martes, 19 de abril de 2016

Madrid (II)


Querido Diario,

Hágase a la idea. He venido a este mundo a cambiar de opinión, a contarle cualquier cosa con convicción, con firmeza, con apasionamiento, y hacer al minuto siguiente su exacto contrario. 

- Jamás volveré - escribí una vez.

- Siempre hay una duda - narré hace dos meses.

- ¿Quién dijo miedo? - anuncio hoy.


¿De qué estoy hablando? Viejo zorro, se quiere usted enterar de todo. 
Hace poco más de una semana, mi amiga Sabina Urraca me envió una oferta de trabajo.

- Pero es en Barcelona, ¿no?

- Sí, ¿no quieres irte de la isla?

- Así de sopetón no sé qué decirte.

Quedé de sopetón y muy señor mío, de verdad de la buena, porque no sabía qué contestar. Quieres o no quieres. ¿Acaso quería dejar la comodidad, el mullido confort del hogar para lanzarme de nuevo a la aventura? ¿Y además en una ciudad que no me mata demasiado como Barcelona?
Jum, la duda empezó a volverse un angosto mar en el que empezaba a sumergirme.
A los pocos días, me tropecé con una amiga del colegio por la calle. 

- Todos los lugares tienen sus cosas buenas y sus cosas malas - parloteamos los dos, que hemos recorrido mundo.

Entonces le dije que me estaba picando el culo últimamente y que quién sabe. Quién sabe. Ay, Lord Diario, danger! danger! Cuando yo digo quién sabe, estoy sembrando un campo de amapolas que, a la luz de su exquisito olor, cualquiera se va a dormir con el sueño: "Saca la maleta de debajo de la cama y limpiále el polvo, no la vas a subir así al avión".
El trabajo barcelonés no fructificó - es decir, eligieron a otra persona -, pero cierta amiga y seguidora me enviaba la semana pasada un nuevo contacto, una nueva oferta. 
En esta ocasión, un señor trabajo que, como lo consiga, le aseguro que me da un infarto. Ahí está enviada la documentación y pendiente de selección y escrutinio.
Sí, rece, rece por mí. Llene su altar de velas y enciéndalas en nombre de Joan Crawford para que un golpe de suerte me deje KO en el suelo y de vuelta a la vida.

- Pero quiero preguntarte... El trabajo sería en Madrid. ¿Estarías dispuesto a volver?

- Claro. Es mi segunda casa. Hago las maletas y me planto allí ahora mismo.

¿Quién decía eso? ¿Quién era el traidor? ¿No le había dicho yo a usted, excelentísimo Lord Diario, que aquí me quedaba? 
¿Qué se había apoderado de este corazón loco? Sí, había regresado oficialmente ese culipicor, esas ganas de movimiento, ese jaranismo trotamundos.
Pero, oh, también una profunda, sincera nostalgia.
Me imaginé aterrizando en sus calles y lo hacía delante de un sitio tan corriente y moliente como el Madrid Madriz de metro Tribunal. Qué chorrada. Será porque allí dentro pasé grandes ratos en un tiempo, será porque jamás volví después de otro tanto.


- ¡Con lo tranquilo que estaba! Y ahora este cosquilleo otra vez, esta locura. Ay, ay, ay.

Pensé y pensé durante los días, de buceo entre la duda y la certeza, con la tristeza de dejar cosas atrás, con la excitación de volver otra vez a Madrid, con la sabiduría, con la experiencia, con la obsesión de no repetir errores.

- Se acabaría una tristeza del pasado si lo intentara de nuevo. A lo bien.

Como le dije, hay muchos Madrides como las hay épocas en nuestras vidas, como hay Jositos, como hay actitudes. 
Y si ha vuelto la energía, la decisión, pies, ¿para qué os quiero?


Entiendo que aún hay precipicio, con tiburones hambrientos en el fondo. Hablo de ese desfiladero del desempleo, esa cola diabólica de la crisis. No lo subestimo, no lo he hecho nunca.
Pero también le informo que, en las últimas semanas, he recibido más ofertas de trabajo que en los pasados cinco años. ¿Algo se reactiva? ¿O ha sido culpa de mi armisticio conmigo mismo? Se acaba la procrastinación, le aseguré.
¿La cosa, visualizada al estilo "El Secreto", irrumpió? Cambie usted la actitud, le vendrá rodado. Laméntese en una esquina, en esa esquina se quedará.

- Hay cosas buenas y cosas malas en todos los lugares.

En Tenerife, está mi familia, está mi gimnasio, está el clima más maravilloso de la Tierra. Es un lugar saludable, pacífico, simpático. Como dirían de una comedia de andar por casa: "Te ríes."
Pero tiene un techo, con el que toda la vida me he dado de cabezazos. Son esas las limitaciones de los sitios pequeños. El modo de ser de la gente, las expectativas de futuro. 
La respuesta es conformarse. Y yo lo he hecho, porque soy perezoso por naturaleza, porque también soy inseguro y así he renunciado a muchas grandes ambiciones para los que otros me ven perfecto.
Pero, al final, en la tranquilidad más rotunda, ande yo conforme con lo que observo y con lo que oigo,, el vaso que agito se bambolea con cierta neurosis, como si buscara algo más de la realidad circundante, como si deseara sobrevolar por el mundo sin que nadie se entere, como un misterio que se escapa a la propia razón de la velada.

- Este cristal se rompe antes de que den las doce.


- Tú estabas bien aquí. - me dirán todos.

Sí, y también me conté muchas mentiras. Me dije que nunca volvería, porque temía que así fuera. Ahora digo no a lo rotundo. Deseo vivir entre los dos lados, sin renunciar a uno por otro. Si pudiera, los mezclaría como un buen brandy y sería inmensamente feliz. Como no puedo hacerlo, beberé un sorbo de este cuando me canse de aquel.
Sí, y hay algo que sólo existe en Madrid y tiene nombre de barrio. Eso sí es insuperable y la comparación no es odiosa, Lord Diario. Es devastadora nivel Apocalipsis.


Volveré, Diario, volveré. Haré lo posible. Ayúdeme a hacerlo. ¿Cuándo? No lo sé. He de pensarlo bien. Que no sea una locura, como las otras veces que me he lanzado al mundo. Que sea con firmeza, con dinero en el bolsillo, con un trabajo al que acudir todos los días. ¿Cuándo? Mañana, dentro de un mes, el año que viene, dentro de una década. ¿Quién sabe? 
No importa que no vuelva nunca a Madrid. Sólo que he recuperado el sueño por regresar y con esa ilusión me voy a dormir. En paz, en agitación, feliz, vuelto loco, completamente adicto al mañana.
Rece por mí, amigo mío, estoy salvado.

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