jueves, 3 de marzo de 2016

Vientos


Querido Diario,

Sus líneas iluminan a nuestros lectores, sea bajo el dorado fulgor de los Oscars o la lucidez de nuestra locura. Cuando nos esforzamos, lo conseguimos. Lástima que, en ocasiones, interfiera la vida, tan agotadora, llena de tareas y horas por cumplir y satisfacer. Sí, la escritura y sus publicaciones se resienten, en mayor o menor medida.
Diremos que siempre nos quedará mañana, ese lugar donde lo conseguiremos todo.
Congratúlese por las buenas visitas de los dos últimos posts y hoy, que hay que echar ojo obligado a mi agenda cultural, encienda su mejor pipa y acomódese en su sillón de orejas, con una sonrisa en los labios, aunque sea sólo por el eterno reencuentro. 


- Los Oscars nos dieron un buen lunes de visitas - siempre lo han hecho en mis correrías blogueras -, pero, para la televisión norteamericana, los datos de audiencia decepcionaron.
Aun con la noche asegurada, la edición de este año se coloca entre las tres menos vistas de la Historia.
Añada lo inesperado: la polémica racial y el Oscar de DiCaprio se consideraban suficiente suspense para enganchar a la concurrencia y no lo han hecho de manera significativa. La oscarización interesa menos, sí, y una de esas coordenadas de declive es lo que ya apuntamos: la escasa popularidad de las películas en competición.

- El affair Sam Smith ha sido la resaca post-Oscars más noticiable, mientras la revista Variety prefería recoger en portada al director de fotografía Emmanuel Lubezki en zapatillas de deporte.
Apodado El Chivo, Lubezki ha ganado el tercer Oscar consecutivo por su trabajo en "El Renacido". Ha batido un récord y con la declarada fe del cine contemporáneo en sus luces polares y su querencia por los amaneceres, Lubezki ganará más y no parará de trabajar. 
Mi gusto personal se inclina con decisión a una paleta con más colorines, pero reverencias debidas a su labor de cámara con Terrence Malick, ocasiones por las que mereció el premio y no lo consiguió.


- Ayer Daniel Craig cumplió 48 años. Yo desconocía el dato hasta hoy, así que se impuso la casualidad: anoche veía Spectre, el último Bond que ha protagonizado hasta el momento y, según ha dicho y perjurado, también para siempre.
Disfruté desde el primer al último minuto - y considere que la película dura más de dos horas, algo que suele ser mortal para mí -, y le cuento que hasta me agarraba a los brazos de la silla en las escenas más trepidantes y terroríficas. 
Es un buen Bond, declaro, a pesar de la controversia y más bien decepción que ha suscitado. 


Sostengo que han entorpecido las expectativas marcadas por la anterior, aquella "Skyfall" que se afirmó como la más sofisticada de todas las entregas de James Bond. 
Sin tocar su excelencia, con una Bond girl un tanto ínsipida y más de una escena donde no se ve un carajo - ¡qué demonios de fotografías oscuras! -, Sam Mendes asegura instantes de estilístico relumbrón y algunas de las mejores piezas de acción que he visto nunca.

- Y, como siempre, qué títulos de crédito. La canción de Sam Smith me había dejado frío y ahora no paro de escucharla en bucle.


- Si tiene ganas de echar cuentas con el catálogo oscarizable, armése de paciencia y entregúese a La Gran Apuesta, comedia sobre la crisis financiera, que ganó el Oscar al mejor guión adaptado. Hay quien la adora, hay quien la odia. Inclúyame en el segundo grupo y hágame confesarle que fui incapaz de terminarla. Es una película que ignora lo tonta y lo mala que es.
En cualquier caso, si la ve, concordará que sería un poco mejor - y menos agresivamente heteruza - si Margot Robbie y Ryan Gosling se hubiesen intercambiado los papeles.
Pongamos una foto que refrende mi teoría.


- Ahora, una película radicalmente distinta: Valor de Ley, western que le dio un Oscar con sabor a tributo al viejo John Wayne, allá por el crepúsculo de los sesenta. 
Aunque era vieja hasta para su época, se ve con mucho agrado y con la misma emoción que también aseguró el excelente remake de los Coen. 
En una escena en concreto, di con la clave: el cine ha perdido la puntuación sentimental, ese momento donde el personaje y el espectador se identifican. 
La niña parece que no está triste por la muerte de su padre y, de repente, ve un reloj que le pertenecía, lo acuna y llora. La relación con el espectador está conseguida de inmediato.


- Debo estar en fase Ponyboy o simplemente ávido de grandes sagas. Tras terminar "Al Este del Edén", contemplé otra cubierta. Roja, roja, como la tierra de Tara.
Llegué a la verdad: he visto Lo Que el Viento se Llevó entre veinte y treinta veces a lo largo de mi vida y jamás había abierto la novela de Margaret Mitchell.


Como sólo se vive una vez, estoy entregado a su lectura. Y, señor mío, qué arrebato. Igual de devorable que la película, quizá más inteligente y menos disparatada. Gran narradora la Mitchell, gran historia la suya sobre un fracaso.
En cualquier caso, la película es fanáticamente fiel a la mayoría de sus pasajes. Selznick no escatimó, está claro, ni en medios para recrear los suntuosos ambientes ni en la caza y captura de los actores y actrices que habían nacido para incorporar a esos personajes. Clark Gable era Rhett, pero también Barbara O'Neill era Ellen o Laura Hope Crews era la Tía Pitty. 
Voy por el asedio a Atlanta, que me tiene con el vello de punta. Callo o dejo esta escritura ahora mismo y regreso a tan bella lectura. 


- Bello, bello, bello, ese es Pietro Boselli, favorito de estos andurriales, tan celebrado por muchos de nuestros seguidores. Boselli posa por segunda vez para la revista británica Attitude. Todo en su sitio. 

- Le confesaré un secreto: si me dan a elegir entre Pietro Boselli o el actor porno gay Nick Prescott, me quedaría con Nick.
Sí, no será tan perfecto, pero es mi tipo de hombre: guapo de cierta edad, rapado, barbado, pelo en el pecho, cuerpo marcado sin excesos y honroso portador de una polla estupenda. 


Es de mis favoritos, pero se prodiga poco y sólo en Titan. En todo caso, alegría que sigan saliendo nuevas escenas suyas. Decepcionó con Matthew Bosch, porque éste es demasiado feo, pero promete su encuentro con Jesse Jackman.
Lo recomiendo rendido y entregado al descomunal George Ce y vestido de policía y muy versátil con Adam Herst.


Querría estar haciendo lo que recoge y coge esta última instántanea, pero, como estoy hecha una monja soñadora de manera oficial, abro "Lo Que El Viento se Llevó". Sí, mañana será otro día. Y otra paja, también.
Cuídese, querido Diario, corren vientos y el hoy se ha terminado.

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