miércoles, 2 de marzo de 2016

Loca


Querido Diario,


Sam Smith es mi nueva celebridad trastornada favorita. Acabará en un sanatorio y podemos hacer apuestas de cuánto tiempo tardará en llegar ese día.
Me refiero al cantante y compositor de bella voz y deprimentes canciones que desafinó como un trolebús en su paso por los Oscars. 
Como no había aplausómetro, venció a Lady Gaga y se llevó el doradito contra todo pronóstico y con sólo veintidós años. Será por la edad y/o por pertenecer a una generación presentista, Sam dijo que debía ser el primer caballero abiertamente gay en recibir un Oscar y dedicó el premio a la comunidad LGBT, a la que adora, aseguró.
Las reacciones a su actuación y su desconocimiento de anteriores ganadores homosexuales han traído la cola suficiente en prensa y redes sociales para que Sam anunciase su retirada de Twitter ayer.
Él mismo confesó que detestó su actuación. Estaba muy nervioso y hasta ha llegado a decir que fue el peor momento de su vida, exagerando como buena trastornada.
El primero en reaccionar a su dudosa entidad de pionero fue Dustin Lance Black, el guionista de "Milk", que dijo que había muchos antes que él, incluido el lerenda.
Si no sabía quién le hablaba, que dejara de enviarle mensajes a su prometido, el saltador de trampolín Tom Daley.


Drama, querido Diario, DRAMA. 
Al parecer, Dustin bromeaba. Tom y Sam se mensajean, porque son colegas. Pero, al entender, Sam está fuera de Twitter y un poquito a la sombra en los próximos meses. Como decía un diario online, "Sam Smith está viviendo su peor mejor semana".
A ojos vista de su actuación, moviendo el micrófono de un lado a otro, al compás de su cuerpo, drásticamente adelgazado en los últimos meses, yo tuve la revelación:

- Este tío está como una cabra.


De voz sensible y exuberante, entregada a baladas de descorazón y soledad, Sam Smith odia que lo llamen la versión masculina de Adele, pero, a efectos prácticos, lo es. Ambos son británicos, obesos, románticos, solitarios, alienados y la fama se los ha curado casi todo. Excepto lo británicos, claro.
Hoy no me quedaré hablando de Sam Smith, sino del camino al sanatorio que emprendemos todos los homosexuales en esta vida. Porque Sam está loca, pero yo también, y no conozco a un solo homosexual - ni a ninguna lesbiana - que no tenga cierto trastorno mental. Llamélo niveles de fijación, manía o facilidad para el arrebato. 

- Yo no me he vuelto más loca en público porque me da vergüenza. Si no, estaría ahora mismo en la López Ibor bajo tres cinturones.

Echaba la cuenta, y decía: oh, Dios, ¿es que acaso estamos todos para internarnos?. 
Ya lo escribí en alguna ocasión, expresado de manera tímida: somos excesivos. O una cosa o la contraria. Así es Sam, así soy yo. 
Más convencido estoy de lo trastornado que está Sam en el momento que le he visto cierto parecido físico conmigo mismo, sobre todo cuando estoy distraído, serio como una tumba, ojeroso, contemplando un punto fijo. 
Completamente perturbado.


En ciertas ocasiones, he oído que alguien me llamaba loca a mis espaldas. Sucedía en épocas donde disparataba a menudo. Era más extrovertido, decía más locuras y las hacía; cuando me emborrachaba, se duplicaba el efecto.
A veces, pienso en esas épocas, todos mis veintitantos, y me digo:

- Pero qué loca estaba, Dios mío.

Ahora doy otra sensación de manicomio, porque he vuelto a ser tímido. Mi locura es más perturbación, como he dicho. Nadie me dirá loca, porque jamás disparato, pero quizá piensen que los asesinaré mientras duermo, con esa mirada de Sam Smith. 
En mi silenciosa locura, escudriño a otros gays que pasean por el gimnasio, caminan por la calle o comentan en Facebook. Cómo caminan ligeros y disparados hacia un mismo lado, cómo se obsesionan por las cosas, cómo giran la cabeza cual la O'Hara en pleno asedio de Atlanta. Proclamo:

- No habrá vasto manicomio que nos acoja.


