lunes, 25 de enero de 2016

Anal


Querido Diario,

A lo largo de los años y las vidas, los curiosos de mi homosexualidad me han preguntado alrededor del mito magno del sexo entre hombres. Es decir, la penetración anal. 
He oído desde los interrogantes sobre sus niveles de dolor hasta la petición expresa de consejos prácticos para incorporar la follada por culo en sus heterosexuales camas.
Otros y otras comentaban que ellos y ellas también lo hacían, entre susurros, como ese secreto ignominioso, el mismo que fue ignominioso desde el día en que cayó Sodoma y Gomorra.


Los gayers debemos ser reconocidos como expertos en el tema por cular de manera tan ancestral que a mí me inquirían por el asunto incluso cuando aún no lo había practicado. Y me lo siguen preguntando cuando considero que todavía no lo he hecho lo suficiente para ser una eminencia.
Pero los chicos de la banda del pepino somos mucho de dar y tomar por culo, discurre la sociedad, así que algo debemos saber al respecto.

- Debe ser doloroso - me decía un chico hetero con cara de aflicción - Lo que yo sufría cuando me metían los supositorios.

A todo esto, este caballero le gustaba darle por culo a sus novias, así que el presunto sufrimiento de ellas parecía relativizarlo en esa ecuación.

- ¿Qué lubricante usas? - me preguntaba una amiga - Es que no hay manera con mi novio, oye.


Dudoso depositario de todos los secretos del sexo anal desde temprana edad, habría de confesarle que yo lo temía antes de practicarlo por primera vez, como cualquier hijo de vecino, y deseaba oír las mismas palabras de alivio sobre su práctica y agonía.

- Por el otro lado, por el lado de atrás. No debe estar tan mal... ¡Pero si es lo más! - cantaban los Mecano para mi consideración.

Como le he contado en anteriores ocasiones, la primera vez que me la metieron consideré que no estaba mal. Nada mal. Sí, definitivamente, era lo más.
Me vestí de lubricante KY, confié en los dedos expertos de mi desvirgador y, sobre todo, me apunté a la predisposición.
Porque yo quería hacerlo. Quizá para despejar la incógnita de una vez por todas. Esa incógnita que vivía desde la caída de Sodoma y Gomorra.

- ¿Es bueno el sexo anal?


Como toda actividad sexual improductiva, la azada del tabú lo convirtió en una imagen de degeneración, una práctica repudiable y hasta un delito perseguido por la ley.
Las acusaciones de sodomía, que llegaban a englobar la homosexualidad consentida, la violación anal y la zoofilia en el mismo paquete, persiguieron a todo aquel que se las diera de audaz y tocara la puerta trasera para entrar cual truhán en el estrecho orificio. Estrecho orificio, entendido como salida y jamás de entrada, al que todos nombraban y perjuraban.

- Vete a tomar por culo, que te jodan, que te metan un palo por el ojete.

El sexo anal, esa brutalidad. Sólo aquellos y aquellas con ganas de llamarse perras podían acceder someterse a semejante experimento. 


Cual tabú, existió en oscuros márgenes, en silencios mantenidos, en camas intrépidas. Destapemos el mito: muchos heterosexuales practican sexo anal con frecuencia y no todos los homosexuales lo hacemos.
Tengo amigos gays que no practican sexo anal jamás, porque les parece doloroso y/o demasiado aparatoso. Servidor gusta de hacerlo y, en ocasiones, le encanta y maravilla como ninguna otra situación en esta vida, pero no siempre. Depende de la situación, del compañero de cama, de las ganas. 
Le diré la vedad: hace mucho tiempo que no lo hago, sencillamente porque las últimas veces que he estado encamado con otro ni se ha planteado. Pollas en la boca, pajas, felicidad. No se necesitaba más, ni tampoco mucho menos.


Todo en el sexo es un menú. Gustará más de un plato en la mayoría de las ocasiones, comerá otro cuando el estómago se lo pida o puede que esté en su cuerpo y su naturaleza decir:

- Por el culo, ni dar las gracias.

Hoy, querido Diario, nos dejaremos de mitos, prudencias y reparos. Follaremos por culo. 
Es esta la lección de hoy: todo lo bueno hay que practicarlo, al menos una vez en la vida. Y la zascada por ano es ese universo de sumisión, entrega, placer y paroxismo que sólo se conoce cuando uno se lanza por los más selectos precipicios.
Apunte los pasos necesarios para echar un kiki anal y, si quiere, invite a un amigo para que sea testigo de semejante, deliciosa atrocidad.
Que se levanten Sodoma y Gomorra de sus ruinas.


