domingo, 17 de enero de 2016

Odioso


Querido Diario,

He empleado la tarde y la noche en la última película de Quentin Tarantino. Casi tres horas, señor mío, qué individuo existe en estos tiempos nuestros que mantenga la concentración durante todo ese metraje. El cine contemporáneo es tal desproporción que hasta olvida hasta sus espectadores, esos seres de despiste y Android en la mano.
Pero Quentin es Quentin, y a Quentin, yo me entrego.
No le miento cuando le digo que la primera y procelosa hora y cuarto de "Los Odiosos Ocho", en la que Tarantino se detiene y juega con sus personajes en diálogos postineros y poca acción, me pareció lo más aburrido del director-guionista con creces. 
Ya despotricaba con la evidencia de que las películas actuales tardan en presentarse a sí mismas exactamente diez veces más de lo que deberían.


Entonces se destapó el pastel, llegaron los disparos a razón de las revelaciones y, claro, pura delicia. En cualquier caso, es una delicia durante todo el viaje, sólo hay que tenerle un poco de fe. 
"Django Desencadenado" ya era demasiado larga y quizá Tarantino no caiga en el error actual de alargarlas; únicamente se refocile en el placer del western inacabable, como esos Leones de su pupitre y ese "Río Bravo" de su veneración.
Aquí el ojo está en "El Gran Silencio", con cazarrecompensas y mucha nieve, pero también en los misterios cajas chinas de Agatha Christie y los pequeños grandes westerns de Boetticher. 
Al final, usted estará con la mente en "Reservoir Dogs" y en tantas obras del propio director. A propósito, dicen los lamentos que Tarantino sólo puede hacer películas tarantinescas, pero a mí, que no existe ninguna suya que no disfrute cual cerdito en charco, me parece divino antes que achacable.


Sí, Jennifer Jason Leigh vive maravillosa y se desgañita como nadie, casi salida de la imaginación de Robert Aldrich, pero todo el reparto está premiable y elogiable. 
También se lloraba por tantas clamorosas ausencias de "Los Odiosos Ocho" entre las nominaciones a los Oscars, pero, viéndola y comentándola, se entiende: Tarantino sigue haciendo las suyas, librándose de lo que nadie se libra y los geriátricos académicos, de sillón de orejas y pañuelo de tela, así lo habrán dicho:

- De ese, ni una más, Weinsteincito. 

Si usted se toma un chupito, cada vez que un personaje dice nigger acabará en coma etílico. Y si la memoria no me falla, cual geriátrico académico, debe ser el único cineasta al que se le permite que el apaleamiento de una mujer sea parte del espectáculo.
La crudeza, como siempre, se contrapone a la ironía y viven placenteras en la paleta de Tarantino. Cuenta un lado visceral y brutal de la vida que aún impresiona y deslumbra contemplar, como si se destapara una sucia realidad de este mundo bajo el mayor barullo de embustes posmodernos y licencias estilísticas.
Chiste privadísimo el de nombrar Joe Gage a un personaje. Joe Gage es el maestro del porno gay, por si usted lo ignora.
A pesar del homenaje, o a costa de él, Quentin sigue viendo lo homosexual como ese chiste descomunal - recuerde aquella mazmorra de "Pulp Fiction" - y, sin ir más lejos, el momento de mayor desencajar de mandíbula - nunca mejor dicho - de "Los Odiosos Ocho" va por estos terrenos.
Viendo esa escena pensaba en la ironía: Tarantino debe ser el director contemporáneo que más me satisface, cinematográficamente hablando y, a la vez, no me atrevería a decir que es un favorito. Adorable odioso, lo llamaría.


Estamos en desacuerdo en casi todo - incluya usted aquí la manera de ver la vida y abordar la violencia-, pero, como los mejores cineastas, de esos que ya no quedan, me hace partícipe de su mirada y sus aventuras. Tamaña hazaña, peligro profundo, cine total.
Esperaré a la próxima película con la misma expectación que he aguardado por esta, por la anterior y por la de más allá. Cómo relumbra este maldito bastardo.

3 comentarios:

  1. Admito que a este director le perdí el gusto. Me quejo de que sigue martillando las mismas teclas y sacando los mismos temas. A lo mejor necesito verlo de los ojos de otra persona, pues los míos ya casi no lo tolera.
    Generalmente me cuesta elegir favoritos, siempre estoy cambiando dependiendo de como me sienta en el momento. Pero uno o dos a los que siempre quiero son: Ang Lee, los Coen y Krzysztof Kieslowski (al que lloré cuando partió para otras escenas)

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  2. A mí es la que menos me ha gustado de Tarantino, pero eso no quiere decir que no la haya disfrutado "cual cerdito en charco", como dices tú. Y gracias por lo de Joe Gage, yo no lo sabía ;)

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    1. Un placer, Lola, muchísimas gracias por comentar!

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