro y yo relinché. ¿Cuál fue la diferencia? Con diecinueve años, era ingenuo, adoraba la fiesta. Ahora sabía perfectamente el camino que recorría, el precipicio por el que había decidido lanzarme. Sabía de las resacas, de la impotencia sexual, del cinismo, de la avaricia, de la sonrisa tonta, de la nariz chorreante. De que llegue el momento en que no importe que se me note lo que acabo de hacer en el baño. De que escondiera lo mío para no tener que invitar a nadie - los potenciales invitantes salen de debajo de las piedras - y de que todo - más de lo que controlaba - estuviera supeditado al momento de meterme.
Lo hice por tedio y para sentir algo. Lo hice porque era tan alcohólico que las copas ya no me producían nada. Lo hice por alguna razón y por ninguna. Surgió la oportunidad: pude decir que no a Said y le dije que sí.


Durante unos meses, tuve a Said en marcado rápido. España ganaba el Mundial de Fútbol y, entre el rojo que vestía las calles, yo me inclinaba al blanco. Las victorias se celebraban con botella de ginebra y medio gramo. El fuerte amargor de la combinación era delicioso. 
Sí, Lord, aún se me hace la boca agua al recordarlo. Porque las drogas pueden dar malos viajes y hacerte pasar mucha vergüenza, pero es divertido tomarlas. Es placentero y exquisito, un gusto adquirido. Como la cocaína es una de las pocas que se paladea al ingerirla, no sólo queda la sensación que produce en la memoria, sino ese sabor, tan adictivo como sus efectos.
En esta ocasión, ligaba y la coca me ayudaba a ello. Desinhibe socialmente y el ritual de "te invito a un tiro" es el momento perfecto. El cuarto de baño, la cercanía, la preparación, las miraditas, los morreos, el meterse la raya, primero, y la polla en la boca, después. Pero la tragedia de la impotencia. La cocaína excita, pero deja helado de cintura para abajo. Al menos, a mí. Seré sincero por enésima vez: ese fue uno de los verdaderos motivos por los que dejé de tomarla. 
También influyó la economía - me estaba quitando de muchas cosas para costear las noches -, las demenciales resacas de sonarme la nariz hasta no poder con la puta vida y de sentir la lengua como un estropajo de aluminio, entre el arrepentimiento, la soledad y la más absoluta, agónica nada.
Y, sobre todo, aquel día que pasé en comisaría con una botella de agua y la nariz rezumante para denunciar que me habían robado la cartera en pleno pedo. Oh, mi vida parecía destruida entonces. Sólo me quedaba la compasión y el chispazo: pese a que la cocaína era perfecta para mí, yo siempre me sentí más grande que ella. 
Yo he querido ser un drogadicto, querido Diario, pero mi arrogancia, mi sentimentalismo, mi aire de superioridad, mi sentido de la esperanza, así se lo dijeron: soy mejor que tú, mañana será otro día, tengo algo más importante que hacer, ahora mismo me pillas sin un euro en la cartera.
Hasta nunca, drogas. O hasta mañana, quizás.


miércoles, 28 de octubre de 2015

Pecho


Querido Diario,

Mi hoja de rutina de ejercicios así lo dice: el miércoles es día de pecho. 
Día de pecho, o motivar los músculos pectorales para ponerse fuerte de torso y quitarse la camiseta entre el infarto del personal.
El día de pecho es el favorito de los chicos que van al gimnasio. No lo cambian por nada. Uno de ellos así lo escribía en su Facebook:
- Pecho siempre, pecho es sagrado.
Es lo que más se nota, junto a los bíceps. La parte más exuberante de los musculosos, que llega a extremos donde desafían y superan a las delanteras de las mujeres. Los hombres también tienen tetas, nos contó la posmodernidad, y así todos se lanzaron a hacer flexiones.
Entre los chicos del gimnasio, el pectoral es también el mayor motivo de inadvertido homoerotismo.
- Míralo ya con esas tetitas - dice uno de otro, para admirar sus progresos.
- Esa teta da leche - dice uno de otro, cuando le ve una foto shirtless en el Facebook.
Y, ante todo, una de esas frases lapidarias que pronuncia mi querido Dee, digna de grabarla en piedra para la posteridad:
- Tener abdominales de flaco es lo mismo que tener tetazas de gordo.
No hay mérito, dice Dee, el mismo que tiene unos pectorales bien marcados, de esos para despedirse de la camisa en un programa de televisión sin ningún complejo.  


