miércoles, 19 de julio de 2017

Barbudo



Querido Diario,

Hace un año que nos perdimos la pista, le diría a usted. Y también al protagonista de esta historia. 
Sentado lo esperaba hace doce meses, sin conocerlo de nada. Le hablo de mi primera cita del Grindr. 

¿Qué es el Grindr?, preguntará. Ay, señor viejo y heterosexual, si usted fuese joven y homosexual, no sólo lo sabría de buena tinta, sino que es probable que, en algún momento de sus gayers días, hubiese tenido esa aplicación en el móvil. 
Un torvo antifaz es el icono de la app favorita para encuentros entre hombres. Usted accede, crea un perfil - puede incluir foto y detalles fisicosexuales suyos o no hacerlo en absoluto -, y en una especie de damero maldito, le aparecen los usuarios conectados en ese instante, bajo regla de proximidad. 
En grandes núcleos de población, es probable que, cenando en un restaurante o caminando por un callejón, cace a más de un caballero interesado allí mismo. 
La conversación, el tono de la misma y el destino final - desde un kiki rápido hasta una gran historia de amor -, ya se verá. Entenderá que el kiki rápido es cien veces más habitual y posible, porque es la esencia del invento. Es una app para follar, entienda.


Como usted sabe, yo me resistía. A ese invento y a cualquier manera de conocer a un chico que significase tecnología de por medio. Prefería el encuentro espontáneo, bajo circunstancias, cara a cara, antes que ese "eyes wide shut" del ligoteo online, donde hay que venderse cual promotor de uno mismo y andar con los nervios de si me gustará o le gustaré a alguien que no se ha visto en persona.
Le digo la verdad: me instalé la aplicación en ocasiones. En ebrias ocasiones. No contestaba ninguno de los "holas" que llegaban en tropel. Sólo echaba un vistazo.Al día siguiente, borrarla equivalía a despertar. 
El vistazo era suficiente. Encontraba poco de interés entre los caballeros del damero. Algunos eran tremebundos, desde sus requisitos sexuales hasta sus poses. 
El Grindr es un lugar donde la banalidad y la fantasia se se hacen sinónimos, más que nunca. Todos, desde los neorrománticos a los coprófagos, buscan cosas que no existen y dan a los otros hombres el beneficio de la duda si son capaces de convertirse en sus improbables fantasías. El amo, el súper macho, el corazón indomable. Hay cierto espíritu de novelita rosa en el Grindr.


En mis vistazos ebrios siempre despertó mi atención un chico por distinto de los demás. 
Lucía una barba espesa y larga, cual patriarca bíblico, y una mirada profunda y negra, detenida, una curiosa mezcla de ingenuidad y sabiduría. Parecía a punto de tener una revelación divina. 
También era el único moderno, original, extraño. La barba era una cosa espectacular, se lo juro, y su actitud, masculina, tranquila, con un poco de vello pectoral asomando, me gustaba tanto que no me atrevía a decirle nada. Yo no le voy a gustar a ese, pensaba.
Durante una noche de instalación sugerida por el ron, el barbudo me habló en el Grindr y yo: oh, no puede ser. 
Congeniamos en el chat y supe que no habría posibilidad de borrar la aplicación a la mañana siguiente.

Ebrio o no ebrio, el trasfondo era el deseo, por supuesto. Como recuerda, difícil resultaba ligar por estos pagos y me di un viaje a Madrid para sofocar una sequía sexual horripilante. Por entonces, hacer escapadas puntuales a la capital era la solución, pero vaya estipendio para follar, señor mío.
También hace un año, empecé a estudiar oposiciones, con la ayuda de una Academia, y lo del turismo sexual era menos opción por tiempo y dinero. 
Entre aquellos apuntes de legislación, mis días rutinarios de estudio se querían colorear con una polla de vez en cuando. Norma jurídica, cipote anhelante.
Entenderá ahora que, aunque estuviese borracho, la decisión de instalar esa y otras apps de encuentros gays era pensamiento de sobriedad.


Durante las conversaciones que mantuve con el caballero barbudo, mi yo enamoradizo pegó fuerte y ambos caímos en la cuenta de que éramos tan parecidos que podian llamarnos gemelos. Opositores, la misma edad, la similar vida incierta. 
Él enviaba y enviaba fotos de sí mismo, con todas las poses, con todas las longitudes de barba. Serio, con la mirada fija. Sabía venderse. Hago una pose, luego existo.
Nuestro acercamiento whatsappero marchaba y llegaron los inuendos sentimentales. Queriamos algo más, si. Lo tendríamos, confiaba.


