miércoles, 6 de enero de 2016

Fóllame


Querido Diario,

Fólleme.
Es una súplica, es una sugerencia. Y entiéndalo: cuando alguien pide que se lo follen, quiere decir que lo hagan con particular fuerza. 
Recuerde que, si se busca una velocidad aminorada, existe el eufemismo de hacer el amor. Sí, tiene muy mala prensa porque evita la claridad de la ordinariez, pero puede ser vindicado como una manera de nombrar un follar más suave. 
En cualquier caso, hágalo como quiera. Primero, gentilmente, luego, con ímpetu brioso. O cambie el ritmo. O invéntese uno nuevo. Es la gracia del follar: lo imprevisible. Parece que va a parar y todavía queda rato.


Pensaba yo: ¿por qué queremos que nos follen? 
Todo ser humano lo desea, independientemente de su sexo u orientación sexual. 
Lo manifestará, más o menos, lo enterrará en su subconsciente, lo cambiará por ganas de meterse en peleas o lo negará una y otra vez, afirmando que su ano es terreno vedado. 
Pero el más recio se pirra por un dedito imprudente que haga latir lo más profundo de su ser sexual, ese tambor de la próstata, ese cosquilleo del orificio, más fuerte o más suave, usted decide, yo concuerdo.


El machismo parió la máxima de que el follado sólo puede ser conjugado en femenino, por lo que cualquiera que se ponga a cuatro patas, es una mujerzuela, una dama obediente o un señorito muy señorita. En las camas más sinceras, el ejemplo se desbarata. En las más toscas, todavía sigue la vieja máxima. 
Si te pones a cuatro patas y pides acción, hay algo esencialmente débil, perruno y un tanto parodiable en ti. Está pidiendo guerra, habrá que dársela. Y si entra todo para dentro, qué obedencia, qué bondad tan risible, qué sublevación total a la vara de mando.


Ejem. Leí en cierta ocasión que existe una opinión feminista que busca derrocar esa imagen: no se trata de someterse cuando alguien se deja follar. En realidad, toda la figura del coito y la penetración debiera corresponder a un "envolvimiento". 
Así, no sólo te están dando, sino que estás recubriendo. El pene deja de ser el protagonista y la voz cantante la llevan los cuerpos.


Me pareció una opinión interesante, contestataria, pero me contaba poco íntimamente. Yo no busco recubrir a nadie, siempre quiero que me den, fuerte o suave, depende de la modulación. El asunto: nunca me he considerado menos hombre ni más sumiso por eso. Sólo el dueño orgulloso de un culito hambriento.

- ¿No tienes novio? - me preguntó un compañero de cama - ¿No tienes quién te folle todos los días?

Adoraría olvidar a ese individuo, ejemplo de cuánto bajaba el listón en tiempos ha, pero quedó grabada esa pregunta. 
Me pareció muy erótica en su momento e, incluso, cuando días después, me arrepentía de haberme liado con semejante lumpen, recordaba su pregunta y la polla se me ponía tiesa. Y, a la vez, me invadía la melancolía porque no, no tenía nadie que me follara todos los días.
Pensaba: ¿acaso era posible tener alguien que me follara todos los días? ¿Sería posible el milagro? Y, oh, gran quimera, ¿sería yo capaz de aguantar una follada diaria en este culo? 
Ajajá. Es pregunta.


En el porno gay, se da la imagen de la incógnita. 
Como muchos de sus argumentos consisten en la seducción de un hombre que quizá nunca ha follado antes con otro, el "fuck me" es una súplica, pero también una revelación. 
"Es justo lo que necesitaba", dice Christopher Saint cuando se la meten en "Mojave Run". 
Otros sólo dicen "fuck me, fuck me" y yo me pregunto si son sinceros. Obviamente, poco, porque son actores. 
Pero si usted recibiera durante veinte minutos el bombeo de una polla considerable - o de más de una -, ¿diría "fuck me, fuck me" hasta el final? ¿Por cumplir o con toda sinceridad? 

