viernes, 1 de abril de 2016

Demolición


Querido Diario,

Olvide las agujetas de sus ejercicios prístinos, deshilache las ofensas de los que se ofenden con facilidad y apacigue el camino. Nos queda por andar, cuentan los oráculos más informados. A usted, tantas tardes con sus espartanas dietas. A mí, tantos esfuerzos con mi activación de brújulas, que prometen conducirme hacia la prosperidad y la valía. 
Olvídelo hoy. Hemos llegado al viernes. En estado de demolición, sí, tanta que dudo de una línea más, de una palabra más, de siquiera terminar este párrafo. El teclado se confunde con la bruma del sueño y del cansancio. 
Ojalá pudiera disfrutar de este viernes, más allá del milagroso hecho de que sea viernes. El sábado siempre es mucho mejor, el sábado es maravilloso, joder, debieran patentarlo y venderlo el lunes.


Sujétese a las riendas del Apocalipsis, olvide los noticiarios, encienda las sintonías y abra los libros que aún desconoce. Se acabó perder el tiempo, se acabó pensar en el tiempo mismo. Lo hemos perdido, sí, en dudas, titubeos y tardes muertas, pero ya no miro atrás, como dirían las canciones más bobas. Mentira: echo vistazo al pasado, me meo de miedo por el futuro, lo alivio con otra palabra más, con otra línea, con este párrafo que ya termina.
Vuelva la cabeza, agite la mano y sonría, timorato, exagerado, en este estado de demolición, para renacer mañana, a salvo, más locos, más decididos, más viejos, igual de gilipollas. 
Satisfechos, exigentes, insomnes, muertísimos de sueño.


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