El pecho masculino tiene su Historia y su antropología. En realidad, es un misterio, porque es inútil. De esos pezones no mamará ningún bebé, con lo cual, son inservibles por Naturaleza.
En cualquier caso, quién teme a un torso bien armado. Si me dijeran qué es lo que más me gusta de un hombre, diría el pecho como respuesta rápida. Si es peludo, mejor, pero cualquier pectoral me hace girar la cabeza de manera inevitable.
Cuando yo crecía, el descamise masculino se hizo obligado en las pantallas y servidor entendió que era definitivamente homosexual cuando vio la siguiente foto.


A toda esa rocosidad de Mark Wahlberg, le dediqué tempranas pajas, con especial atención a sus tetas perfectas, que me erotizaban y, a la vez, me hablaban de un nuevo ideal masculino.
La evolución del pecho masculino en las pantallas ha sido drástica. Echar la vista atrás deja en evidencia a los que se creían muy en forma. Clark Gable, Errol Flynn, Burt Lancaster, Robert Mitchum se descamisaban y provocaban alborotos varios, pero, en comparación con los de ahora, faltan unos grados de culturismo.
Relacionado al físico promovido por los beefcake de los cincuenta, irrumpiría el estilo ripped - todo marcado - como luce Wahlberg.
Éste se ha impreso de tal manera en mi ideario erótico que otra cosa me deja a medias. Lo mío es dismorfia, pero ajena.
Muy pocos hombres se quitarán la camiseta y tendrán el pecho de Mark Wahlberg. Y lo de tipos como Mitchum sí era mérito, porque esa era su constitución natural.


En cualquier caso, nada que no curen mil días en el gimnasio, amigos. Yo, que ahora estoy un poco como Mitchum y mi destino es Mark, me declaro poseedor de pechazo y admirador nato del ajeno.
El pechazo en estos tiempos se ha hecho acontecimiento. Que un actor lo consiga es motivo de portada, retuiteo y júbilo general. 
Y, más que nunca, cuando llenarlo de pelos se dice el toque.


Sí, se impone ranking de los mejores pechos de la Historia, en opinión de servidor. 
Me he dejado una legión de bellos torsos en el tintero, pero considero que nadie se puede quejar de la selección.
Pecho siempre, pecho es sagrado.

5. CHARLTON HESTON


El pechornaje: A salvo de la antipatía que susciten su ideología y sus papeles de macho al rescate, Charlton Heston fue, sin duda, un hermosísimo mueble con gran sentido de la aventura que iluminó tantos clásicos de tarde de Semana Santa. 
Quizá el primer actor con el momento shirtless como cláusula contractual, el pechazo de Heston se dice tan imponente como las películas que protagonizaba.
De la época anterior al fitness, lo de Charlton era una escultura natural, con el músculo y el vello en su justo punto.  

¿Dónde? ¿Dónde?: Ciento y la madre. En "El Planeta de los Simios", se pasa desfiladero al aire las tres cuartas partes de la película. 
En "Ben-Hur" y "Los Diez Mandamientos", se glosó el poder de ver al macho precristiano encadenado. 
Mi favorito momento shirtless de Heston lo encuentra con una estupenda juventud, frente a Gregory Peck, en la secuencia más inadvertidamente homoerótica de "Horizontes de Grandeza".


