martes, 26 de enero de 2016

Hetero



Querido Diario,

Le traigo la imagen: caminaba esta mañana por ese gimnasio con un humor perruno. 
Adoro a la gente, soy muy humana, como diría Nati Abascal, pero cuando los brutos de la comarca se reúnen en grupo numeroso y se ponen a armarla, a razón de voces y a costa de la tranquilidad ajena, sólo puedo pensar en el exterminio. 
A Dee y los suyos ahora se han unido un par de chicas coquetuelas, con lo cual hágase el follón. Por separado, la mayoría son encantadores. Cuando se juntan más de cinco, arg. Hoy aquello era asistir a una reunión social del Paleolítico, se lo juro.
Por separado, es otro cantar, le repito. Y Dee me ha contado una historia in expreso, que ha salvado la mañana de mis instintos genocidas.


Con su flamante cuenta de Instagram, que lo recoge engominado y con camisetas diseñadas para bíceps reventones, Dee recibe mensajes de propios y extrañas.

- Y ayer recibí un mensaje de un chico... Ejem, yo me di cuenta enseguida que era un poco afeminado.

Casi me tiro al suelo a descojonarme y a no levantarme jamás. Los dioses salven la palabra "afeminado", lo mismo que, en la versión doblada, le espeta Neely O'Hara a su segundo marido en la afeminada "El Valle de las Muñecas".

- Anda, afeminado, ¡explícate!

A lo que íbamos. El afeminado efectuó una campaña de asedio contra Dee con la esperanza de beneficiárselo. 

- Estás buenísimo - le decía.

Dee se confiesa muy educado y me aseguró que poco más podía hacer que tardar en contestarle y decirle cosas como: "Sí, sí, bueno, gracias, no, no".

- ¿Tienes novia? ¿Eres hetero?

- ¿Eh? Yo no sé de esos términos - contestaba Dee.


El afeminado procedió a contarle con todo lujo de barbaridades que estaba dispuesto a comerle la polla y demostrarle que ninguna chica se lo ha hecho ni se lo hará mejor en su vida. 

- Si quieres, cierras los ojos. - dijo el afeminado, tornándose más bien en el Arrastrado.

- Que no, que yo estoy muy bien como estoy - aseveraba Dee, poco antes de bloquear al intrépido cazaheteros de Instagram.

Antes que la historia en sí - me consta que sucede a razón diaria -, adoré la reacción de Dee por completo desprevenido y extranjero ante la situación.
Casi muero con su desconocimiento del término que mejor lo define y con ese 1% de duda razonable que se esconde en eso de "estoy muy bien como estoy". El polígrafo determinaría que no dice toda la verdad.
¿Y qué me dice del afeminado? El caballero se lanzaría a tal caza y captura, porque más de uno accedería al experimento. Sin duda, más de uno cerrará los ojos y pensará que, en lugar de Pedro, es Petra la experta.
De todo hay en la viña del Señor, más que nunca en el Paleolítico.


¿Cómo explicar a Dee qué es un hetero?
Hetero es heterosexual, obviamente, y también de manera evidente, heterosexual es la mayor parte de la sociedad.
Pero usar la voz "hetero" con insistencia, deseo o desprecio es territorio ajeno a la propia heterosexualidad. Vive al Este del Edén, adonde fuimos lanzados los otros, los sodomitas, los homosexuales, los gayers.

- ¡Los afeminados! - gritó una señora del público.

En realidad, siempre hay un margen de equivocación y de ahí la pregunta. ¿Eres hetero?. Si estás en un bar de ambiente y tienes cara de funeral o te estás portando muy macho, puede que te lo pregunten. Tal vez seas hetero y estés allí porque acompañas a unos amigos, porque quieres ligarte a las chavalas perdidas entre tanto hombre indiferente a sus encantos, porque estás vendiendo droga o porque te has equivocado de local.
A mí me lo han preguntado, pero debió ser por la cara de funeral. Como le dije en cierta ocasión, uno se pone a hacerse el macho para ligar más y acaba resultando soso.


Como también le relaté, la masculinidad es preocupación candente de los gays. Muchos piensan y creen ciegamente que los hombres heterosexuales son más masculinos per se y, por tanto, mejores en la cama, más agresivos, más hombres de una manera simple, diríase cafre. Se considera que el hetero es inconsciente de su propia masculinidad, simplemente la ejerce. 
En cambio, aunque un gay pueda recrearla, cubriéndose de pelos, músculos, tatuajes y actitud, el resultado queda afectado por exageración.