La acepción "marica loca", se usa para designar a los homosexuales demasiado afeminados y estridentes y, cuando se hace de manera furiosa, insulta a los que se comportan con dudosas intenciones y, a veces, directamente malévolas. 

- ¡¿Qué le pasa a la loca esa?!

- ¿Pero hay maricas que estén locas de verdad? - replicó una señora de la audiencia.

En cierta ocasión, tuve la oportunidad de ver un documental maravilloso llamado "Monos para Becky", que se inmiscuía en las aristas de la enfermedad mental y, entre sus paseos, visitaba un manicomio. 
Y allí había una marica loca de verdad. 
Era escalofriante. Cómo miraba, cómo sonreía, cómo fumaba. Se diría Norma Desmond en la piel de un chico que había perdido la suerte y la cordura al mismo tiempo. Me impactó esa imagen de un homosexual loco, atrapado en un manicomio y todavía desesperado por gustar, por seducir a la misma cámara que recogía su triste estado. 


Cuando pienso en una situación en la que no querría caer, pienso en él. Porque todos tenemos esa misma cuerda que a él se le rompió de rasgarla demasiado. 

- Estoy loco, pero podría estarlo más. - dijo cualquiera.


En este tratado de la locura homosexual, que me ha quedado bastante turuleta, he de señalar lo que dije en tierras blogueras: todo el mundo está loco o lo estará, porque la vida es el mayor factor de desequilibrio mental conocido. ¿Los viejos? Como cencerros.
Y, probablemente, la cordura no exista o sea sólo ese factor más de aburrimiento e insipidez que tienen los normales, esos que también llaman locas a todas las mujeres.
Sí, la locura es la revolución, pero no subestime su tristeza. 
Sam Smith estará loco, porque lucha contra su timidez. La intenta camuflar y todos sus gestos son forzados, sobreactuados, disparatados. Estaba nervioso en el escenario y desafinó, porque habrá hecho el ridículo en muchas ocasiones parecidas, frente a los ojos escrutadores de los que querían verlo fallar.
Quizá lanzó ese mensaje a la comunidad LGBT para sentirse aceptado por ella. Muchas veces ha comentado que jamás ha tenido novio, que se siente muy solo, que echa de menos los bares, que odia las apps de ligoteo.
Del mismo modo, entienda su adelgazamiento, la decisiva estrategia para gustar.


¿De qué me suena todo eso, Diario? Sam debe ser mi primo perdido.
¿Fue acaso la soledad la que nos volvió locos? Esta sensación de precipitarse al vacío, cada día, a cada instante. La desconexión con los demás, sean heteros o gays, y la noción de que será peor cuando seamos mayores.
Estamos locos, porque, a pesar de todo, vivimos condenados. Y lo sabemos. Porque deseamos tantas cosas, con tanta fuerza, con tanta frustración, que nos desesperamos. Al ritmo de una música tenebrosa, el tiempo pasa y se cumple la temida amenaza:

- Si eres gay, deberás acostumbrarte a estar solo, no lo olvides - me aconsejaron hace mucho tiempo.


Cuente los motivos, imagínelos. Serán distintos, en cada cultura, en cada región, en cada historia personal, pero el final de nuestras historias vive precipitado hacia la oscuridad. Sentimental, social, profesional. 
Se contó la victoria de nuestro orgullo y se olvida narrar cómo sollozamos en el callejón, miramos al vacío y cerramos la puerta a los demás. Cansados, hartos, chiflados. Somos seres de tristeza y timidez cuando un día se nos achacaron las mayores alegrías y espasmos.

- La ironía me vuelve loco. - dije para no decir nada más.

Tenemos que intentarlo, mis locas de atar. Salir de entre estas sombras, quizá volver a ser amigos, luchar por nuestro final feliz de duro cristal y luz inmortal.
Al menos, una vez más.

2 comentarios:

  1. Qué bien escribes y qué bien describes lo que nos pasa y no nos pasa. Esos ojos de loca tan hermosos...

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.