domingo, 3 de enero de 2016

Despertares


Querido Diario,

Vivo en un país donde las Navidades son eternas. Cuando se terminan, todavía queda otra media semana de celebración y festivo, para acabar con la cabeza y el biorritmo en algún lugar entre Bavia y Potosí.
Ay, qué domingo tan raro de todos los domingos raros, qué hacer si no esperar al lunes para algo más que andar sin encontrarse por la casa. 
Sí, tendría que haber salido anoche, era un clamor, aunque fuera para tomar un aire en esta cara. 
En fin, aprovecharemos el festivo o quedarán sábados, a menos que llegue un meteorito y nos extermine a todos. Cuenta la leyenda que ya toca.


Como hemos navegado en días de inactividad donde el consumo de Internet desciende o se hace más perezoso y no era plan de matarse a tour-de-forces en este blog, empezaremos por ponernos al día de las novedades pantallísticas y, durante los próximos días, reanudaremos la marcha con posts más extensos.
Hoy hablamos de Carrie Fisher, Mark Salling, Ben Cohen, un poco de porno gay y lo más selecto de mi Desafío Cinéfilo. Aplauda su propio retorno al trabajo, mi Lord, esas botas nacieron para caminar.


- La avalancha de noticias navideñas nos cuentan del blockbuster que mató a todos los blockbusters, precisamente al parecerse al primero de los blockbusters. 
Hablo de Star Wars: El Despertar de la Fuerza, cuyos resultados financieros son apuntados por la prensa a razón diaria y récord batido. 
Lo último la sitúa al borde de superar la recaudación de "Avatar", aunque, con la inflación ajustada, la cosa aún está lejos de los primeros puestos de películas más vistas de la Historia. Escarlata O'Hara sigue en lo más alto, bitches.


- George Lucas, que vendió la franquicia a Disney para que ésta le saque un rendimiento exhaustivo a partir de ahora - el plan es una entrega cada año - ha criticado el estilo retro de la nueva "Star Wars; precisamente lo que ha emocionado a los seguidores. Se trataba de ofrecer más de lo mismo, Lucas, porque así es la sazón de las secuelas.
No es ninguna confesión que servidor no ha ido a verla al cine, ni planes a la vista tiene. Ni amo ni odio esa saga; en todo caso, siempre me ha dado bastante igual y, en sus peores ocasiones, me ha parecido una cosa infantiloide y desesperadamente vacía.
Aún así, la veré y comentaré algún día, porque leo elogios de gente sensata, junto a las debidas puntualizaciones. Eso interesa.


- El estilo retro se complementó con la aparición de los actores originales, tres décadas después, y ahí estaba Carrie Fisher, esa mujer tan interesante y apasionante, que siempre fue mucho más que la princesa Leia. Criticaba las críticas a su aspecto, por los que parecen ignorar lo que hace la edad al cuerpo y cara de las personas.
En todo caso, Carrie bajó diez kilos por las presiones de la productora y que me maten ahora mismo si esa cara no está llena de bótox. En fin, lamentable, porque nadie ha dicho mu del aspecto de Mark Hamill, por ejemplo.


- ¿Recuerda la serie Glee? Yo tampoco. El nivel de malditismo que la azotó - y la azota -  tuvo la piedra de toque con el fallecimiento de Cory Monteith por una sobredosis de heroína.
Uno de sus actores ha vuelto a ser noticia. La policía detenía a Mark Salling esta semana tras encontrar un voluminoso archivo de pornografía infantil en su ordenador. ¿Cómo se queda, Lord Diario? 
Si las acusaciones siguen, ya se pregona el fin de la carrera del caballero. Y, si es cierto, retiramos lo de caballero. Qué tiempos cuando cantaba "Sweet Caroline". De vomitar y no parar.


- A propósito de criminales sexuales en Hollywood, el año no terminaba sin que la justicia norteamericana formulase finalmente una acusación contra Bill Cosby, acusado por muchas mujeres de sedarlas y violarlas. Enredados en la infame prescripción de un delito tan atroz, le han echado el lazo y las cámaras lo han recogido esposado.

- Al otro lado del Atlántico y en terrenos más alegres y amables, ahí está Ben Cohen. O lo deja de estar, dice mi pared, que no puede creerse un 2016 sin él.
Oh, desde que comenzó a venderlos, no ha faltado un año sin que me comprase el orgásmico calendario del osuno macizo del rugby británico. 
Como durante 2015, le dio más a la hamburguesa que a la sentadilla, anunció que estaba gordo para descamisarse y no habría calendario. Qué mal. 
Tenía yo mis sustitutos - incluyendo Pietro Boselli, que ignoro por qué no se lo han propuesto -, pero estoy como vaca sin cencerro en este primer enero sin Cohen.


- Por cierto, en el tema cotilleo, recuerde que Ben Cohen divorcióse de su mujer y madre de sus dos hijas, Abby, porque se enamoró de la rusa con la que bailaba en "Strictly Come Dancing", para deleite de los tabloides.


El divorcio ha sido tan caro y la crisis inmobilaria colea tanto que Ben no ha podido vender la casa familiar ni permitirse dos viviendas. Por tanto, ahora vive con su ex, con toda incomodidad. Tengo la noción de que muchos y muchas aplazan divorcios y separaciones en estos tiempos por motivos parecidos.

- Esto del gimnaseo es tal que cualquier cosa es poco y veo a Ben un tanto gordo. Y me refiero al Ben de siempre, no al de las hamburguesas.
Leí que era normal que, cuanto más haces deporte, te gusten los tíos cada vez más musculosos; ha de ser el motivo por el que se me van los ojos por ultracachas del estilo Mitchell Rock, actor porno gay de hace unos años.


Antes ni le hacía caso y ahora me desvivo por esos bultitos. Es de esos señores con pinta de duro a los que se adora ver en el papel de pasivo.
Tiene muchas escenas buenas, pero mi favorita sucede en una magnífica playa donde Jessy Ares le pega un polvo hipercaliente. De desmayarse.


- Sabe que vivo dedicado al Desafío Cinéfilo, en el que disfruto de mis veinticinco películas favoritas. Tienen tantos puntos en común, que me encantaría montar un vídeo-homenaje con sus escenas, sus diálogos, sus emociones. A ver si encuentro el tiempo para perderlo.

- El Desafío me dicta ver películas que podría recitarle de memoria, como El Valle de las Muñecas. Y, aún así, qué escena final en el callejón, con Dios mirando a Neely O'Hara desde las alturas.


- Y también da la oportunidad de revisar obras inagotables, como "Ciudadano Kane", pero también La Furia, a la que quitaré el apelativo de trash de una vez por todas.


Es una obra de arte y anoche lo confirmé. Una película que se iguala a un sueño; un sueño traumático, frustrante y tan hermoso. Sus estallidos de violencia son sobrecogedores, como tirarse gustoso a un abismo oscuro. Grande Brian de Palma.


- Para terminar, observe esta estupenda foto que me ha cedido mi amiga Deprofundis. Sí, es Justin Theroux, medalla de bronce en el Maromo del Año.


Hasta mañana, amado Diario.

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