viernes, 8 de enero de 2016

Shirtless


Querido Diario,

Hace unos meses y admirado ante mi infatigable actividad facebookera, Dee me preguntó si también tenía cuenta en Instagram. Le conteste la verdad: sí, pero le daba escaso uso. Al parecer, él le había dado tanto que la novia le pidió que la cancelase.

- Los celos son una cosa muy mala - dijo, con todo misterio.

Dos noches hará que Dee volvió a Instagram, en secreto. Me agregó y su perfil estaba blindado para cualquier ojo curioso; sólo los que él aceptaba podían ver sus publicaciones. Posteó la foto de su coche, herramienta indispensable del orgullo y pundonor de los machos de su calaña.
Hoy le pregunté:

- ¿Y vas a poner fotos tuyas sin camiseta?

Yo, al grano. Sé que él ni se molesta y jamás ve mala intención. Y, en todo caso, con lo vanidoso que es, le encantará que sea groupie de sus carnes magras.

- No, no, yo nunca pongo fotos sin camiseta. Me da vergüenza. No soy tan chulito.

No lo es tanto, pero tampoco lo puede ser mucho más.
Ronda por su Facebook alguna foto en la playa, pero se le ve poco de los pectorales, ciertamente. Dice que las recorta y así sólo aparece cual escotado.

- Prefiero la insinuación - dijo, entre risas.

Como todos los que vamos al gimnasio, nunca le parece suficiente. Siempre quiere más y mejor cuerpo y las fotos le cuentan que todavía le queda trecho. Entiendo el enajenamiento, la dismorfia incipiente. 
Aún así, Dee tiene armazón para sacarse unas fotos sin camiseta orgásmicas y yo verlas con refocile. "Dee shirtless".
Pocas palabras tan buscadas en Google Imágenes como "shirtless". Sin camisa, sin camiseta.
Si usted, Lord Diario, busca "Harrison Ford shirtless", encontrará una imagen que volví a ver esta tarde. Harrison sin camiseta en "Blade Runner". 


Cuando tuve la oportunidad de ver "Blade Runner" en el cine, ese instante hizo callar a todo el público. 
Se notaba la hipnosis ante la hermosura carismática de Ford y se confirmaba la tesis: nadie es indiferente a la belleza, sin importar sexo u orientación sexual. Puede que guste más o menos, pero todos y todas miran con atención ese pecho, igual que los ojos se van derechos a las tetas de Joanna Cassidy, en la misma película, minutos antes.
Curioso que con la sobreexposición de tetas y pectorales desde hace muchas lunas y la completa facilidad de verlos, todavía sean motivo de obsesión. 
Estrategia comercial nivel básica es el tío bueno enseñando los progresos del gimnasio en un momento del trailer. 


Si no hay momento shirtless, no la veo, he dicho en muchas ocasiones. 
Acúseme de frívolo, pero también habla de la debilidad de los productos que nos venden: no me voy a tragar una mierda como "El Hombre de Acero" si Henry Cavill no enseña el pechamen peludo. Y, aún así, costó, costó tragarla.
En la vida real, la gente se quita la camiseta en contadas e irregulares ocasiones.
La leyenda cuenta que cuando los norteamericanos de a pie vieron a Clark Gable descamisarse en "Sucedió Una Noche" se quedaron tan impactados por ese alarde de naturalidad y belleza que hubo una auténtica ola por quitarse la camisa a la mínima ocasión.
Si hace calor, si trabajo al aire libre, si estoy en mi casa alegremente, si voy a la playa, si soy más chulito que Dee.


Los pezones masculinos se contaron menos tabú que los femeninos, aunque aún se considera de mala educación estar con el torso al aire si la ocasión no lo requiere.

- Odio a los tíos sin camiseta. ¡Los odio! - decía un amigo hetero. Este amigo estaba gordo y, con toda probabilidad, la envidia le hacía detestar lo que es caramelito ocular para servidor.

Expresaba el conflicto. La inalcanzable belleza de los seres de la pantalla, ahora sin camiseta. 
Desde los años noventa, las mujeres no serían las únicas en sentirse acomplejadas por las formas perfectas y las tetas levantadas de las señoras del cine. 
Ahora apareció Marky Mark, que siempre estaba en calzoncillos, y la cosa se dictó más rocosa y fitness que nunca.


El canon avanzó hacia tal ideal espartano, que shirtless Gable no tendría nada que hacer en el audiovisual contemporáneo y sí mucho que trabajar en mi gimnasio. 
Como entonces y ahora, la vida real y los cuerpos de verdad quedaron en un segundo plano. Cual si fuera un tabú, la gordura, lo escasamente fornido o la simple imperfección sin camiseta se ve muy poco o se usa, en cualquier caso, para hacer un chiste.

- Envíame una foto shirtless - bromeaba con otro amigo.

- No creo que te guste. Sin camiseta, soy como un perrito pug.

Cual si la vida fuese el cine, sólo los bellos se quitan la camiseta. Y, a juzgar por lo que me ha dicho Dee esta mañana, incluso tienen reparos en hacerlo, por aquello de la comparación: a pesar de que está como una puerta de roble macizo, todavía piensa que tiene que llegar a He-Man.


¿Y qué pasa conmigo? ¿Me quito la camiseta cada dos por tres? ¡Ni de coña, oiga! Aunque quizá he perdido tantos miedos y, precisamente por comparación, entiendo que no hay nada malo. Los hay mejores, pero, desde luego, los hay peores. Como nací y viví en sitio de playa, quitarse la camiseta ha sido menos tragedia.
En tiempos adolescentes, sí lo era, y yo evitaba piscinas y semejantes para ocultar mis hormonales y fofas carnes. 
Mientras, se me caía la baba con los chicos de las revistas. Fue la época en que comenzó el descamisamiento masivo de hombres en Hollywood y aledaños. Eran el Santo Grial y cualquiera era motivo de Pause, de revista escondida, de paja.


Todavía me vuelvo loco por una foto shirtless y, cuando un tío se descamisa delante de mí, sufro porque el ojo no se me vaya derecho al desfiladero. Si encima tiene el pecho peludo, mi media sonrisa será inevitable. No me culpe, Lord Diario, soy como el público viendo "Blade Runner": en antropológica pos de la belleza.
¿Exigente? He estado con todo tipo de chicos, algunos muy bien puestos y otros como un perrito pug, y me ha dado igual, a la hora de la verdad. 
Como también me dio igual quitarme la camiseta delante de ellos. 


En ese momento, era de mala educación dejársela puesta y, yo de pecho amplio y peludo, recibí elogios hasta cuando estaba fofo. 
Entiéndalo de una vez, Diario: el cine y las modas marcarán el paso, pero los demás bailamos a nuestra manera. Desordenada, inconexa, contra la melodía, añorando quizá materiales mejores, aprovechando el momento y divirtiéndonos la mayor parte del tiempo.
Así que quítese la camiseta, Lord Diario, y enséñeme esas carnes lechuguinas que bien necesitan ponerse rojas cual cangrejo en una playa de estas latitudes. 
¿Suspiraré por Marky Mark? Bah, lo mismo se nos van las manos y lo acabo tratando de todo, menos de gran señor. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario