lunes, 1 de febrero de 2016

Orgía


Querido Diario,

La necesidad es imperial: debemos organizar una soberana orgía antes de morir. ¿Por qué? ¡Porque se lo tengo dicho y repetido! Lo que se van a comer los gusanos, que se lo coma antes el pueblo y las dos comarcas vecinas.
Es tal obsesión por el sexo grupal la que reside en nuestras mentes que sólo podemos entenderla como una consecuencia nefanda de la sociedad. Tenemos que vivir juntos, acatar las decisiones de la mayoría, comprender a los demás, asumir sus etiquetas y maneras, ¿por qué, oh, por qué no follamos todos juntos?
Como tantísimos capítulos del sexo, la moral dijo que follar en la plaza con el mayor número de participantes era una situación digna de los siete demonios; aquello que requería un exorcismo, una intervención de la guardia armada o un manguerazo para separar a los intrépidos. 
En público, no se folla, señores. En comunidad, tampoco. Uno y uno son dos. Más de un acompañante en el sexo, es un exceso, es un desmadre. ¡Es una orgía!


Entienda usted que, quien acata la moralidad son los desprivilegiados, es decir, el mismo pueblo. Las orgías son cosas de ricos, de imperios, de gente que lo tiene todo y lo puede desperdiciar. Porque la orgía requiere de una convicción.

- ¿Quieres venirte a mi casa y follar con veinte? - le preguntó el panadero a una de sus clientas.

En cambio, el emperador no tuvo que preguntar. Por eso, cualquier retrato de un gran imperio debe pasar por contar la Corte como un auténtico burdel. 
El sexo grupal es alta graduación y, ante las reservas, no es ninguna sorpresa que la mitad de los participantes de las orgías más bestiales estén ahí previo pago de su importe o en condición meramente esclava.


El sexo con más de una persona entretiene los relatos más morbosos y, si antes del asesinato, se estaba celebrando bacanal, probablemente hablemos de Hollywood. Los episodios de la crónica negra se llenaron de alusiones al dios Baco, ese al que se encomendaron Fatty Arbuckle o Errol Flynn, con mayor o menor fortuna.
Como tanto en esta vida, las ganas de trío, de cuarteto, de orgía se fundamentan en el más es más. Se edifican en el puro morbo de follar con todos y con todas, incrementado con la presencia de mirones, esos testigos que contradicen la máxima de que cualquier cama es privada. 
En las orgías, las camas son redondas, el escenario es fundamental y la intimidad se troca en generosidad. ¿El precio? La incomodidad y el cansancio. Se lo digo por experiencia: encamarse con más de uno es agotador.


Sí, por experiencia. Es lo que ocurre con el sexo entre hombres. Siempre decimos sí. Y si decimos no, será porque lo hicimos antes o porque tenemos el día timorato.
Montar una orgía gay es tan fácil como registrarse en una aplicación de móvil y colaborar activamente, como quien recauda para una fundación. Todos están salidos, todos están esperando una reunión para comerse las pollas en compañía. No hay ataduras. Como diría Brenda Chenoweth, los límites están en tu cabeza.


El ambiente gay gusta de los escenarios propicios para la orgía o, al menos, para el sexo conjunto, grupal, que sea mucho más que uno.
En mis tiempos de gran ciudad, me acerqué a estos lugares con más curiosidad que verdadero deseo. Así caminé por los cuartos oscuros, donde los mecheros que se encienden y apagan muestran el sendero, allí donde están los hombres, en casi total oscuridad, para hacer lo que quieras y lo que quieran. Anonimato completo, sin derecho de admisión, todo vale.
Hay lugares de claridad.
En uno de ellos, encontré a un grupo de chicos, apostados, mirando. En el medio, una pareja se felaba la una a la otra, desnudos, motivados por el ser observados por completos desconocidos. 

- Si le digo la verdad, no me pareció caliente. Me dio una sensación entre terrorífica y de muy esquizoide.

Mientras, las saunas me encontraron vestido sólo con toalla y chanclas. A la entrada, la única vestimenta posible y un preservativo. 

- A pasarlo bien - dice el de la puerta.