El día de la cita. Salí de la Academia a eso de las seis de la tarde y me senté en un banco a esperarlo. 
Pleno julio. Habría una mosca cerca. Este se retrasa, no concreta cuánto va a tardar y no es la primera vez que me deja "Visto" en el Whatsapp. 
"Estoy llegando", escribió y apareció media hora más tarde.
Agradecí que no estuviera tan bueno en persona, porque estaba sufriendo de amor y deseo por él antes de conocerlo. 
Es un tío normal, pensé. La barba no era tan larga y es extremadamente delgado, como mal alimentado, poco sano. El efecto de las fotos se debia a tomarlas muy de cerca, para que todo en él pareciera más de lo que era. Hago una pose, luego existo.
Tomamos un café y aquello fue discretamente ameno, soterradamente decepcionante. 
Me aseguró que yo estaba más bueno en persona. También que debiamos quedar para estudiar. "Yo no me organizo con la oposición.  Me han recomendado esa Academia tuya, pero no he ido ni a preguntar. Por pereza".
Era de mirada huidiza, más bien debilucho de ánimo. Contaba que había sido un universitario empollón y lo rememoraba como una fase que superó agradecidamente. Ahora era una bomba sexual del Grindr, qué más se puede pedir en esta vida.
Me pareció habitual que no captara mis ironías, porque pocos lo hacen, pero fastidioso que su cháchara viviese de soporíferos lugares comunes. Cosas como "la gran ciudad está llena de ofertas de ocio, nada comparable con lo que hay aquí". 
Lo que prometía aquella mirada firme y bella ahora sólo rehuía la mía, quizá por timidez, tal vez por ladinez.  
Como no acostumbro a conocer caballeros que tengan interés y sí habitúo a lidiar con cafres, relativicé la decepción. Dista de ser lo que esperaba, pensé, pero a Dios, gracias. Yo, el gran inseguro, siempre he preferido tener el poder. Es decir, ser el más guapo.
Le di un beso en la barba al despedirnos, mientras decidíamos volver a vernos. 
Regresé a casa feliz, porque conseguía lo insólito: quedar con un chico que había conocido online. Además, acontecimiento histórico: era la primera cita que tenía con un hombre al que no me había trajinado antes y también mi primera cita con un hombre que no culminaba a calzón volado. De sitcom norteamericana fue aquella tarde.
Al día siguiente, escribí al barbudo y le dije que si quería venirse a la biblioteca, con intención de vernos y darnos unos morreos en el baño.  Barba con barba, en silencio, mientras la gente estudiaba fuera, con el pestillo echado, respirando uno sobre el otro, abriendo los ojos un segundo en medio del trabajo de lenguas. Así lo imaginaba.
El caballerete me dejó en "Visto" y, a las dos horas, contestó que no le daba tiempo. Callé. Emplacé tácitamente a su voluntad la iniciativa para vernos. Nada, silencio. Horas, días.
Decepción inevitable, inmediato "bah, que le den". Seguí buscando, como decían los chicles. La desinstalación ya no era opción. 


Semanas después, yo era una bomba sexual del Grindr. Posaba, luego existía. Comprendía el entresijo del invento. 
Y, entre todos los agregados, los posibles, los conocidos y los próximos, el caballero barbudo reapareció, con un simple hola, cuando no lo esperaba. 
Entendía entonces que él, pese a su sentimental cobertura, buscaba sexo desde el principio y durante todo el recorrido,
A esas alturas, me daba un poco igual y me apuntaba a la jarana. Sí, el Grindr se vuelve un vicio enseguida.
Le insisti al barbudo para quedar esa tarde y echar un polvo. Parecía convencido, pero, de nuevo, la misma jugada. Dejar en "Visto" y, a las dos horas, mira, no puedo.
Supuse que era nuestra falta de casa propia lo que lo disuadía siempre. En cualquier caso, sé que yo  era uno más en su damero maldito. Él echaba los holas, las citas, los corazones y las fotos sin camisa. Quien le viniera mejor, ahí se amarraba. 
Tiempo después y atando cabos, comprendí que aquella tarde en que nos vimos, la misma en la que llegó tarde y sin explicación, venía de follar con otro.
Era un aspecto que me disgustaba de la res grindresca: la poca excepcionalidad de los encuentros. Era un casting continuo, una entrevista de trabajo que, si pasabas con éxito, garantizaba únicamente una velada sexual. No había ni un mínimo sentido de la maravilla en encontrarse o, en todo caso, se simulaba. En cualquier conversación, se ejercía la máxima del ligoteo: dorar la píldora para llevar al catre.
Él mentía, aunque de manera esquiva y contradictoria. 

- No sabe lo que quiere - diría alguna lista.

Quizá buscar algo serio con otro chico fue su originaria intención, de cuando era un empollón universitario, débil, afeminado, temeroso de los hombres. Ahora su barba era su conquista: esa velluda prepotencia de su nuevo y superficial yo. 
Orgullo el mío. Lo bloqueé cordialmente del Whatsapp y nunca volví a hablarle. 
A veces tropezaba con su perfil mientras navegaba por la aplicación y veia cómo sus fotos progresaban en nudismo y postureo. En el  "¿Qué buscas?", él escribía, fulminante: "Algo inmediato".
Quedó como mi primer (y casto) encuentro en el largo y cálido verano de 2016. 
Le contaré más anécdotas y no se preocupe, mi morboso Lord, en las demás, habrá conocimiento carnal verdadero.
Esta historia sucedió hace un año exacto, cuando empecé a estudiar oposiciones con la ayuda de una Academia. Aún sigo en la lucha, mi Lord. 


