martes, 9 de febrero de 2016

Polichinela


Querido Diario,

Qué trágica se vuelve la realidad cuando se cometen errores. Y ahora, en este país, esa realidad deviene en función de títeres, ¿quién pegará con la cachiporra? ¿Quién lo hará más fuerte? ¿Quién, derrotado, desaparecerá de escena? El telón baja y todos volvemos a nuestras casas.
Por si lo ignora, una obra de títeres en Madrid se tornó extrañamente inapropiada para públicos infantiles y cierto mensaje se confundió con enaltecimiento del terrorismo. 
Los titiriteros están ahora mismo en la cárcel, víctimas de una situación política, de un choque de fuerzas, mientras el español del buen pensar y mucho aburrir - esa masa de la que versaba el otro día - se queda tan tranquilo y dice aquello de que hay que pensar en los niños.


La sociedad de este país se ha convertido en un barrio residencial norteamericano, o quizá los barrios residenciales norteamericanos se parecen demasiado a este país. 
En cualquier caso, por aquello de los cómicos apresados y la reacción nobiliaria al espanto y al escándalo, a mí me recuerda todo al siglo XVIII. No me negará que esto parece un episodio de "Scaramouche" o "Historia de Dos Ciudades"; la injusticia como una farsa teatral, en un mundo patas arriba, al borde de un colapso que llegará el año menos pensado.


Desde aquí, pido la libertad para esos titiriteros cuya función, en circunstancias normales, hubiese sido suspendida y multada, no devenida en cuestión de Estado, penúltimo escopetazo de un partido podrido en la corrupción y el fracaso. 
También ruego por la libertad de expresión, porque, en este diario, jamás pensamos en los niños ni siquiera en los mayores. 
Sólo pensamos en quien quiera venir hasta estas líneas y estas imágenes, quien no se asuste de leer la verdad o lo más parecida a ella. Y, sobre todo, quien quiera lo que yo quiero: TODO EL SEXO Y EL MELODRAMA.


Hoy es día de actualidad, y nos marcharemos a otros países de imágenes más benévolas y a otras épocas de tapujos mejor diferidos. 
Acómodese para enterarse de lo que nos trajo la Superbowl, de lo que sé de chicos tan guapos como Tom Hardy, Pietro Boselli o Taron Egerton, de las películas que he visto y usted no creería, de las efémerides y de las webs. 
De todo y de nada. Este blog es un chicle, mastíquelo y escúpalo, mañana tendrá otro.


- La Superbowl norteamericana, magno encuentro de fútbol y espectáculo televisivo por excelencia, congregó a 100 millones de espectadores, que vieron ganar a los Denver Broncos. El himno nacional fue cantado a pleno pulmón por Lady Gaga, ahora convertida en una Streisand al uso, y el espectáculo central reunió a Beyoncé, Coldplay y perdóneme que bosteze.

- En el intermedio, supimos la verdad: The Good Wife se marcha y lo hará este mes de mayo. Quedan nueve episodios y todos aseguran que es buen momento para terminar. 
Los creadores de la serie podrán firmar el último capítulo, como era su deseo, y la buena esposa se irá de la programación con dignidad y una calidad incuestionable. Lo dije y lo repito: la echaré de menos terriblemente.


- Sobre todo, porque me cuesta horrores encontrar reemplazos en el asunto series de televisión. Oh de aquellos años donde cualquier cosa me conformaba. Ahora la serie de mis amores debe ser muy llamativa y/o mantener su calidad para que le entregue mi fidelidad y avale su recomendación.

- The Expanse, enésima saga espacial con la que SyFy Channel espera quitarse la espina de "Battlestar Galactica", puede ser el más honroso de los (imposibles) intentos, pero a mí esa fotografía tan oscura y ese tono tan apagado me han dejado frío y aburrido. Más aún cuando el único personaje femenino de importancia está incorporado por la insufrible actriz iraní Shohreh Aghdashloo.

- En cambio, ha sido un placer echarle el ojo de nuevo a Steven Strait, al que recuerdo con lascivia desde aquella malograda "Magic City". Muy guapo y aún más cachas que entonces, aunque temo que no será suficiente para ver más "The Expanse".


- Atención pregunta: ¿se parece Tom Hardy a Marlon Brando o lo imita? Quizá las dos cosas. 
He visto su definitivo vehículo: interpretar a los notorios gemelos Kray, dueños mafiosos del Londres sesentero, en "Legend". 
La película es entretenida, pero la última media hora la entierra casi por completo. 
Es "Uno de los Nuestros" a lo pobre y sin estilo, pero Hardy carga con el honor de la función a sus hombros. Curioso que un actor tenga la oportunidad de ofrecer una interpretación impecable y otra, un tanto dudosa, en la misma película.


- Por cierto, aparece nuestro querido Taron Egerton, interpretando al jovenzuelo amante del Kray homosexual. 


- Tan nene como Taron y tan visitado por este blog es el modelo y profesor de Matemáticas Pietro Boselli, que propicia suspiro y baba a media lista de mis contactos facebookeros. 
Boselli ha lanzado canal de Youtube y página web propia. La dirección no tiene pérdida: www.pietroboselli.com


- Si Pietro es perfecto para nuestros modernos estándares, en los años cuarenta lo era Jean Marais, el rubio muso de Jean Cocteau y una de las estrellas del cine francés. Parecía el dibujo de un héroe de cuento traído a la vida.


- Lo he visto y revisitado en Orfeo, la quintaesencia de Cocteau y uno de esos clásicos a los que siempre se les halla algo nuevo. 
Eterno y permanente en "Orfeo" es admirar a María Casares, esa Muerte romántica, que pasa por ser uno de mis personajes favoritos de la Historia de Cine. Ese final, ay, ese final.


- Y, para arrebato, sírvase Tchaikovsky. No le digo nada si el genio ruso se encuentra en las manos de Ken Russell. 
En The Music Lovers, olvide encontrar un biopic convencional y, oh, dé gracias por ello. 
El director reinterpreta la vida del gran músico como si ésta sucediese en la emocional mitad de cualquiera de sus sinfonías. 
Y así, la película, loca, deslumbrante, bella y terrorífica hasta decir basta, deja tan desolado, aturdido y fascinado como si se escuchase a Tchaikovsky con el corazón en un puño.


- "The Music Lovers", vapuleada por la crítica en su momento - Kael la llamo "pornobiografía" y agregó que había que clavarle una estaca a Russell -, perdida durante años, reaparece en cada visión como lo que estaba destinada a ser: la película de súper culto que quizá llamaremos obra maestra. Mañana o ahora mismo. 


- Y, para terminar, la efémeride. Si no se hubiese estrellado con el coche, James Dean hubiese cumplido ayer 85 años. 
A cambio, dejó tres películas, mitomanía y una escuela de estilo que no cesa. Discutible como todos los mitos y también reacio a perder esa entidad de hipnótico que lo convirtió en mucho más que un cadáver bonito a ojos de las generaciones.


Sí, ¡me estás aturdiendo, país! Dele con la cachiporra a la realidad, Lord Diario, que el golpe dure hasta mañana.
Y, por cierto, ¡gora los hombres sin camis-eta!

No hay comentarios:

Publicar un comentario