Los saunas son lugares menos sombríos, más relajados, incluso alegres, donde los amigotes se reúnen, charlan, siguen bebiendo tras el cierre de los bares. 
Son como un bar, pero todos en toalla. Cuando recorres el enorme establecimiento, encuentras las salas de calor propiamente dichas, pero también piscinas, gimnasio, duchas, sofás y muchos cuartos, donde si pegas el ojo a la puerta, se oye el zasca zasca. Las puertas se abren, los hombres pasean. Es probable que tenga usted suerte y sea cortejado por uno o más de uno.

- ¿Qué te gusta? ¿Qué buscas?

Se entra en una habitación, las toallas a la mierda y, sobre colchones de cuero, se acomodan los cuerpos impíos a sacralizarse en nombre del conocimiento carnal.


Aunque estuve de extraño pasajero por esos lugares y los visité poco, sí tuve sexo en ellos y con más de una persona al mismo tiempo. Quizá lo más orgiástico de mi vida sucedió en un cuarto oscuro cuando acabé rodeado por siete u ocho en aquella helada oscuridad.
Como más genial peripecia rememoro los tríos y cuartetos que surgían de repente, en los bares, cuando ligaba con uno y se unía un amigo. O cuando ligaba con dos, y se unía un tercero.

- Vamos a mi casa - decía yo, decía cualquier otro.

Y allí, entre copas, cigarrillos y algún que otro jajajá, la fiesta empezaba. Los pantalones en los tobillos y tantas pollas que aquello parecía una rueda de prensa. A cuál le hablo primero, por Diosito.
Los tríos y los cuartetos son divertidísimos por la sola idea, por el momento en el que se decide. Por ese instante en que, de repente, la cosa arranca.

- Este guión sólo tiene la siguiente acotación: "Todos follan".


Bien es cierto que, para señores vagos como yo, aquello es un lote de trabajar. Si el sexo tiende a ser incómodo, no le digo novedad cuando hay más pares de piernas y de brazos, más excitación por la morbosa situación y más psiques sexuales que satisfacer.
En mis experiencias de sexo grupal, también se dio otra máxima: siempre hay química con alguien en particular y hay quien sobra. Me sucedió en muchas ocasiones, sobre todo, en los tríos.

- Ay, ojalá el pesado este se fuera y nos quedarámos nosotros dos - llegué a susurrar.


El trío, el cuarteto y la orgía satisfacen el ego, la realización de la fantasía, el derrocamiento del viejo tabú.
La intimidad que buscamos cuando follamos es cambiada por la multiplicidad y hay que ser muy diestro para aprovecharla, para que su estrés sea concebido como verdadero placer corporal, más allá de la satisfacción que propicia la idea de estar zascando con más de uno y ser contemplado.


En cualquier caso, hoy armaremos una orgía con todas las de la ley e invitaremos al mundo entero, Lord Diario. 
No será cualquier orgía, será La Orgía. 
Entienda que organizar una orgía es organizar una fiesta. Nosotros seremos los anfitriones y debemos disponerlo todo para el gusto y disfrute de nuestros invitados. Siempre habrá un margen de error y la posibilidad de que alguien diga aquello de:

- Qué aburrimiento de fiesta. Cuando encuentre mis bragas, ¡me voy!

Por ello, y para que nuestra orgía sea catalogada en los anales, necesitaremos atender los siguientes pasos.


- Infraestructuras. Hay que buscar el lugar más espacioso posible. Un cuartucho en un apartamento de tres al cuarto no es lugar idóneo para que folle todo el personal, señor mío. Se lo he dicho nada más que comenzar: las orgías son cosa de ricos.
Habrá que alquilar una buena queli. O rodar los muebles, usted discurra.


- Temática. La orgía es una fiesta, un carnaval, y para distinguirla de cualquier vulgar come come, hay que motivarla, excepcionarla. 
En honor a los grandes escenarios orgiásticos de la Historia, ¿de qué nos disfrazamos para morbosear la situación antes de arrancarnos los trajes a mordiscos? 
Algunas ideas, manidas, pero eficientes: corte de María Antonieta, equipo de fútbol, carnaval veneciano, Consejo de Administración y, sobre todo, Imperio Greco-Romano. ¡Toga! ¡Toga! ¡Toga!


