jueves, 4 de febrero de 2016

Demonios


Querido Diario,

Se nos avecinan los pactos y, ante el toque de las trompetas, mi tierra se va de Carnavales. Yo, distraído un segundo, entregado al siguiente, siempre ante usted, frente las pantallas, conectado a las redes, las sociales, las mentales, como siempre, fiel a todas mis citas. Las noches ya no son noches sin "El Diario Íntimo de Josito Montez", nos arranquemos por orgías o por nostalgias televisivas. 
Sin otra luz ni guía, que la que en mi paquete ardía.


Hoy nos hacemos nuestro repaso estilo menestra de verduras sobre todo lo que devoran estos ojitos telecinéfilos, cuando no se entrecierran de puro cansancio o miran el reloj y se dan cuenta de que llevan horas en el Facebook sin hacer práctica cuantificable ni cualificable.
Ha dado tiempo para darle vida al Emule, el encantador asesino de toda la televisión a la carta que honramos ayer, y conectarlo a mis queridas multipantallas.
Hoy es el día de decir cosas sobre Julianna Margulies y el futuro de "The Good Wife", sobre Derek Theler, sobre Ken Russell, hasta sobre cine mudo. Se lo dije: sin luz ni guía.


- The Good Wife tuvo su gran momentazo dramático este pasado domingo, servido - y un tanto forzado - para que Julianna Margulies rasque, como mínimo, una nominación en próximos premios televisivos, como viene siendo habitual. Bien podría ser la última vez, porque, como ella misma anunció en Twitter, está desempleada a partir de mayo.

- No hay ninguna noticia oficial sobre el final de la serie, que denota cansancio, pese a su indudable calidad. Sí es segura la escapada de sus creadores incluso si CBS decide continuarla por una temporada más. En todo caso, el tuit de Julianna es más esclarecedor que enigmático: quedan pocos episodios de una de mis series favoritas de los últimos tiempos.

- Favorita, pero no sin decepciones, como la inarticulación de muchos misterios - la misma Kalinda, tan llena de secretos que nunca supimos realmente ninguno -  o la inmanencia del personaje de Alicia Florrick, que se movía en otros tiempos en una especie de feminismo cordial y ahora es más bien una noña. El físico de la actriz, cuya adicción a la cosmética es un ir de mal en peor, tampoco ayuda.

- Es duro criticar a una mujer por su aspecto, incluso aunque esté aderezado y transformado, pero se hace denunciable por la manera en que interfiere en las interpretaciones, en la dramática, en el propio talento de los actores y actrices. Y parece una fiebre que no cesa. 
Julianna Margulies propicia una rotunda imagen de falsedad, con ese rostro inmóvil y sobremaquillado, ese pelo fijado y repeinado cual peluca embutida y ese momentazo Emmy tan rebuscado. 
A veces, me recuerda a la peor Joan Crawford, de cuando parecía un mimo o un hombre pintado, pero sin el glamour de aquella. O sea, la nada.


- Los hombres lo tenemos más fácil, esa es la triste verdad. Con continuar en el gimnasio, hasta puede que nadie nos mira a la cara. Al menos, en teoría y, más que nunca, con Derek Theler. 
Ayer volvía Baby Daddy, la serie que empezamos a ver y seguimos viendo por el tío bueno más tío bueno de los tíos buenos. 
La comedia - familiar, cuadrangular, tontorrona, entretenida - es lo mismo de siempre, pero Derek se quita la camiseta y, oh, cada vez está más grande, más largo y sin cortes. 
Momento baño espumoso, Lord. 


- La última que vez comprobé, aún no habían terminado los subtítulos de American Crime Story, la nueva serie del pluriempleado Ryan Murphy, que, en esta ocasión, será una antología de potentes casos judiciales. 
El juicio de O.J. Simpson entretendrá la primera temporada. Hay ganas de hincarle el diente más por el morboso tema que por Murphy, al que he perdido toda fe. De hecho, me gustaría que otro se hubiese ocupado de ese material.  

- Un verdadero maestro del exceso protagoniza mi nuevo ciclo cinéfilo. Como anuncié el fin de semana, me lanzo a descubrir las obras personalísimas de Ken Russell, a riesgo de perder la cordura que él mismo descuidó mientras las hacía.


- Es curiosa la influencia de los críticos en las opiniones generalizadas y el posterior descubrimiento de la verdad. Debí leer tanto a Pauline Kael que me he creído muchas de sus legendarias invectivas contra Russell cual libro de oraciones. 
No sé si Kael erraba o era incapaz de arguyir la vanguardia, la influencia y toda esa especie de arrebato por la creación artística y lo hermoso que tienen estas dolorosas películas, incandescentes de tanta luz. 

- Y también he descubierto el generoso culto del llamado último cineasta loco, no sólo entre cinéfilos postineros, sino también en directores y profesionales del medio, que califican su aportación al cine como incalculable e irrepetible.

- Los Demonios, que recoge los históricos exorcismos de las monjas de Loudon, es recordada por sus blasfemas imágenes, por su dureza terrorífica, por su iconoclastia mareante, que muchos atacaron por gratuita y burda. Cualquier espectador la acusará de lo último, sólo para defenderse de ella en sus momentos más intensos. Y cualquier espectador, como yo, estará en su derecho de no querer volver a verla jamás.

- Pero, oh, pocas películas cuentan con tal brutalidad y elocuencia cómo la represión sexual y la hipocresía social han sido usadas como la más definitiva herramienta política. El caos es un instrumento, la gente siempre pierde, lo más bello y personal se destruye en el proceso. Una película impresionante, a todas luces, sólo posible en un tiempo furioso para el cine.


 - Más ligera, más divertida y, aún así, igual de punzante es Valentino, el biopic libérrimo del astro del cine mudo, interpretado por el bailarín Rudolf Nureyev.
Esta película la había visto con anterioridad sin prestarle demasiada atención, emitida por la mañana por alguna cadena de televisión que, decididamente, no sabía lo que estaba echando. 
Me llamó la atención la bizarría desvergonzada, el tono canalla propio de Russell y, cómo no, el impactante culo de Nureyev.


También destruida por los críticos en su momento e incluso incluida en listas de las peores películas jamás hechas, he disfrutado tanto con "Valentino" que me cuesta creer su reputación. 
Su juego entre lo sucedido y lo divulgado me parece perfecta, dentro de una de las más venenosas sátiras sobre Tinseltown y su creación de mitomanías encadenadas que he visto.


- Y, precisamente, de astros del cine mudo venía con ganas desde el fin de semana, cuando revisé otro demoníaco título: el megamelodrama El Demonio y la Carne, con John Gilbert enamorándose de una mujer fatalísima llamada Felicitas, interpretada por Greta Garbo.
Fue el momento decisivo de Garbo y lo entenderá cuando vea la famosa escena del cáliz. Nunca comulgar fue tan erótico.


La película, realizada en la cúspide del Hollywood mudo, es todo lo que se había ganado y, en retrospectiva, todo lo que se perdió con la llegada del sonido. Visualmente, es una obra maestra, y además es homoerótica, blasfema, gozosamente folletinesca y bella a rabiar. Un pre-Ken Russell, si me apura. 


- Sí, a nuestros lectores les da igual todo lo anterior. Quieren ver otra vez a Derek Theler en la bañera.


- Y, de propina, Jess Glynne de vuelta con los Clean Bandit, cantando lo que quiere usted, yo y toda la vecindad: "Real Love". 

                      

Hasta mañana, mi Lordcito.

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