jueves, 11 de febrero de 2016

Scanner


Querido Diario,

Le comunico, le cuento, le confieso que he terminado la traducción de una página web hará cuestión de unas horas, tras una semana de trabajo.
Hoy ha sido especialmente arduo: una jornada intensiva de esfuerzo y dedicación, de esas que había olvidado.
Alienante, sí, como la mayoría de los empleos, pero con ese toque de aprendizaje y descubrimiento constante del lenguaje y los idiomas que tiene la interpretación al inglés de cualquier documento. 
Creo que es mi profesión, Diario. Estoy convencido, añadiría. Al menos, la profesión que considero más asequible, más posible y en la que me siento con una confianza creciente y una calidad progresiva.
Si se lo pregunta, la página web pertenecía a una tienda de artesanía y, a estas alturas, debo conocer más el inventario que su propio dueño. Diosito mío, qué de cosas. 
He acabado hasta las narices y créame si soy incapaz de decidirme entre pegarle fuego a la tienda o comprar todos los productos.
Cuando me llegue la pastuza que me van a pagar, me quejaré menos y sonreiré más. Ya sonrío, Diario, porque he terminado.


Como he vivido este día entero al ordenador pegado, me disculpará si el post de hoy se nos torna breve. 
Me siento salido de "Scanners", de David Cronenberg, o de cuando estaban de moda las pelis con gente que explotaba por ataque telequinésico. 
Sin llegar a la altura de mi querida "La Furia", concordará que es difícilmente olvidable y, sobre todo esa imagen, más famosa que la propia película, en la que un señor explota.


Ese señor que explota podría ser usted o cualquiera ante la actualidad. Podría ser yo si contemplo un píxel más de este ordenador. O podría ser el puto y bello mundo, el día menos pensado.
Hasta entonces, siga bailando.

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