- Haberlos haylos - aseguró una señora del público.


Qué misteriosos son los caminos del sexo anal. El otro día, leía que los buenos activos han de preocuparse por sus pasivos. Es decir, estimular el culo, besarlo, erotizarlo antes de invadirlo. Oh, entendí muchas cosas. 
Tantas veces deseando ser pasivo y sin poder dilatar. El problema no estaba en mí, sino que hay demasiados caballeros que sólo quieren entrar, sin tocar la puerta con un buen beso. 
En realidad, siempre lo supe. Los mejores me penetraban a la primera; otros, ni a la desesperada. Quien crea incomodidad, quien busca celeridad, no recibirá el fruto, ni jamás oirá un "fóllame" honesto. 


- Así te gusta que te follen, ¿eh? - me decía al oído un triunfal invasor de mi trasero, excitado por la conquista, pero también por el morbo de que otro se sublevase, se abriese, se enzorrara para él. Yo intentaba contestar, pero estaba muy preocupado en sentir.

Porque pedir que te follen es alta graduación. Y, sobre todo, cuando se trata de terrenos anales. Ya lo dije: es un precipio de sensaciones, entre ellas, el dolor que, por estas cosas de la lujuria, escala hasta el punto en que deviene en placer. En un placer distinto, más allá del roce gustoso. Es sublime, como un shock

- Así te gusta que te follen, ¿eh?

- No se lo podría responder con exactitud, caballero. Ahora mismo, estoy por encima del Bien y del Mal.


¿Qué? ¿Sí me han pedido que sea yo el invasor?

- Fóllame, cabrón - me dijo un extranjero, demostrando que había aprendido las palabras precisas de nuestro idioma.

Era divertido cruzar las manos sobre mi cabeza y ver sus caras cuando saltaban sobre mi polla, tan calentita y gustosa de conocer el orificio ajeno. Hubo quien alabó mi interpretación, otros que jamás pude interesarme lo suficiente por sus culos. Sus ganas no eran las mías.
En realidad, el sexo con desconocidos es menos emocionante de lo que dicta la leyenda. Al menos, a mi parecer. Es todo demasiado veloz, incómodo, un conocimiento carnal exprés, donde hay que actuar con destreza y, de repente, uno se descubre pensando. Y pensar mientras se folla o se pretende follar es mortal.
En todo caso, me consta que esa incomodidad, falta de entendimiento y desconcentración puede darse incluso si al otro lo conoces a la perfección.


- Fóllame, cabrón.

¿Hay algo masoquista en los y las que piden pene? ¿Es cierto que buscan la sumisión y sentir el poder de otra persona más fuerte? Cuando notas el aplauso de la pelvis de otra persona en tus nalgas, ¿se puede concebir que sólo se trata de un "envolvimiento"? 
Lo último contestaré a un no rotundo, mientras pienso en las otras. 
Eso sí, jamás me he considerado masoquista. Otras muestras de dolor en la cama me han dejado congelado, quizá por gratuitas, tal vez por inesperadas. O, quizá, porque se quedan en eso: en dolor. El ser follado está mucho más allá de la molestia, de la remisión. Es una diversión incorrecta. Como montarse en una montaña rusa y ser lanzado de un lado a otro. Como marcarse un baile cuando nadie está mirando. Nada menos que perder los papeles y hacer algo delicioso y, sobre todo, único.

- ¿No tienes quién te folle todos los días?

- De manera lamentable, caballero, he de contestar que no, pero, en definitiva, follar de vez en cuando le da mayor excepción y aumenta su graduación, su interés, mi obsesión. 

O eso es lo que me repito, Lord Diario.
Y, si me follaran todos los días, echaría de menos que me follaran todas las horas. En estas cosas, señor mío, menos siempre se quiso más.


Fólleme esta noche. O hágame el amor. Suave, duro, a ritmo galante. O déjese follar usted. Estamos vivos en este mundo, el camino será demostrarlo.

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