miércoles, 20 de enero de 2016

Boicot


Querido Diario,

Cuánto boicot y cuánta desesperación. Eche un vistazo a los noticiarios: puro desparrame de acordes y desacuerdos.
En esta tarde de trabajo de traducción más o menos intensiva, el Facebook me tenía más ocupado que al contrario. 
Cuando se pierde el tiempo el día de empleo, parece que se pierde peor. Ni una película ni un intenso discurso sobre la vida y sus significantes: sólo esas pipas de girasol, escasamente alimenticias, que son las redes sociales, los periódicos digitales y todo lo que huele a parodia. 
Desde hace unas semanas, tengo que leer los titulares dos veces para cerciorarme: ¿es una noticia real o la historia de un periódico de risa? Es difícil saber qué va en serio y qué va de coña.


De gala estuvo usted, querido Diario, gracias a Tarantino, que nos dio un domingo digno de corredores de fondo, y también al versar del tamaño del pene, que reventó las visitas desde que salió publicado. 
Lo de ayer nos quedó un tanto autista, pero me consta que posts como "Corazón" son los que ganan seguidores para siempre antes que clicks frenéticos de un día. Será cuestión de compensar lo dulce con lo picante. Así no habrá boicot, así no quedará desesperación.
Hoy, que estamos vestidos de actualidad, diremos cosas sobre el escándalo de las nominaciones a los Oscars, Alicia Vikander, "El Expreso de Shanghai" y Janis Joplin, entre otros.
Agarre el mando a distancia, que se lo quitan.


- ¡Boicot! Es la llamada de Jada Pinkett, del brazo de su marido, Will Smith, a la ausencia de diversidad racial en los nominados a los Oscars de este año. 
Spike Lee, siempre preguntado en estas disyuntivas, se quejó el primero, pero se ha desmarcado de las ganas de boicot de Jada Pinkett. 
Las controversias y las voces son tan dispares y todas metidas en semejante embrollo, que nadie se pone de acuerdo. ¿Es la Academia racista? ¿Qué tiene que hacer? ¿O acaso no debería hacer nada?


- No es la primera vez que los Oscars se exigen políticos. En realidad, siempre lo han sido, pero de una manera débil, intermitente. Como todo en esos premios, sus glorias atribuidas son exageradas, del mismo modo que lo es el paso de sus decisiones sumarias por la Historia y la cultura. El cine marca y deja huella; los Oscars se celebran y se olvidan, cada vez más. 
La Academia, en todo caso, ha guiñado el ojo a las minorías en muy significativas ocasiones y lo sigue haciendo.
Pero está compuesta por mayorías blancas muy definidas y sus ejercicios de conciencia son irregulares, a veces obligados por las circunstancias. Si se despistan, se nota.


- ¿Es tan remarcable la ausencia de diversidad como el aumento de la frivolidad? ¿El hecho de que los actores no sólo sean todos blancos, sino realmente atractivos? La gala, que ha devenido en un espectáculo de gente guapa dando alaridos y llorando sin parar, es más un síntoma que el origen del problema. Todos los que arguyen contra las nominaciones debieran hacerlo antes con los dictados de la industria y las apatías de sus espectadores.

- Bien es cierto que una película negra, asiática, LGTB, femenina o de independiente procedencia, aun vestida de oscariana, atraviesa un escrutinio de la Academia que otras, elaboradas por pálidos amigotes de los Oscars, no pasan. A las minorías se les pide una película buena; a los de siempre, se les tramita el paso sin preguntar. Hay nominaciones automáticas, otras, trabajadas a la gota gorda.    

- La queja que ha devenido en escándalo y obligará a una remodelación de la Academia, perfila un horizonte de mínimos raciales. Parece una contradicción entre unos premios al mérito, pero los Oscars no galardonan el mérito, sólo la oportunidad y la intención. Si gustan de vestirse de escaparate, debieran olvidar sus desaliños y comprender que precisamente la diversidad de sus premiados, presentadores, aliados y espectadores los ha mantenido a flote.  