Destino del pechazo: Perenne. Cambiaron sus opiniones políticas, pero el hombre lo tuvo todo en su sitio hasta el final. Cuestión de ser más alto que la vida y poseer esas hechuras de gran padre blanco desde el día que nació. 
Dicen las Paganas Escrituras que, si existió alguna vez un lugar donde sentirse a salvo, ese fue el torso hestoniano.



4. CHRISTIAN BALE


El pechornaje: Un tipo atractivo hasta decir basta, Christian Bale era del grupo de los fofisanos hasta que, por primera vez, se planteó un reto físico. 
La ocasión se llamó "American Psycho" y le dimos la bienvenida al nuevo siglo con la baba colgando por el torso de Bale, cosa guapa y perfecta donde las haya.

¿Dónde? ¿Dónde?: Además de "American Psycho", donde consiguió que nos bailase el ojo con personaje tan repugnante, títulos como "Reign of Fire", "Equilibrium" o sus tres Batman para Christopher Nolan lo cuentan descamisado y con el pectoral en su sitio.


Destino del pechazo: Incierto. Bale es conocido por sus radicales transformaciones para los más variados papeles, desde el lamentable saquito de huesos de "El Maquinista" hasta el gordo con bisoñé de "American Hustle". 
Los brutales cambio de peso y musculatura le han concedido importancia como actorazo, pero, físicamente, lo han hecho envejecer antes de tiempo y esas caderas deben conocer más estrías que mi acordeón.



3. MARLON BRANDO


El pechornaje: Padre santísimo de tantos actores - incluyendo Christian Bale -, Marlon Brando cambió el juego de la interpretación cinematográfica y, de paso, el erotismo masculino. 
Su macho sudado de "Un Tranvía Llamado Deseo" hacía irrumpir el torso bien armado por primera vez y lo hacía requisito para empalmar al personal. Los chicos de la audiencia querían ser como él: en actitud y músculos. 
Pezón al aire, vello mojado y camiseta rota, quién no bajaría esas escaleras cual Stella. 

¿Dónde? ¿Dónde?: Además de "Un Tranvía Llamado Deseo", Brando enseñó pecho peludo en títulos como "Hombres" o "Julio César".


Destino del pechazo: Trágico. Marlon siempre tuvo tendencia a la obesidad, que se agravaría con la edad, los excesos y el divismo. Se puso gordo en cuestión de una década, y gordísimo, en cuestión de una vida. Murió el torso, quedó siempre la leyenda.
Un vistazo a sus primeros tiempos evidencia que no ha existido ninguno como él: ignoramos si está mejor descamisado o vuelto a camisar.



2. JOE MANGANIELLO


El pechornaje: Considerado el actor en mejor forma del Hollywood actual, Joe Manganiello volvió a poner de moda el cuerpazo de gimnasio con su irrupción en "True Blood". No es ningún secreto que muchos y muchas siguieron la serie hasta el final sólo por él. 
Su cuerpo de acero motivó un libro de consejos prácticos, donde nos contó su historia de superación.

¿Dónde? ¿Dónde?: A partir de "True Blood", en toda aparición cinematográfica o televisiva que se precie, Manganiello se descamisa. Sospechamos que lo llaman exclusivamente para eso.


Destino del pechazo: Urbi et orbi. Su alternativa femenina, la pechugonísima Sofía Vergara, es ahora su sweetheart oficial y tiene esos megapectorales en sus garras. 
Como Manganiello es de los adictos al gimnasio, deberíamos despreocuparnos por el futuro de esas carnes magras.



1. HUGH JACKMAN


El pechornaje: El responsable de devolver el torso peludo al blockbuster, Hugh Jackman es, sin más preámbulos, una orgía de señor, con un pechazo que se mueve entre una genética envidiable y sus progresos gimnásticos. Cuando está en su punto, el físico de Jackman rememora a los machos de antaño.

