lunes, 11 de enero de 2016

Laberintos


Querido Diario,

Confieso y le digo que me siento mejor que ayer, mas peor que mañana. El día amaneció con promesas de recuperación del optimismo, aunque me traicionó en demasiadas ocasiones.
En cualquier caso, el tiempo, mi tiempo, cura hasta lo irremediable y he llegado a la conclusión de que necesito un objetivo, un nuevo desafío, cualquiera que sea, para olvidar tanto desconsuelo del cuerpo y esa sensación de corazón roto de tanto romperse.
Y he de cumplir la máxima de pensar lo mínimo posible. Devanarse los sesos, esa trampa.


Cual día de transición, cual noche de larga jornada hacia ella, hoy le echamos un vistazo a la actualidad. Y, sí, no quedan otros óvalos: hablaremos de David Bowie y los Globos de Oro.


- Si no se ha metido en Facebook en todo el día, le diré que David Bowie, aclamado genio de la música, de hipnótica presencia y más de alguna memorable aparición cinematográfica, ha muerto a los 69 años, víctima de un cáncer de pulmón. 
Deja un álbum como último legado y todo un furor entre mis amigos que lo veneran.
Me gustan muchas de sus canciones, pero reconozco que nunca ha estado entre mis favoritos. Bowie es el moderno quintaesencial y, con esas cosas atmosféricas, sombrías y distanciadas, yo filtreo, más que comulgo. 
Entre esos filtreos míos, cuente por siempre temas como "Life on Mars".


- Sin duda, el Bowie del cine tiene un lugar más generoso en mi recuerdo. Mi generación lo conoce por ese clásico de la era VHS: Dentro del Laberinto, donde el divo se lanzaba a su deporte favorito - la ambigüedad - frente a la linda Jennifer Connelly y una fantasía de Jim Henson.


También me encanta de vampiro con fecha de caducidad acelerada en "El Ansia", la primera película de Tony Scott - al que recordó su hermano Ridley anoche, por cierto - y de marciano en la ultradesquiciada, hiperestilística y rotunda "El Hombre que Cayó a la Tierra", de Nicolas Roeg, una película que desespera y cautiva al mismo tiempo.

- Como todos esos tótems del show-business, David Bowie no sólo parecía eterno, sino de una edad incalculable. Me ha sorprendido que tuviera sólo 69 años, quizá porque me lo imaginaba milenario y venido de alguna civilización ancestral.
En la creación de su poderosa imagen, allá por el precipicio de los sesenta, se señaló a su primera esposa Angela, loca por la moda y la provocación. En el continuo y exitoso reciclaje de estilos y sonidos, él se hizo con su propia autoría.


- El fallecimiento de David Bowie ha eclipsado las noticias de los Globos de Oro, aunque éstos ya se encargan de eclipsarse a sí mismos, año tras año, rebozados en sus insondables decisiones cual cochinos en charco y también en ese buscado, pero finalmente discreto, fulgor. 
Que lo más emotivo de la noche fuera concederle un premio interpretativo a Sylvester Stallone expresa el sumidero artístico en el que está hundido Hollywood y aledaños.


- Si no se le concede la seriedad que nunca tiene y no se espera gran cosa, la píldora se traga. Aunque preferiría que se limitaran a dar premios y sonreír con cara de cóctel, antes que esa retahíla de chascarillos y risas de paripé. Buscar la gracia no tiene gracia. Y ese presentador, el cada vez más insufrible Ricky Gervais, bien puede borrarse de la lista de provocadores. No hay nada transgresor en emprenderla con dianas tan previsibles como Charlie Sheen, Caitlyn Jenner o Mel Gibson. 

- Se dice que los Globos de Oro se rinden a los blockbusters y a las estrellas, pero lo exacto sería que sus decisiones están centradas en los fines promocionales. 
Por eso, adoran un repartir. Que suene el mayor número posible de nombres y títulos. Nuevas estrellas - Sam Smith, Oscar Isaac -, series que nadie conoce, películas ahora en cartelera, películas ahora en DVD y, claro, posibles candidatos a los Oscars. 
Cierto es que la cosa se torna obscena, especialmente cuando "Steve Jobs" se lleva dos premios sólo por azuzar un fracaso comercial inapelable de cara a la carrera por los premios de la Academia. O cuando se rubrica una resurrección artística tan artificial como la de Lady Gaga, artista que terminó quemada en oídos y retinas ajenas.
Ahora busca una reválida, que aprobará - o no - con el nuevo disco que - oh, timing - publicará en breve.


- El gif de la cara de Leonardo di Caprio cuando pasaba la sentida Lady Gaga se ha hecho viral; Leo está robando más corazones con esa expresión de los que robaba con "Titanic" hace años.
La noche fue mágica para la pareja de "Titanic", que se reencontró con abrazos y se llevó sendos premios. Él, al contrario que los otros premiados, es la apuesta más segura para complementar ese Globo con un Oscar.  


- Si le enfurece que la premiación hollywoodiana sigue dando coba a gente tan discutible como Jennifer Lawrence o el director Alejandro G. Iñárritu, no me negará que se le ponen los ojitos como caramelitos cuando se vanagloria a dos bellérimos televisivos como Jon Hamm y Maura Tierney


Él ya tenía uno, ella se merecía tantos por "ER". Por los buenos ratos catódicos que nos han hecho pasar, brindo por Jon y Maura. 


- Y, sí, los fines promocionales pueden llevarnos a mierdas, pero también a cosas tan interesantes como Mozart in the Jungle, serie de Amazon que lleva dos temporadas y servidor no conocía hasta que sonó anoche como mejor comedia televisiva y mejor actor para Gael García Bernal. 
Junto a él, nombres como Saffron Burrows, Malcom McDowell y Bernadette Peters. ¿Qué le parece?


Esta misma tarde he visto el primer episodio de esta serie curiosa que compagina música clásica con la vida moderna en Nueva York y retengo juicio hasta que vea los siguientes. 

- Y si todo lo que le he dicho le importa un bledo y desea novedades de porno gay, le recomiendo lo último de MenAtPlay con Marco Rubi, su culo enorme y el hirsutísimo Adam Champ. Bien hecha, morbosa, súper caliente. 


- Y, como ahora sólo pienso en cachas y más cachas, he rescatado a Cayden Ross, caballero que trabajó para Randy Blue. Cuerpazo impresionante y una notable predisposición a ser enculado de manera muy feliz. 


Mientras nos retiramos a nuestros aposentos con la voluntad o'haresca de que mañana sea otro día, le dejo con esta secuencia que brilló tantas veces en mi infancia y, si le soy sincero, ahora me gusta mucho más que entonces. 
"As The World Falls Down", de David Bowie, para la escena del baile de "Dentro del Laberinto". Palabras mayores.

                            

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