viernes, 1 de enero de 2016

Nuevo


Querido Diario,

En el Día de Año Nuevo, este mundo, nuestro mundo, entra en estado de coma profundo. Nadie se mueve del sofá, hay silencio, las calles quedan tan vacías que sólo inquietan. 
Tendrá que llegar las últimas trazas de la tarde para que alguien salga, manifieste deseos de leer un periódico de ayer y camine hasta algún café para recuperar la sensación de realidad.
Hay mucho resacoso, sí, pero también quedan en suspensión los demás mortales, los que nos fuimos a dormir tras las campanadas y los besos. 
Si existirá una huelga efectiva, debiera parecerse al primero del año. Es más que un festivo, es una hibernación necesaria que dura un día, un suspiro. Se olvidará mañana.


Pero el primer día es hermoso, si despiertas con el sonido de la música clásica desde el televisor. Sin Marcha Radetzky, sería incapaz de entender este día de muerte y descanso absoluto.
Mi padre se ha pasado toda la tarde viendo "Novecento". No se ha levantado del sofá en las cinco horas que dura, valiente él. Aún la sigue padeciendo y disfrutando. Una película para la que hay que elegir un día, qué buena opción el Nuevo.
Yo lo he disfrutado en la inmejorable compañía del Desafío Cinéfilo. A mediodía, con Alexandra del Lago y Chance Wayne. A la tarde, con Boris Lermontov y Victoria Page. Cuando acabe estas líneas, la noche será de "Ciudadano Kane".
Mañana, los propósitos, las plegarias, atendidas y desatendidas, las cosas pendientes de escribir y los horizontes lejanos a los que mirar. Me pondré tozudo y haré por cumplir con la voluntad. Es un nuevo año, que se note.
Y, además, será sábado y mi cuerpo lo sabrá. Quién ha hablado de comas profundos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.