- A propósito de la amenaza de boicot de Jada y Will, cunden las sospechas de que se trata de una rabieta porque él, favorito para ser nominado, ha sido ignorado para despejar más el camino a Leonardo DiCaprio.
Nada en comparación con los ataques de Alexis Arquette en Twitter que acusa a los Smith de ser unos hipócritas, bajo el conocido rumor de que ambos son homosexuales y ese matrimonio es otro paripé más de la industria.


- Timoneemos hacia algo más divertido: el odio a muerte. 
¿Quién demonios es Alicia Vikander y, sobre todo, qué hace con Michael Fassbender?, me preguntaba hace unas semanas, enterado de la existencia de esta actriz de origen sueco que compite al Oscar como actriz de reparto por "La Chica Danesa".
Su relación con Fassy se cuenta intermitente, pero se los vio bien juntitos y bien nominados en los Globos de Oro.
Hay quien me susurra que esta pareja es pura promoción y que el verdadero rollete de Fassbender en estos momentos es Marion Cotillard.


- En cualquier caso, detestar acérrimo a la Vikander, doña nadie, reputada sosa y última sensación de Hollywood que es más última que sensación. 
Me susurran mis amigos expertos que, en todo caso, es lo mejor de La Chica Danesa con facilidad; película horrible según mis informantes, aunque ha cosechado buena taquilla por aquello de la expectación transgenérica.


- Como Vikander parte para favorita, pasarán tres cosas:

a) Que gane a Jennifer Jason Leigh y la odie.
b) Que gane un Oscar antes que Fassbender y la odie más.
c) Que gane el Oscar y caiga la maldición sobre ella: fin de la carrera y separación del maromo.

Me quedo con la opción c.


- En el orden de cosas que desfilan por mi televisor, confieso que echo de menos el Desafío Cinéfilo, más que nunca al caer de nuevo en ese azar del cine
Cuántas películas malas y regulares se deben ver hasta encontrar una que sea buena. Y cuántas hasta una que ponga patas arriba y propicie aplauso al aire. Del fin de semana, sólo destaco "Los Odiosos Ocho" y dos revisiones de clásicos.

- Paul Newman fue El Hombre de Mackintosh, lacónico entretenimiento de espionaje firmado por John Huston.
Tenía un vago recuerdo de la película, pero nunca olvidé esa secuencia donde el protagonista escapa de la casa donde lo tenían secuestrado y se encuentra con un caminante que le habla en galés. Sí olvidé que toda la acción era intensamente devorable.


- Creí dar en la diana con El Expreso de Shanghai, título del que tenía un recuerdo formidable y ahora me dejó un tanto chof. 
Ojo, es un ejercicio de glamour total y para los amantes del divismo, una parada imprescindible. La fotografía, el humo, las frases de la Dietrich: lección de la atmósfera que creaban las películas en otro tiempo.
Eso sí, la trama es un puro cómic y, como muchos títulos de Von Sternberg, el director se cree que lo está contando se trocará más importante sólo por relatarlo con mayor parsimonia. 
O esta revisión me pilló con la noche cansada o en otros tiempos levitaba sólo con contemplar el humo de un cigarrillo en blanco y negro puntuando historia de puta enamorada. 
En cualquier caso, volveré a Shanghai Lily en más ocasiones, cómo no.


- De artistas que nunca mueren, qué me dice de Janis Joplin. Tal día como ayer, hubiese cumplido 73 años.  
Murió a los 26 de sobredosis, entre infelicidad crónica y necesidad de legendaria. 


Furiosa musa de la América hippie, más vindicada a su luto que tras su breve, aunque ruidoso, paso por los escenarios de los sesenta, sus canciones son recuerdo adolescente para quien esto escribe. Escuche mi favorita, "One Night Stand".


- Y, si se quedó con hambre tras la cena, aquí le otorgo el culo de Ryan Rose, o lo que se llama un plan.


Hasta mañana, señor mío.

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