jueves, 14 de enero de 2016

Leones


Querido Diario,

Oiga mi rugido, porque es un día de celebración por chiribíticos motivos. Y dedíquese un gran aplauso porque, tras el desconectar navideño, ha vuelto usted a lo que mejor sabe: llenarse de visitas y atraer piropos a sus mejores líneas. 
Esos besos que nos dimos el martes, qué buen sabor nos dejaron, a nosotros y a nuestros lectores. Esas pajas que nos hicimos ayer, qué aplausos instigaron. 
Y el mejor comentario fue cosa de mi amigo y amor imposible David: "Tu post sobre la paja me obligó a hacerme una". 
¡Objetivo conseguido!


Hoy se derrama lleno de noticias, venidas desde el mismo corazón de Tinseltown.
Sí, es momento de sintonizar con las emisoras que nos traen las nominaciones a los Oscars y los Razzies, el fallecimiento de Alan Rickman y las conexiones periodísticas de dos actores de distinto signo y país con el criminal más buscado. Y, por supuesto, hoy es el día del león Leonardo.
Agarre la butaca, dele al Tracking y denuncie a la compañía eléctrica si es preciso. A la pantalla como moscas fieles.


- Para los leonardistas de pro, que Leonardo DiCaprio gane un Oscar jamás ha sido tan necesario como que siquiera lo nominen y, más allá de los premios, que el personal se convenza de la valía dorada de uno de las verdaderas estrellas del cine contemporáneo.
Dudaré de hacer recopilación de los mejores momentos y sólo diré que a mí Leonardo me gustó por el camino, cuando ya tenía mofletes y su estatus de heartthrob era un cuento de la década anterior. Como a Julianne Moore el año pasado y tantos otros, el Oscar vendrá y no lo ganará porque sea ni su mejor interpretación ni su más afortunada película, sino como un saludo a una carrera cuasimpecable y un talento de acero.


- Su independencia y su dedicación a las causas ecológicas lo han hecho un lobo solitario, y no precisamente el de Wall Street. Mientras él criticaba el boato, Internet decidía que había perdido muchas veces el Oscar, sin apuntar el dato de que sólo ha estado nominado cuatro veces de entre una docena de interpretaciones memorables. 
El más extravagante ejemplo: que multipremiasen a una película como "Titanic" y ni siquiera señalasen a la verdadera llave de su éxito, me suena a chamusquina, envidia o ceguera. La sentí más aún en oportunidades perdidas como "Revolutionary Road" o "Django Desencadenado", donde Leo estaba de recital.
Valga el dato. Hoy se ha anunciado la quinta nominación al Oscar de Leonardo, pero también la primera de una jabata como Jennifer Jason Leigh. Cualquier análisis de estas cosas es baladí y también hace balar.


- Estoy tan leonardista y tan dicaprista que estoy por sentarme al butacón y hacerme ciclo del actor. Hay muchas que no he visto y otras que adoraría revisar. Ya le contaré.


- Baladí y balido es hacer cualquier recuento riguroso del saldo que han dejado las nominaciones al Oscar, que dan tres ó cuatro sorpresas para tapar toda su previsibilidad. 
Las próximas semanas prefigurarán los favoritos: si DiCaprio es cosa cerrada, lo demás está en el aire. Internet, chafardero como siempre, nos contará quién va a ganar mucho antes de que abran el sobre.


- De todo ese repertorio de títulos, me conquistan pocos y anhelo la presencia de directores con nombre, apellidos y estilo; omisión antigua en los Oscars, más dada a repartir entre grises que honrar a excitantes. Incluso a directores ya tan asimilados por la maquinaria como Ridley Scott y Todd Haynes, los ha dejado en la puerta de la calle. Spielberg puede volver a deshojar la margarita como ha hecho siempre: me quieren, no me quieren. Y la ausencia de Tarantino, oh, ha sido todo un castigo a otro lobo solitario, éste decididamente más estridente.