¿Dónde? ¿Dónde?: Dónde no, sería la pregunta. Revise usted desde "Operación Swordfish" hasta "Australia", con indispensable parada en todos sus Lobezno para la franquicia "X-Men".
Sin duda, nuestros momentos shirtless favoritos son sus escapadas a la playa. Entendemos entonces que Hugh es así al natural.


Destino del pechazo: Máximo. En sus últimas incursiones como Lobezno, la cosa ha sido nivel vigorexia, pero a mí no me amargan esas venas. 
En cualquier caso, anuncia retirada de su personaje insignia, por lo que quizá su pecho vuelva a ser esa armonía dentro del Barroco, esa perfección agotababas.
Para servidor, Hugh Jackman es el poseedor del mejor torso de la Historia del Cine.



PREMIO ESPECIAL DEL JURADO: JON-ERIK HEXUM


El pechornaje: Considerado uno de los hombres más bellos que conociera el planeta, Jon-Erik Hexum nos enseñó la triste lección: los pechazos también mueren.
Con sólo veintiséis años, jugaba con una pistola de fogueo en el descanso de un rodaje y ¡bum!, el destinado a ser el mayor astro de belleza masculina de los ochenta se fue para el otro barrio.

¿Dónde? ¿Dónde?: Dos series lo hicieron popular: "Voyagers" y "Close-Up". En el set de ésta última, fue donde aconteció el trágico suceso. 
Los coleccionistas de joyas trash también pueden cazarlo en el telefim "The Making of a Male Model", donde Jon-Erik co-protagoniza con la única e inigualable Joan Collins.


Destino del pechazo: Culto total. Desde su corta carrera artística hasta el día de hoy, el coleccionismo de sus fotografías se resiste a cesar.
No es para menos. Entre la belleza clásica de sus facciones, sus ojos azules y ese cuerpo donde no falta de nada, Jon-Erik era un cromo de hombre. Hay quien dice que demasiado para el gusto de los dioses.


Lo dicho, Lord Diary: pecho es sagrado, ¡a ver esas flexiones!

martes, 27 de octubre de 2015

Bae


Querido Diario,

Dos meses para el fin de 2015, pero me adelanto y le concedo el sobresaliente, la alegría, la voluntad de las mejores cosas. Sí, ha sido un gran año y lo es. Lejos de la espectacularidad del anterior, aunque cerca de un progreso emocionante.
¿2015 pasará a la Historia?.
Si dentro de mucho tiempo y cierta desmemoria, me preguntan si recuerdo el año 2015, es probable que no sepa que contestar en ese momento. Pero si alguien toca la fanfarria final de "El Crepúsculo de los Dioses", sonreiré, sin poder contenerme, y diré: 
- Claro que sí. 2015 fue el año en el que aprendí la palabra bae.
¿Qué significa bae? La primera vez que lo leí, tuve que recurrir al Urban Dictionary. 
Es una abreviación que usan los jóvenes norteamericanos desde la palabra "babe". Tu nena es bae, tu mejor amigo es bae, tu película preferida es bae. Bae también compone unas siglas. B. A. E. (Before Anything Else).
Sí, alguien me llamó bae en 2015. Alguien me sigue llamando bae con frecuencia. Hoy, querido Diario, te contaré quién es el remarkable guy detrás del bae. 
Sí, te contaré todo sobre Ryan. Al menos, lo que sé de él.


La cinefilia es una cosa muy mala, querido Diario, porque es una afición condenada a la soledad. Incluso aunque encuentres almas parecidas, se propicia tal grado de conflicto entre unas opiniones y otras que, al final, se termina por mandarse a tomar por culo de manera cordial. 
También he de decir que hay pocos cinéfilos de verdad y demasiados que simplemente han visto películas. Mirarlas no basta; hay que sentirlas como parte crucial de la existencia y devorarlas con ansia canina.
La pantalla se disfruta sola y mi cinefilia también ha sido solitaria. 
He encontrado amantes del cine, algunos todavía siguen siendo buenos amigos, pero nadie que supusiera un chispazo eléctrico, un hambre para mis ganas de comer. Que me retase, que me espolease a ver más películas. Que necesitase mi opinión. Y, en el proceso, que se convirtiese en el más inesperado de los amigos. 
Entonces, llegó Ryan.