Dos semanas atrás, acudía a la secretaría a abonar mi matrícula con religiosidad.
Detecté una barba en el umbral de la Academia. Oh, viejos patriarcas, qué ven mis ojos. Si, ahí estaba el escuálido e huidizo caballero, mi primera cita en el Grindr, doce meses después. También era opositor, recuerde. Por fin se decidió a ir a preguntar.
Ahora somos compañeros de clase. ¿Cómo se le queda el monóculo? Josito Montez, ¡La Serie! 
Me he hecho el longuis, claro. 

- No, no lo conozco - diría y no mentiría, si aparece mañana asesinado en las escaleras por algún amante embaucado.

En clase atiende al profesor con la mirada fija, como si posara para en una de las fotos que se hace para Grindr. 
Él seguirá activo en la app; yo he vuelto al principio. La instalo cuando estoy borracho, la desinstalo al dia siguiente.
Ha llovido mucho - y muchos - desde que lo conocí y, deshecho cualquier vano encanto, le juro que no me gusta nada de nada. El pobre necesita un almuerzo y es más bien feo.
Pero será porque el mequetrefe me dejó en "Visto" tantas veces, confieso que me sorprendo en clase deseando una reacción suya que me sirva de respuesta definitiva. 
Ya se sabe: esa última línea para una historia que nunca empezó.

viernes, 14 de julio de 2017

Regreso


Querido Diario,

A excepción del obligado comicio maromial del último enero, usted y yo detuvimos esta relación intimísima hará un año y dos meses, el período más largo que he pasado sin bloguear desde que empecé esta marcha por la escritura internaútica hace una década. 
Otros de mis descansos duraron unos meses, unas semanas. En esta ocasión, la marcha fue sin aviso y ante las circunstancias. Bluff, me esfumé. 
Diría que lo echaba de menos y no mentiría, pero añadiría que fui capaz de vivir sin usted. 
¿Qué ha sucedido durante este año y medio? Ay, Lord Diario, pensaba resumírselo en este retorno, pero me he dicho: "aquí hay material suficiente para unos cuantos posts llenos de jugosos detalles y emocionantes conclusiones sobre las experiencias vividas y alguna que otra decepción sufrida".
Le diré otra verdad: necesitaba este regreso y usted lo entenderá a medida que se lo cuente.



Regresa el diario íntimo, con todas sus escandalosas confesiones, sus gruesos secretos, sus maromos de abultados músculos y sus fotografías y gifs no aptos para noños y cardíacos. Vuelven las pollas, sí, pero también los intereses de la actualidad, las más granadas series de televisión y todos los últimos gritos. 
Este es un blog para decir las cosas tal y como nos pide el perineo y para analizar la realidad, con una voluntad entre la sinceridad y aquello que deseamos en este instante.


"El Diario Íntimo de Josito Montez" regresa - y, como le comentaré más adelante, en compañía -, pero aviso y no soy traidor: la publicación diaria es cosa del pasado, porque, oh, por fin, tengo muchas otras cuestiones que atender. 
Escribiré con regularidad, afinaré bien y, cuando crea que algo merece ser publicado, aquí estaré. Espero cumplir con un post a la semana, como mínimo.
Durante estos días, quizá me prodigue más, porque hay mucha tela que cortar y estoy ansioso por bordársela.


Qué placer escribirle. Le diré que, durante este tiempo de ausencia, he vivido antes que escrito, pero le mentiría. Nunca he dejado de contar mi vida, de ilustrar maromos y de decir lo que pensaba pero, como usted no tiene Facebook, se lo ha perdido. 
No se preocupe. Tengo cuerda para satisfacer su curiosidad y le proporcionaré detalles jamás contados sobre mis experiencias. 
Espero que su amada Lady Diario se sujete el collar de perlas al grito de "¿Cómo puede escribir ESO?".


"El Diario Íntimo de Josito Montez" siempre ha sido un blog para soliviantar al personal y, como escritor, confieso que no es lo único que me gusta experimentar ni propiciar. 
Cambiar de registro repentinamente en un mismo espacio es una equivocación, así que he decidido consagrar una Santísima Trinidad en este retorno a la blogosfera.
Si no tenía tiempo para escribir un blog, voy y abro tres.


Permítame presentarle a sus compañeros de viaje a partir de ahora, Lord Diario. 
Escalera Hacia El Cine es un blog cien por cien cinéfilo, donde abordaré el séptimo arte con serias, aunque siempre personales, intenciones. 
La Radio Inmortal será lugar para narraciones e historias, entre la realidad y la ficción, con la energía de llegar más lejos como escritor.
Si quiere detalles, visítelos, porque ya están en activo.


Encontraré el momento para mimar esta tríada entre la vorágine de los días, sea ésta mi promesa. 
Pensaba hace semanas que renuncio a unas cosas para emplearme a fondo en otras, cuando sólo necesito una mejor y más efectiva organización de mis jornadas. Es decir, estar menos tiempo en el Facebook.
Sí, pude vivir sin usted y estas letras, pero ahora que termino este primer post de regreso, me pregunto cómo fue posible.
Nos frecuentamos, querido, querido, queridísimo Diario.