- No me negará otra tendencia que sólo creíamos posible en los Globos de Oro: el grado de atractivo físico de los intérpretes nominados es general, espectacular y, a la vez, tan significativo. Al fin y al cabo, qué son los Oscars más que la manera de laurear a su bello star-system cuando hace un esfuerzo dramático.

- Las nominaciones a los Oscars conocen del tedio, pero los Razzies, que fueron tan divertidos otrora, son mayor bostezar. ¿Por qué? Porque sus elecciones son fáciles, nada arriesgadas. Y como suele hacer la crítica, aprovechan para emprenderla con una película que es mala de entrada o ha sido un fracaso comercial, en lugar de poner en duda y señalar los obvios defectos de otras más exitosas y con ínfulas de prestigio. 


- Tristísima noticia la muerte de Alan Rickman, segunda celebridad británica de la semana que perece a causa del cáncer. 
El apelativo de secundario le venía superlativo y el público lo reconoce como el barbado villano de "La Jungla de Cristal" y el enigmático profesor Snape de la saga "Harry Potter".
Con mucho y todo impecable en su haber profesional, recuerdo quedar impactado con su coronel de "Sentido y Sensibilidad". Sin ser el hombre más guapo del mundo, lo parecía y de qué manera.


- Y, en términos culebronescos, no hay nada como llamar al Chapo en calidad de periodista. 
Dos reconocidos adictos a la atención como Sean Penn y Kate del Castillo contactaron con el megacapo del narcotráfico cuando se encontraba huido de la justicia tras una fuga delirante y bochornosa.
Se amparan en el secreto profesional, mientras la prensa no para de dar detalles de los sendos encuentros. 
El Chapo, obnubilado por la belleza de Kate, dijo sí a la entrevista con Sean Penn, a pesar de no tener ni idea de quién era el actor. Sean desconocía este último punto, porque, de lo contrario, le hubiera entrado la rabieta egocéntrica - ¿cómo que no sabe quién soy yo, el gran Penn? - y lo mismo denuncia el paradero en lugar de entrevistarlo alegremente para la posteridad.
Todo es una olla podrida que este tipo de celebridades - pesadas, metomentodo, aburridas en su casa - no hacen más que remover con mal tino, escasa ética y nulo sentido del gusto.  


- Mientras estoy al pie de las noticias, me da tiempo a ponerme al día y, por fin, he terminado la segunda temporada de Fargo. Me mantengo en mis trece y en mis catorce: no hay nada que objetar sobre su obvia calidad y, de algún modo, no me ha levantado pasiones ni mucho menos el doblado de la falda. Recordábame el caso de "Boardwalk Empire", que era una cosa meticulosa y estudiadísima en estética y fondo, y cualquiera tenía la impresión de que al guiso le faltaba sal. 
En cualquier caso, y salvo esos personajes que recitan cual juglares - la influencia de Tarantino en el relato criminal empieza a cargar demasiado -, la serie ha tenido momentos memorables y unas interpretaciones excelentes.
Un aplauso especial para Kirsten Dunst. Yo siempre dije que esa chica valía millones. 


- Y a eso de la medianoche, qué mejor que proyectarse una película de esas que nunca mueren: Carta a Tres Esposas, o la que fuera revelación del espabilado director y guionista Joseph L. Mankiewicz. 
Empieza, irrumpe una femenina voz en off y usted lo tiene claro: esta película es la abuelita de tantas series televisivas protagonizadas por mujeres en estado de desesperación perpetua. 
Le rememoro una divertida e inteligente mirada a la femineidad y sus pronósticos de felicidad conyugal y sentimental, con un reparto inacabable de pura gloria y unos diálogos que rompen de completa sagacidad. 
"Carta a Tres Esposas" fue una pequeña revolución en su momento; ninguna woman's picture había llegado tan lejos ni tan profundo y Mankiewicz ganó sus dos primeros Oscars.
A veces, aciertan, sí.


Hasta aquí lo chiribítico. Oiga mi rugido, porque me muero de sueño. Que sea feliz, Lord Diary.

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