sábado, 6 de febrero de 2016

Inquietud


Querido Diario,

He sido incapaz durante toda la tarde de sentarme y ver una película. Tenía pensada una sesión cinéfila, pero una inquietud, un come-come, un sofoco de solterona se ha apoderado de mí. 
¿Acaso quería leer o sólo matar las horas delante del ordenador? Ni lo uno ni lo otro me han librado del impulso de incorporarme a cada segundo, cual descontento resorte. 
Desde que el tiempo está para perderlo, los sábados son lugar de descanso, a lo largo y ancho de la chaise longue, señor mío, con resaca o sin resaca. 
Entonces, ¿qué demonios significa este frenesí?


Intenté reimaginarlo a usted, mi diario, mi blog, y pensé en maquillarlo, cambiarle las fotos de la barra de la derecha, pero la idea implicaba también aposentar las posaderas. Y éstas no conocen de tranquilidad en este día, se lo firmo.
¿Deseaba beber alcohol y follar? Da igual el orden de los factores. Primero, fornicamos, luego nos agarramos un ciego. O, al revés, abrimos una botella de vino, colocamos las copas sobre nuestros tórax y, entre el jijijaja y las piernas de par en par, ya que estamos en el burro, arre burro.
Era la explicación coherente, aprobada por nueve de cada diez universidades. Es ley: siempre que se suspira de esa manera y el culo está más alto que las mismas narices, se vive falto de jarana. 
Hay una celebración pagana en estas latitudes, como le conté ayer, pero para Carnavales, oh, para eso puedo asegurarle que nunca encontraré las ganas.
¿Buscaba escribir la gran novela en esta jornada de inquietud? ¿O quería comer y devorar pitanza deliciosa, grasienta, empachante hasta reventar? ¿O era avidez por descerebrarme, sin películas, sin series, sólo con la televisión más inútil y apachorrante, la misma que dejé de frecuentar hace una década? 
La inquietud, desconvencida.


Caminaba de balcón a alcoba, mientras encontraba las tareas del hogar de lo más apasionantes. Sí, buscaba cansarme.
Oh, querido Diario, de lo que tengo ganas es de hacer deporte. 
¿Se lo puede creer? Yo tampoco. 
Lo que quiero es más gimnasio, sí, pero también acudir a un campo deportivo y jugar a lo que sea, hasta acabar sudado desde la punta del fleco, que no tengo, hasta mis hirsutos huevos, que me cuelgan.
Bienvenido a mi nueva idea de jarana.


Por cierto y muy a propósito, este verano se celebran los Juegos Olímpicos de Brasil, qué emoción y qué furia por arrancar las hojas del calendario hasta que llegue el día. Al deportivo paso que voy, en la siguiente edición, me ve compitiendo por el oro, el ruido y la gloria. 
Recuerde que, durante los pasados Juegos de Londres en 2012, fue cuando le tomé gusto al ejercicio y empecé a practicarlo a razón diaria.
Yo, el señor frente al televisor, ahora adicto a la acción. Soy el primer sorprendido y el primer celebrado, cómo no.
Si la vida no me sorprende, será otro quien la esté viviendo.

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