miércoles, 17 de febrero de 2016

Pausa


Querido Diario,

Recuerde, recuerde, recuerde la última vez que nos encontramos en estas líneas, cuando le conté que mi cerebro era un scanner a punto de explotar de tantas horas al ordenador, entre el trabajo de traducción y el escribirle a usted. 
Finalmente, necesitaba un día y mucho que un día para recuperarme de tanto frente a la pantalla y, de los dolores de cabeza sobrevenidos, ha llegado cierta paz para matar a la migraña, que se extingue poco a poco. 
Apenas enciendo el ordenador y, en cualquier caso, esta tranquilidad ayuda a mi escritura que, bajo estreses y agobios, tiende a mecanizarse, agotarse, cansarse de sí misma.
Pedir un paréntesis también es lo mejor para pensar, pensar, pensar, cambiar de opinión y definir rumbos, y en ese camino estoy. 
Mañana parto rumbo sur a completar esta meditación y regresaré probablemente la semana que viene, cuando haya vida que contar. 
Recuerde que tenemos los Oscars a la vuelta de la esquina, así que no habrá otros arreos que arrearse.


Renuncio a prometérselo, porque no lo necesita. Lo sabe usted bien: yo siempre vuelvo.


Hasta pronto, mi Lord.

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