Sucedió sin un plan. Me agregaron a un grupo de Facebook llamado The Cinema Super Friends, compuesto por miembros de varios países, aunque la mayoría estadounidenses. 
Allí se habla de películas de todos los tiempos, se discute, a veces con acaloramiento, y se hacen votaciones, listados y también el mayor proyecto conocido por cinéfilo: los CSF Awards. 
Estos premios recorren cada año de la Historia del Cine con una especie de Oscars revisados. Es decir, darle a películas como "Ciudadano Kane" o "Cantando Bajo la Lluvia" aquello que merecieron en su día y la Academia les negó. 
Es una locura total, porque el propósito es ver el mayor número de películas posibles para cada edición en busca del resultado más justo. 
Ryan, que es el anfitrión y organizador de estos premios, es el más bestia, porque puede verse 50 títulos de un solo año en tres semanas.


Al principio, servidor estaba un poco reticente a ver tantas películas del mismo año en tan poco tiempo, pero se ha desvelado como una manera única de contemplar la Historia del Cine: en orden, atestiguando cómo aparecen y desaparecen las estrellas, las modas, los géneros, las sensaciones, en relación a los acontecimientos históricos. 
Los resultados de nuestras votaciones suelen ser buenos y el experimento es un trabajo bello. Ahora vamos por 1947, quién sabe si llegaremos hasta el final.
Mi primera votación fue justo cuando me agregaron al grupo, Se honraba lo mejor de 1936  y le envié mi papeleta a Ryan, que actuó con el recelo del que no te conoce de nada. 
Durante cierto tiempo, fue parco en palabras conmigo - a veces, sólo ponía un corazoncito cuando le enviaba mis votos -, pero las cosas cambiaron pronto.


Desconozco cuándo le empecé a interesar como amigo, pero a mí me gustó el caballero cuando vi era fan de la serie "Archer" y, más significativamente, cuando publicó las fotos de su boda.
Era todo tan rojo y maravilloso, y se le veía tan enamorado de su esposa... Es uno de esos instantes donde un contacto internáutico se convierte en una persona a tus ojos. Entonces, diríase que lo conocí.
Ryan vive en Wichita, Kansas, justo el lugar que siempre nombro cuando me quiero referir a lo más profundo de América. Él me sacó de dudas: está exactamente en el centro de Estados Unidos.
Ryan ve muchas películas, presenta concursos de preguntas y respuestas en restaurantes locales, toca instrumentos y sabe español. Sí, sabe muchísimo español. Sabe más de tildes que muchos compatriotas que conozco y siempre intenta hablarlo, aunque sus traducciones literales a veces son descacharrantes.
¿Cuándo comenzó la amistad? "Por favor, amantito con el mismo gusto en cinema, dígame qué películas debo ver y help me con mi español". 
Yo le dije que amantito era little lover y mejor me llamaba cariño o amor, pero la broma hizo el resto. Ahora soy el amantito.


Ryan tiene sólo 22 años. Digo sólo, porque pensé que tenía mi edad. Sería la madurez o esa boda lo que me confundió. 
Es altísimo, con la barba roja, más americano que el chicle y tan diferente a sus paisanos por ese grandísimo sentido del humor. Dice que su animal espiritual es el perro pug (o carlino): tranquilo, pequeño y, de repente, tan sobreexcitado. Así es Ryan, sí.
Me gustaría saber más de Ryan, porque soy un cazador de secretos, pero entiendo que hay cosas que no necesito conocer. La mayoría las intuyo, en todo caso. Sé cuando está triste y no lo quiere decir. Sé quizá los motivos.
Como un pug, se anima enseguida. Intento hacerle reír con frecuencia.


