sábado, 2 de enero de 2016

Propósito


Querido Diario,

Dicen que los propósitos de Año Nuevo se olvidan a la noche del día dos. La vida reaparece idéntica y cualquiera se arrastra por la marea conocida antes que nadar contracorriente, justo como se prometió al sonar de las campanadas.
Lo digo porque preveía salir esta noche, hacer amigos y guiñar el ojo al más posible, pero he entonado un bluff de perezón y ganas de aplazar un futuro hipotético lo que ya era propósito de 2015. Échele la culpa a que me ha vuelto el herpes labial - esa señal de un pasado dulcemente pecaminoso en el que quedarse en casa no era una opción ni mucho menos volver sin besar a algún caballero... en donde fuera - o señale con su dedo acusador a que desperté pronto para ir al gimnasio y estoy que me caigo por las esquinas de sueño.
Culpe al instante en que el propósito se fue a la mierda: hace unas horas, vi las fotos de un nuevo bar gay en Santa Cruz. Lleva abierto desde verano y ni me había enterado. Eso me molestó de entrada: fue la señal indiscutible del aislamiento, de la desconexión. 


Y me imaginé allí, solo, expectante, paciente, en un lugar donde sólo van grupos de amigos. Esto no es Madrid, donde salir cual lobo de las cumbres era viable y, en realidad, casi mejor. Muchos otros salían solos, como yo. Aquí da cierta tristeza. O será sólo una impresión. 
Si hago memoria de la última vez que fui a Santa Cruz, había otros solitarios en el bar. Ninguno demasiado estimulante, pero quizá cambie el catálogo de vez en cuando. 
El problema ha de ser que todos son tan tímidos como yo. Es la verdadera diferencia con la gran ciudad. Romper el hielo es destruir un glaciar.
O será sólo una impresión.


La culpa de todo la tiene el herpes. Con ese saquito de virus, antes crema que plegaria.
Y también la doble sesión trash para este sábado: "La Furia" y "El Valle de las Muñecas", para continuar el Desafío Cinéfilo.
El próximo fin de semana, sí, Lord Diario. Lo prometo, lo juro. Y, además, desdramatizaré todo el asunto para magno efecto.
Se olvidarán los propósitos al día 2 en un bostezo, pero quedan 363 días para enmendar el error. ¡364!, que es bisiesto.

Hasta mañana, viejo diletante.

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