- Preservativos y lubricantes. Hay círculos sexuales que exigen pruebas de salud sexual a sus discípulos para participar en las orgías y así obviar los molestos condones. Como esa no es manera de protección sexual ni mucho menos, hemos de colocar unos generosos boles llenos de preservativos por todo el escenario. 
¿Que es un rollo recubrirse cuando se está follando con tantos? Jojojo, los setenta quedaron atrás, amigo.
Dispongamos también de lubricantes para facilitar la entrada de nuestros penucos en citeriores orificios. Que la velada se deslice gozosa.


- Número de participantes. Importante. ¿Será esto una bacanal estilo Calígula o una reunión así como muy exclusiva y discreta de un par de parejas? ¿Quiere usted hacer un trío o invocar a la marabunta? Ay, señor, ya estoy cansado y sólo de pensarlo.


- Derecho de admisión. Si usted tiene vocación de Belle de Jour, le da igual ocho que ochenta y le gusta una cosa guarrona y humillante, que vengan todos los asquerosos de la comarca y que sea lo que Belcebú quiera. 
Si queremos una velada de gente guapa, asegúrese de que usted también pertenece a ese grupo. Si convoca a imperfectos conocidos o a perfectos desconocidos, entienda la diferencia. 
Si tiene que echar alguien, sin piedad. Se lo digo: siempre hay alguien que jode la velada, porque habla más de la cuenta, porque está muy borracho, porque se empieza a volver loco. 
Seriedad y ahí está la puerta.  


- Guión. Si no tenemos dinero para disfraces imperiales o queremos aderezar nuestra orgía con una buena situación, convirtamos esta reunión follatril en una película porno. 
Escribamos la situación: Convoquemos a unos cuantos invitados a una hora determinada y empecemos a follar con estos primeros.
Tocan el timbre, llegan los otros, ven la situación con la boca abierta, se excitan tanto que se desnudan en el acto. Los recién llegados se unen a la fiesta, la velada se intensifica.


- Dinámica. ¿Habrá posibilidad de "fiesta de la llave" - los que saquen la misma llave, follan - o sencillamente,  esto será un todos para todos? Es importante elegir la dinámica principal de nuestra orgía. 
¿Será una bukkake? Es decir, uno le come las pollas a todos los demás para acabar más regado que el césped. ¿Será un gangbang? Es decir, uno se deja follar por el resto, porque él lo vale.
¿Será nada en particular? 


- Graduación. Nuestra orgía puede ser una belleza clásica de cuerpos entrelazados y música de arpa o una cosa durísima llena de cuero y escupitajos.
Decidamos la altura - o la bajura - de esta velada, comprendiendo riesgos, entendiendo exactamente lo que queremos y lo que estamos dispuestos a permitir.


- Palabras de seguridad. En toda relación sadomasoquista, se hace necesario elegir una palabra de seguridad, eso que diga el esclavo para que el amo se relaje un tono. Quizá en una orgía también sea indispensable, especialmente si es de alta graduación o si las cosas se nos van por terrenos indeseables.
Cuando usted me diga "Joan Crawford", empiezo con los manguerazos y los echo a todos.


- Imaginación. Desafíemos las expectativas de nuestros invitados y, dentro de la sensualidad, sorprendamos con un giro inesperado de los acontecimientos: un guest star, una postura asombrosa, el traslado a otra habitación, un juego sexual. El Cielo - y la ley - es el límite.


- Dejarse llevar. Esperemos que el guión y las dinámicas establecidas acaben en la basura ante la excitación general. Si eso sucede, la orgía está siendo un éxito. 
Usted y yo, aunque en calidad de anfitriones, debemos dar el primer ejemplo y deslizarnos por el más dulce precipicio. ¡Estamos follando! ¡Yupiiii!


- Encontrar el final. Como toda fiesta, hay que saber cuándo llega el momento de terminar. Habrá quien no quiera marcharse, quien se quede dormido y, si la cosa se riega de alcohol y drogas, tenga por seguro que no los echamos hasta mañana. 
Como toda fiesta, terminará, y si hacemos un carraspeo significativo y un frotar de manos, la mayoría recogerá sus bragas y a la calle.


¿Cuándo la organizamos, querido Diario? Aunque la orgía no es lugar para romanticismos, concordará que la sola idea de revivir el Imperio Greco-Romano en nombre del fornicio es digno de gran novela. 
Y quién sabe si, entre piernas, brazos y genitales, nos encontramos y decimos aquello de:

- Oh, mi amor, te he buscado tantísimo.

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