Hablamos todos los días por el chat del Facebook. La mayor parte del tiempo sobre cine. Nos reímos muchísimo. 
Y he encontrado un amigo como creía no volver a encontrar jamás. Alguien que te interesa volver a él, para hablar, para conocer su opinión. Sólo por el gusto de conectar.
También es la prueba de lo mucho que han cambiado los hombres heterosexuales. Llámalo aliado, o sencilla naturalidad. Algo salió de las sombras hace mucho tiempo y se ha convertido en costumbre. 
Dee y Ryan - tan diferentes - han sido la gran sorpresa de este año.


Ryan y yo tenemos encuentros y desencuentros, a propósito de nuestras opiniones.
Odiamos a Jennifer Jones y a Greer Garson y veneramos muchas grandes películas. Otras veces, lo quiero matar, porque es muy exigente y, como buen cinéfilo joven, es antinostálgico. Su vivencia del cine es distinta y no tarda en criticar cosas y sensaciones que otros vemos sagradas, porque las disfrutamos desde niños.
Lo quiero matar y me reafirmo en mi eclecticismo, pero sé que tiene sus cantidades de razón. Sé que debo atender a mucho de lo que dice. 
Como Mark Cousins, Ryan entiende que el cine que merece la pena es aquel que suda la gota gorda: nada menos que aquel que cuenta a las personas y desafía los límites. Sí, los verdaderos clásicos son las películas únicas.


Ryan es muy americano de aspecto, pero adora todo lo extranjero, lo que suene a nuevo y distinto.
Busca en Francia, en Japón y en la India, y sueña con viajes alrededor del mundo.
Es inquieto desde su tranquila residencia de Kansas, quizá esperando que llegue un tornado y la eche a volar hacia lugares de Technicolor y verdad.
Gracias a él, he descubierto obras maestras como "La Séptima Víctima" y, gracias a él, le di una valiosa segunda oportunidad a "La Bella y la Bestia", de Jean Cocteau.
Discutir es fructífero, pero estar de acuerdo calienta el corazón.
- ¡Sí, sí, la vi, y me encantó!
- TE AMO, TE AMO, TE AMO.


Bae, sí, soy bae para Ryan. Baecito, dice en su eterno juego con el español. 
Su corazón está ocupado, chicas y chicos. Cuando cumplió tres años de amistad con su esposa, posteó una foto en Facebook. "...and then everything changed", escribió. 
Allí estaban los dos, sonriendo, como la pareja dorada que veías en las películas y esperabas de la vida: el amor instántaneo, la felicidad asegurada. Valora todo eso, Ryan, atesóralo, no sabes lo difícil que es conseguirlo.
A pesar de que es un señor heterosexual y felizmente casado, sé muy bien que Ryan está enamoradísimo de mí y lo demuestra a diario. 
A su juicio, no soy tan guapo como Fassbender - el único hombre con el que se acostaría, en sus propias palabras -,  pero lo suyo por mí es una adoración casi platónica. 
La amistad como ese espejo favorecedor, ese estímulo para ser mejor. Yo quiero ser lo que Ryan piensa que soy.
Quizá para el día en que nos encontremos. En Tenerife, en Wichita o justo en el medio. Será un placer, my friend.
You're a great guy and I love you.


Hoy es un día para celebrar Internet, de nuevo, mi querido diario. Para honrar estos giros de la vida que me dejan aún con la boca abierta y para el raro placer de volver a sonreír, de abrir la ventana y de encontrar gente valiosa, cerca de casa y en los lugares más lejanos del planeta.
Hoy es un día para celebrar la amistad y para seguir cultivándola.
B.A.E. (Before Anything Else).


All right, Mr. Meyers, I'm ready for our friendship.