1) Higiene


Mito: ¿Es el sexo anal cochino y oloroso? Verdad: Puede serlo y hasta niveles insoportables. Hay quien adora el tono de escatología in crescendo, pero servidor lo prefiere en su mínima expresión. 
Le ahorraré historias para no dormir al respecto del estado de ciertos culos que he contemplado a la altura de mis narices, pero le diré la frase memorable de un amigo: "yo follandómelo y aquello empezó a oler a mierda, tío.." 
Como usted será incapaz de controlar la limpieza del otro, mi Lord, hágase un favor y asegure la propia. 
Para limpiar bien ese culete antes de la ardiente cita, se usan desde enemas hasta productos de higiene íntima, pasando por un buen restregar de ojete con el jaboncito. Esto último le hará cosquillitas y le dará un anticipo de lo que le espera.   


2) Relajación


Abajo esos nervios, arriba esa alegría. Vamos a follar, hombre, no a la guerra - aunque ciertos polvos sean la guerra del follar, sin duda -, y es importante estar relajado, seguro, confiado. 
Más cuando le van a meter la artillería por el recto o la va a empuñar usted, viento en popa, a toda vela. 
Si le place, líese un porrito y fúmelo cual Alexandra del Lago. Ayudará a afrontar la batalla. 

3) Procedimiento


Antes del sexo anal, láncese a los besos de todo signo. 
Desde los morreos que asegurarán proximidad, intimidad, confianza, hasta el asunto práctico: para el sexo anal, las pollas deben estar muy duras y los culos, muy abiertos. Felaciones a muerte y besos negros de sensualidad, señor mío. Quien no haga lo último, no será un buen activo. El punto de higiene será agradecido.


4) Preservativo

El sexo anal es súper guay, pero también es la mayor práctica de riesgo conocida, en lo que respecta a enfermedades de transmisión sexual. Ponerse o ponerle la gorra es imprescindible.

5) Lubricante


Hay quien puede con un poco de saliva, hay quien necesita pura anestesia. El mercado está lleno de lubricantes y deben usarse los que recomienden los fabricantes de preservativos. 
Sea generoso y cuidadoso y no espere un truco mágico. A veces, una buena respiración es igualmente efectiva para una correcta dilatación.

6) Técnica


Sea un machote y empuje. Para dentro, no hay otra opción. Poco a poco, pero con fuerza. Pregunte si duele, pero no escatime ni retroceda lo ganado. Entre y salga tres veces seguidas con profundidad y lentitud y, a continuación, pam pam pam. 

7) Resistencia



Sea un machote y aguante. Tanto si la mete como la recibe, esto tiene que durar un ratito para que sea memorable. 
Encomiéndese a todos los santos y a todas las divas si es el follado. Grite si es preciso, quéjese y diga que quiere más en el mismo suspiro. 
Si es quien folla, guarde la lechada en la recámara, disfrute y haga disfrutar. 
Pam pam pam. Cada vez más rápido. Que se oiga el aplauso de las caderas contra las nalgas. Qué calor.


8) Arrojo

Si es usted el más intrépido al oeste del Mississippi, el cielo es el límite. Las posturas son posibles, algunas inesperadamente placenteras. Propicie ese tambor de la próstata desde todos los ángulos.
Lo llaman el punto G masculino y se entenderá por qué si la cosa se torna en polvazo: el pasivo se correrá con el bombeo. Aquí guerra y después gloria.

9) Medalla al valor


Sea un polvazo o un experimento frustado, aguante usted una hora o cinco segundos, aplauda y apláudese.
Es usted un valiente y acaba de poner a la sociedad timorata a la altura del betún. O del mojón, mejor dicho.
Aunque no quiera volver a hacerlo, todo haya sido un desastre y/o su compañero de cama no lo llame jamás, usted ya no se libra: se ha convertido en el guarrete de la vida que todos sabíamos que era.


Y, sobre todo, disfrute y haga disfrutar, mi Lord. Es la auténtica verdad detrás del mito; es el genuino secreto, por detrás y por delante.

2 comentarios:

  1. Cuántas veces me he encontrado yo con machotes heteros que se morían por darme por detrás, 'Sólo la punita,nena', me suplicaban. Y luego a ellos,ni acercarles la yema del dedo al ojete, no sea que se desmonte su masculinidad. Lo que tú dices, "sociedad timorata".

    ResponderEliminar