Decía cierto grupo de Facebook: "Donde esté un empotrador hetero que se quite todo lo demás". En fin, NO. 
Tengo un par de amigos - más bien, tenía - que llevaban todo este esquema de pensamiento hasta el límite de considerar que los únicos tíos merecedores de su deseo eran los heterosexuales.
La cosa se vestía de atormentada por aquello de la imposibilidad, pero también se abría la veda a lo que pedía el afeminado de Dee. Es decir, que surja un hetero al que le pique la curiosidad. y acceda a ser servido sexualmente por un fan de su masculinidad sin aditivos.
A esa situación podría ponerle usted cualquier etiqueta: bicuriosidad, bisexualidad, heteroconfusión, homosexualidad encubierta. Acertaría con todas y con ninguna. El deseo es complicado, los cuerpos y las psiques de cada cual, más.


A propósito de la caza del hetero por algunos homosexuales, he oído cosas que van desde ofrecerles dinero hasta propiciar la situación hasta extremos alarmantes.

- Se reunían en una casa después de salir de marcha. De after, sabes. Subían la calefacción a tope. Y los heteros invitados se ponían a beber más por el calor, se quitaban la camiseta, se amodorraban. Se volvían un poquito bisexuales.

Ay, qué bonito y qué violación todo. En fin, NO. 
En toda afirmación que considere que un homosexual es menos digno de deseo, hay machismo y homofobia y aquí se acabó la discusión. Que lo consideren muchos homosexuales, jé, ya ve cómo está el patio.
El odio propio e interiorizado debería ser deporte olímpico.


Me reconozco más sencillo y más complicado. Hay hombres heterosexuales que me gustan, porque me gustan los hombres. Casi todos. Me encantan las tramas de seducción a hombres que nunca lo han probado que suele relatar el porno gay. Me gustan los machotes, sí.
Pero, en la práctica, si responden afirmativamente a la pregunta "¿eres hetero?", pierden cualquier interés que tenga por ellos. 
He tenido algún episodio de platonismo, como ha sucedido con Dee, más bien mediado por la entrañable amistad, pero renuncio desde el principio y busco lo posible. 
Será por mi reconocida pereza: soy muy vago para seducir a nadie y menos a alguien que no está dispuesto desde el primer momento. Tampoco soy muy fan de los armarizados ni me considero el mejor profesor para quien tenga dudas sobre su heterosexualidad y busque despejarlas conmigo.
Será por mi vanidad: yo tengo que gustarle al señor con el que me encame. Y le tengo que gustar mucho, muchísimo. Tiene que mirarme y decirme lo guapo que le parezco. Todo el rato.

- Yo quiero a todo el mundo, soy muy humana. Pero a mí me quiero más que a nadie.


Será porque considero que las fantasías fantasías son. Cuando las realizas, son tan decepcionantes que las añoras, vivas e intactas, en la recámara de la imaginería.
Será la experiencia. Los hombres heterosexuales y homosexuales nos parecemos en muchas cosas. En casi todas, a la hora de la verdad.

- ¡Son hombres, ¿no?! - volvió a gritar la señora.

Sexualmente, me he llevado muchas sorpresas: tíos que parecen débiles mariquitas luego deslumbran con unos tremendos mandobles y son unos machotes en el catre. Lo contrario también me ha sucedido. Mucha testosterona y, a la hora de la verdad, mñé.

- ¿Qué me dicen, chicas? - pregunté al público femenino, que está sonriendo en estos momentos.

Y todos esos adoradores del heterismo, de las actitudes hetero, de la vida hetero, de la llamada normalidad, ¿dónde viven exactamente? ¿En qué planeta? Hablan de lo hetero como si fuera una cosa lejana, desterrada de sus vidas, ignorada por completo.
Lo heteronormativo está a la orden del día. Vivimos en un mundo enteramente, agotadoramente heterosexual y heterosexualizante. Recibimos una educación hetero, vemos películas hetero, nuestras familias, nuestros trabajos, nuestros gimnasios. Son como el éxito de la invasión de los ladrones de cuerpos.

- Y están de capa caída, coño. Que ahora se depilan, se alisan el pelo y se recortan la barba. Masculinidad sin aditivos no more.


Cuando oigo esas reuniones sociales del Paleolítico, sueño con escuchar las conversaciones de tantos chicos y señores homosexuales que he conocido y oído. Sus vidas, sus sentimientos, hasta sus errores y sus necedades, me resultan más interesantes, quizá por cercanía. 

- Dejadme decir el tópico o reviento - dije, mientras me agarraban entre cuatro, queriendo silenciarme - ¡Los heteros son unos simplones!

Hay quien adora esa simpleza y es ahí donde encuentra el oro para excitarse. Me parece muy respetable, por quedar diplomático.
Yo quiero algo más. Como diría Lana en "Imitación a la Vida": quizá demasiado.

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